Bañeres de Mariola, un pueblo de leyenda

Bañeres de Mariola, un pueblo de leyenda

Publicado por el Jun29, 2018

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Quizá a muchos no les suene de nada este singular pueblo de Alicante, arriscado alrededor de un imponente castillo en la sierra de Mariola. Tiene siete mil habitantes y siete mil son también los vehículos registrados en la localidad, una dato nada baladí, hagan cuentas. Pudo haber crecido allá abajo en el llano, en la magnífica vega de Benejama, regada por el río Vinalopó y flanqueada por las boscosas serranías de Mariola y la Solana. Pero por ahí pasaba, protegido por distintos castillos, el frecuentado camino que llevaba de Toledo a Denia y era, por tanto, escenario de frecuentes escaramuzas y correrías entre moros y cristianos. Por eso sus primeros moradores optaron por levantar sus casas en lo alto del otero, junto a las murallas del castillo, buscando su abrigo y protección. En aquellos pugnaces tiempos era una locura asentarse a campo abierto. Sin embargo, el principal modus vivendi de Bañeres fue siempre la molienda. Las aguas del Vinalopó movieron durante siglos hasta catorce molinos de todo tipo: de aceite, de trigo, de papel… Y de papel, de plásticos y de tejidos vive ahora esta próspera población, que tiene sus vegas pobladas de modernas factorías. Sin olvidar los famosos esparteros, que aún siguen manufacturando artesanalmente, sentados a la umbría de los pinos, todo tipo de bolsos, sombreros y otros complementos de esparto.

Grupos de personas de toda edad y condición pasan las tardes entrelazando mimbres a la umbría de los pinos/ Foto: F. López-Seivane

El río Vinalopó, el más largo de Alicate, corre por la vega moviendo molinos.

La serranía de Mariola es un bello paraje a caballo entre las provincias de Valencia y Alicante, un hontanar donde nacen fuentes sin cuento y un vergel perfumado por más de mil especies distintas de hierbas y flores, una auténtica meca para botánicos de todo lugar. Allí se encuentra el bosque de tejos más meridional de Europa, y también crecen arces y fresnos, aunque lo que predominan son los pinos mediterráneos.

Sepan ustedes que en la noble, fiel, leal y real villa de Bañeres -título otorgado por el Rey Felipe V, según me cuenta Carlos Cortés, cronista oficioso del lugar-,  puerta de entrada al delicioso Parque Natural de la Sierra de Mariola, sólo se puede subir o bajar. La parte más antigua del pueblo, una piña de casas bajas, es la más próxima a las puertas del castillo. Las calles horizontales han ido formando anillos alrededor del cerro, mientras las  verticales, constituyen pendientes tan dramáticas que en ocasiones hay que salvar con escalinatas interminables. Los últimos en llegar hubieron de construir, ladeara abajo, en lugares alejados del castillo y, por tanto, más expuestos a los ataques moriscos. Hoy, sin embargo, apenas se ven casas antiguas y aún éstas, aparecen tan rehabilitadas que cualquiera las tendría por nuevas, otro signo de prosperidad. El Bañeres actual es una suma de edificios de ladrillo de varias plantas, como los que abundan en los suburbios de cualquier ciudad. La gente no vive en casas, sino en pisos. Visto desde sus entrañas, no puede decirse que sea un pueblo especialmente bello, pero desde la torre del castillo la vista es magnífica, sublime, con la feraz vega que se extiende en derredor exhibiendo la geometría caprichosa de sus verdes y las boscosas sierras jalonándola en el horizonte con un abrazo protector. Si, Bañeres puede que no sea más que una piña de casas encastradas alrededor del castillo, pero ¡qué estampa, señores!. Echando la vista atrás, se puede imaginar a un pueblo agradecido bajo el manto protector de Jaime el Conquistador, quien tomó el castillo a los moros en el siglo XIII a golpe de cimitarra, haciendo de la comarca tierra de cristianos para siempre. Tampoco costaría evocar las hogueras de aviso encendidas en lo alto de la torre por los guardias del castillo al divisar desde la atalaya alguna partida de sarracenos acercándose a la población, el frenético redoblar de las campanas y el revuelo de las buenas gentes recogiendo enseres y víveres a toda prisa para correr a refugiarse con sus hijos intramuros de la fortaleza, que resistió, estoy seguro, numerosos ataques y asedios. La historia siempre nos persigue, nos marca, nos enseña y nos explica, entre otras cosas, que nada une más que un enemigo común.

Los tramos d e escalera no soon infrecuentes en las empinadas calles de Bañeres/ Foto: F. López-Seivane

El reconstruido castillo está rematado por una espectacular torre que domina todo el horizonte/ Foto: F. López-Seivane

Desde lo alto del castillo, hasta la iglesia parece pequeña/ Foto: F. López-Seivane

Lo que encanta de Bañeres, amén de sus alrededores, es el espíritu vivo, empapado de historia y tradición, que convierte a sus habitantes en entusiastas transmisores de un pasado no tan lejano, pero muy vivo en el ánimo de las nuevas generaciones. Baste decir que los bañerenses viven agrupados en diez comparsas, cinco de moros y cinco de cristianos, que compiten para recrear cada año sus tradicionales fiestas, una orgía de color y alegría, entre el ruido de la pólvora y la exhibición de los viejos ropajes y arcabuces.

