Yakarta, patria chica de Obama

Yakarta, patria chica de Obama

Publicado por el Jul24, 2018

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No es fácil enamorarse de Yakarta a primera vista. Se trata de una de las mayores megápolis de Asia, húmeda, sofocante y plana como un campo de fútbol. Y por si fuera poco, sufre un tráfico infernal. Pero, una vez pasado el primer susto, pocos son los expatriados que viven allí y no se muestran encantados de hacerlo. Hablan de sus gentes amables, educadas y acogedoras. Aseguran que el tráfico mejora muchísimo si se viaja en autobús, ya que hay un magnífico trazado de carril bus, los autobuses son modernos y confortables y nunca llevan pasajeros sin asiento.

Desde el punto de vista turístico, casi todos los monumentos históricos se encuentra en Kota, la antigua Batavia, la ciudadela amurallada que levantaron los holandeses junto al puerto para proteger sus negocios. Dentro de sus muros, los prósperos mercaderes neerlandeses construyeron casas altas y canales apestosos que les recordaban a su añorada Ámsterdam. Hoy día, Kota conserva todo el aspecto de una ciudad colonial, con su antiguo Ayuntamiento reconvertido en un decepcionante Museo de Historia de Yakarta. En el agradable patio interior se exhibe, sin embargo, un cañón de bronce tomado a los portugueses en Malaca. Lo más singular es que éste se estrecha en el extremo hasta formar un puño cerrado con el pulgar sobresaliendo entre el índice y el corazón, lo que en Indonesia es considerado un símbolo sexual. Las mujeres sin hijos acostumbran a sentarse a horcajadas sobre él con la esperanza de concebir pronto (¡). La plaza de Taman Fatahillah (Ayuntamiento) y sus callejas peatonales circundantes es un lugar muy concurrido, siempre lleno de turistas, músicos y locales ociosos.

En las calles peatonales de la vieja Batavia cualquier escena es posible/ Foto: F. López-Seivane

Yakarta creció extendiéndose hacia el sur extramuros de Batavia y hoy está dividida en grandes barrios, que son pequeñas ciudades. Inmediatamente al sur de Kota se halla la llamada Plaza Merdeka, en realidad un inmenso y cuidado parque, en el que se alza al cielo el altísimo obelisco construido por Sukarno y rematado por una punta de oro. Se le conoce como Monas y es la referencia inexcusable de la ciudad y el punto desde el que se miden todas las distancias y, si me apuran, todas las cosas. Se puede subir en ascensor hasta su mirador en lo alto y comprobar, con permiso de la bruma, que Yakarta es una ciudad plana e inacabable, pero, sobre todo los festivos, hay que guardar cola un buen rato antes de acceder al interior. Desde aquí arranca la más atractiva arteria de la ciudad, Jl Jamrin, jalonada de soberbios edificios que compiten entre si en audacia y modernidad. Es una avenida espléndida y cuidada en la que pueden encontrarse algunos de los mejores hoteles, grandes centros comerciales y, desde luego, todas las tiendas de las grandes marcas internacionales.

El Monas es el centro de la ciudad. En Yakarta todo se mide desde este monolito/ Foto: F. López-Seivane

El futurismo de la moderna Yakarta no tiene otros límites que la imaginación/ Foto: F. López-Seivane

La moderna Yakarta puede compararse perfectamente con una jungla de cristal/ Foto: F. López-Seivane

El resto de la ciudad se extiende en barrios (o ciudades, como prefieran). Muy cerca de Merdeka, y, por tanto, del centro de la ciudad, se halla Jl Jaksa, el barrio de los mochileros, salpicado de hoteles baratos, tiendas, cafés Internet, etc. y muy próximo a la Estación Central del ferrocarril. Ahí es donde convergen la mayoría de los viajeros independientes con bajo presupuesto que visitan la ciudad. Sin embargo, los numeroso expatriados europeos que trabajan en los grandes hoteles o en empresas multinacionales suelen vivir más al sur, en Kemang, el único barrio que parece una pequeña ciudad. Apenas hay hoteles aquí, pero, en cambio, el barrio está lleno de tiendas y restaurantes a pie de calle. En sus tranquilas callejuelas hay muchos chalecitos con jardín y por todas partes se ven europeos rubios. Quien quiera divertirse en Yakarta no tendrá más remedio que dejarse caer por Kemang y mezclarse con la gente que disfruta del ocio en los distintos centros comerciales. Uno de los más populares es el Blok M, que aglutina restaurantes, cines, discotecas y todo tipo de actividades de ocio. Siempre está abarrotado de gente deseosa de conocer a otra gente.