Una de las casa que las Comparsas utiliza como centro de reunión y preparación de sus fiestas. Cada comparsa tiene su sede/ Foto: F. López-Seivane

En el año 1981 se cumplía el segundo centenario de la llegada de una reliquia de San Jorge al pueblo, así que los vecinos decidieron celebrarlo recreando la leyenda de San Jorge en una versión libre, con participación de todo el pueblo… y un enorme dragón, naturalmente, al que San Jorge tendría que alancear para salvar a la princesa. La idea volvió a tomar cuerpo de nuevo en 1999 con ocasión de otra efemérides local y, desde entonces, se representa cada tres años con un éxito creciente. Llenos de creatividad y aupados por el éxito de cada edición, los vecinos, agrupados en la Asociación Leyenda de San Jorge, se han atrevido con montajes extraordinarios, que ya desbordan los límites de la comarca y anuncian para este año una superproducción sin precedentes, una colosal representación al aire libre con más de 350 actores y unos escenarios y recursos a la altura de la propia leyenda, según me cuenta Begoña Cortés, responsable de Comunicación del evento. Al propio alcalde y a una concejala les ha correspondido ser los protas este año. A ver quien los tose. Habría que hacer una larga lista con los nombres de quienes llevan la manija y asumen mayor responsabilidad en el evento, pero quizá sea mejor no destacar a nadie para no crear agravios comparativos, aunque hay que alabar sin reservas la magnífica labor que llevan a cabo y que he visto muy de cerca estos días.

Un momento de un ensayo coral, presidido por Juanjo, el director y Leo, su mano derecha/ Foto: F. López-Seivane

Un imagen de la última representación, hace tres años. En esta ocasión piensan superarla con creces en espectacularidad.

El dragón no podía faltar. Es el malo de la obra y al final se llevará su merecido.

Supongo que los entusiastas vecinos de Bañeres saben ya que la mítica lucha de San Jorge contra el dragón, que aquí ha prendido con tanta fuerza, es una leyenda universal, el clásico mito del dragón que custodiaba las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, y cuyo robo constituyó uno de los doce trabajos de Hércules. Si lo recuerda algún ilustrado, el vellocino de oro robado por los argonautas también estaba custodiado por un terrible dragón, que no dormía jamás. Jasón logró adormecerle con el auxilio de los hechizos de su amiga, la poderosa maga Medea, y matarle durante el sueño.

Un servidor y el director de la obra ante la cabeza desmochada del dragón.

Las historias de dragones y serpientes constituyen mitos fabulosos en prácticamente todas las culturas de la tierra. Guardianes de tesoros y depositarios de una extraordinaria sabiduría, tienen la misión de probar el valor del futuro héroe, que sólo alcanzará tal condición tras haberse enfrentado y vencido al mosntruo. Así se refleja tanto en los relatos bíblicos, como en las mitologías de Babilonia y Egipto, de la antigüedad grecorromana, de los países escandinavos, celtas y germánicos, y también en el extremo Oriente, en China y en Japón.

Curiosamente, en las mitologías europeas la figura del dragón  se asocia a la encarnación del mal (la palabra griega drakos designa tanto al dragón como al demonio). En Oriente, en cambio, los dragones son considerados animales sagrados, dioses benefactores que rigen la lluvia y los vientos, cuidando de las cosechas. Sus genes están en el origen de las grandes dinastías imperiales, cuya divinidad se fundamentaba en la sangre de dragón que corría por sus venas. Y entre los arios, que habitaban las orillas del río Indo, los dragones eran los productores del soma, la bebida de la inmortalidad que tomaban los sacerdotes del fuego prezoroastrianos en sus ceremonias.

Fue a raíz de la implantación del cristianismo, cuando se empezó a ver en él la encarnación del Mal -una de las representaciones más comunes del Diablo es, precisamente, la de la serpiente-, convirtiéndolo en una criatura abominable. Así fue como empezaron a surgir leyendas como la de San Jorge venciendo al dragón, en las que, en vez de un héroe mítico, era un santo aguerrido quien acaba con la vida del monstruo, un marketing eficaz para consolidar cualquier relato.

Pero lo importante es que en Bañeres hay todo un pueblo volcado en un empeño común, algo realmente muy hermoso. No se pierdan la próxima representación los días 13 y 14 de julio, o tendrán que esperar tres años para encontrar una nueva oportunidad de verlo. Si deciden dejarse caer por allí, aprovechen las horas del día para recorrer sus bosques y alrededores. Les recomiendo alojarse en MasQi, una antigua masía en plena Reserva Natural, rodeada de bosques y embriagada por la fragancia del tomillo, el romero, la jara… Es un jardín del Edén, atendido por bellas vestales, o eso me pareció, ya que su staff está compuesto exclusivamente por mujeres, y hasta los escasos clientes eran también del género femenino, como la propia dueña. Al principio pensé que eran los efluvios alucinógenos de la excelente cerveza artesanal que me sirvieron en el jardín, pero no, todo es tal como les cuento. Situado en un entorno encantador, donde no falta una piscina, un hermoso jardín, una sala de masajes y hasta un domo geodésico para practicar yoga. La comida es saludable y deliciosa, con marcado acento macrobiótico, y aunque te sirvan una simple rebanada de pan, te cuentan toda su genealogía. No es barato, desde luego, pero es lo mejor con diferencia que hay en muchos kilómetros a la redonda. Si es usted más de arroces y comida tradicional, entonces les aconsejo probar el estupendo Restaurante Pirámide

Esta imagen es lo que veía al amanecer desde mi ventana en MasQi/ Foto: F. López-Seivane

Begonia Cortés y Santiago Colomo, mis ángeles de la guarda, en los jardines de MasQi/ Foto: F. López-Seivane

Para dimes y diretes: seivane@seivane.net

Mis imágenes han sido tomadas con una cámara Fujifilm serie X T10

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Crónicas de un nómada © DIARIO ABC, S.L. 2018

Mi vida siempre ha sido un viaje. Al principio, geográfico; después, antropológico; finalmente, interior, a la búsqueda de las esencias.Más sobre «Crónicas de un nómada»

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