El Centro Comercial Block M es el lugar favorito de los extranjeros para divertirse. Allí hay de todo, otro mundo dentro de esa matroska de mundos que es Yakarta/ Foto: F. López-Seivane

Uno de los barrios más exclusivos de la ciudad es Menteng, donde el joven Obama fue a vivir en 1967, cuando su madre se casó en segundas nupcias con un rico indonesio, a quien había conocido en Hawai. Desde que Obama fue elegido presidente de los Estados Unidos, una de los lugares más visitados de Yakarta es la escuela estatal SDN Menteng, donde aprendió a hablar la lengua del país. Hoy día, sigue en funcionamiento. En la fachada destaca una placa conmemorativa de su ex alumno más ilustre. Los profesores dicen que se trataba de un chico muy popular al que sus compañeros llamaban ‘Barry’ y que, al parecer, ya mostraba entonces sus intenciones de convertirse algún día en presidente de su país. Sin proponérselo, Obama ha hecho más por el turismo en Yakarta que todas las campañas de publicidad juntas. Y bien que se lo agradecen los simpáticos indonesios.

Para los españoles, quizá no haya mejor sitio para alojarse en Yakarta que el Gran Melia, situado en el Triángulo Dorado de la ciudad en un soberbio edificio futurista que impresiona a primera vista. Tiene tres de los mejores restaurantes del país y, lo mejor de todo, precios más que asequibles a pesar de ser un hotel de superlujo.

En Yakarta hay grandes hoteles, pero el Gran Meliá le hace a uno sentirse como en casa. Miren que hall tan espectacular le recibirá al llegar/ Foto: F. López-Seivane

Un lugar muy recomendable para comer en plena plaza del Ayuntamiento (Taman Fatahilla), en Kota, y con todo el sabor colonial es el afamado Café Batavia, especializado en comida china.

El Café Batavia tiene mucho encanto y se como bien. perfecto para un alto en el camino/ Foto: F. López-Seivane

La primera visita en Yakarta suele ser Kota, la antigua Batavia, donde se agrupan los monumentos coloniales de la época holandesa. Una buena idea es alquilar una de las coloridas bicicletas que siempre están a disposición de los turistas en la Plaza del Ayuntamiento y recorrer sus calles, particularmente las peatonales, y acercarse al viejo puerto, Sunda Kelapa, donde atracan los pinisi, las goletas de tres palos conocidas como schooner por los holandeses y que aún se encargan del tráfico de mercancías entre las islas. Nada de grúas ni contenedores, las mercancías de los schooner se cargan y descargan a hombros de estibadores que acceden al barco a través de tablones de madera. Es una estampa del pasado que parece irreal en nuestros tiempos, pero sigue siendo un medio de transporte muy utilizado en Indonesia.

Los antiguos schooner de los holandeses aún transportan mercancías entre las islas y se estiban llevando la carga sobre los hombros, una imagen de otra época/ Foto: F. López-Seivane

A poniente de Merdeka se halla el Museo Nacional, el único que vale la pena visitar en Yakarta, y no ha dejado de expandirse desde su inauguración en 1862. Tiene de todo, fantásticas colecciones, una sección dedicada al origen de la humanidad en Flores, increíbles imágenes en piedra, marionetas de altísimo valor, tesoros de oro procedentes de Java, etc. Vale la pena dedicarle una mañana completa.

Aquí me tienen, posando con una clase completa de niños y niñas que, con sus velamen, visitaban el Museo Nacional.

Digno de mención también es el monumento que se levanta entre espléndidas fuentes en la plaza Airmanchur. Representa a Krishna y Arjuna en una cuadriga tirada por briosos corceles. Se trata de una alegoría del cambio generacional en Indonesia. Aunque, en apariencia, resulta un contradiós plantar un monumento de inspiración hindú en un país musulmán, fue erigido por Suharto (Nueva Generación) al suceder a Sukarno (Vieja Generación). En verdad, me apetecería escribir algo más sobre este peculiar monumento y aquella singular transición política, pero creo que ya me he alargado demasiado, así que aquí lo dejo por hoy.

El impresionante monumento que adorna una de las principales plazas de Yakarta/ Foto: F. López-Seivane

Para dimes y diretes: seivane@seivane.net

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Mi vida siempre ha sido un viaje. Al principio, geográfico; después, antropológico; finalmente, interior, a la búsqueda de las esencias.Más sobre «Crónicas de un nómada»

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