Sotres, en el corazón de los Picos de Europa

Sotres, en el corazón de los Picos de Europa

Publicado por el Jan8, 2018

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Sotres, uno de los pueblos más altos de Asturias y base ideal para llegar al Naranjo, se encuentra en la orilla septentrional del modesto Duje, que corre por sus vegas bajas. Es un pueblo de cuidadas casas de piedra y flores que se insinúan difuminadas entre la densa niebla -la reina de Sotres- que lo cubre con frecuencia. Esa especie de humo quieto que se pega a los altos vallejos del macizo enturbiando la vista parece tener la facultad de detener el tiempo y adormecer el ánimo. En Sotres las vacas se desplazan con una majestuosidad indescriptible y los paisanos avanzan cansinos de un bar a otro como si no tuvieran interés alguno en llegar. En uno de ellos, Casa Cipriano, conocí a Tomás Fernández López, un sexagenario que es desde hace décadas el Guarda Titular del Refugio Urriellu, toda una institución entre los montañeros. Antes fue concejal y alcalde socialista de Cabrales y tiene muy a gala haber llevado al corazón de los Picos los irrenunciables valores ecológicos de reciclaje y sostenibilidad.

– “Todos los día bajan dos mulas a Pandébano con la basura generada en el Refugio y regresan con alimentos y bebidas frescas”, me dice, entre sorbo y sorbo de vino, con un destello de orgullo en los ojos.

Tomas Fernández sentado en la terraza de Casa Cipriano en Sotres/ Foto: F. López-Seivane

El paisaje aparece frecuentemente velado por la niebla, la ‘reina de Sotres’/ Foto: F. López-Seivane

El antiguo pueblo ganadero es ahora un lugar turístico, cuidado y florido/ Foto: F. López-Seivane

Conocido por sus famosos quesos de Cabrales, Sotres irradia paz y tranquilidad/ Foto: F. López-Seivane

Tomás, que no tiene carnet de conducir (“¿Para qué, si no salgo de aquí?”) y ha subido unas cuantas veces al Naranjo, atesora un sinfín de anécdotas que va desgranando sin apresuramiento. Es curioso cómo un hombre que vive en lo más indómito de los Picos, totalmente aislado del mundo, ha podido hacer tantos amigos y acumular tantas vivencias, pero me asegura que las largas veladas en el refugio con visitantes de todos los pelajes dan para mucho.

– “Por aquí ha pasado gente increíble, desde destacados congresistas norteamericanos que, por cierto, me invitaron a la toma de posesión de Obama, hasta el presidente del Banco de América o el de la Banca Rothschild, pasando por el Embajador de los Estados Unidos o grandes empresarios españoles, cuyos nombres mejor me guardo. A la cima del Urriellu suben ahora más de seiscientos escaladores por temporada, así que no nos falta compañía allá arriba. Hace unos años llegaban muchos menos”.

Tomás, abrigado y protegido por gafas de sol, frente al poderoso Naranjo de Bulnes.

El Urriello, envuelto a menudo en el misterio de la niebla, es un desafío para los escaladores de todo el mundo.

Me pregunto para mis adentros qué hace la gente metida en un refugio en medio de esos picachos y con un clima tan desapacible. Tomas parece oír mi pensamiento y enseguida continúa:

– “Si el tiempo no está muy malo, la gente sale a hacer rutas durante el día. No es infrecuente que el Picu esté envuelto en la niebla, pero en ocasiones se despeja en un pispás y todos salen de estampida del refugio a contemplar uno de los espectáculos más bellos del mundo: el tono anaranjado que le sacan a la pared occidental los últimos rayos del sol. De ahí viene el nombre de Naranjo de Bulnes, con el que se le conoce universalmente. Aunque, a decir verdad, gran parte de su fama se debe a los terribles accidentes que se han producido escalando su temida pared Oeste. Sobre todo, la muerte de los vigueses Berrio y Ortiz, que se despeñaron en 1969, y la tragedia de Lastra y Arrabal al año siguiente, cuyo dramático rescate en pleno invierno fue emitido en directo por televisión. Al final, Arrabal moriría de neumonía en un hospital de Oviedo y Lastra saldría indemne, tras intervenir escaladores voluntarios, como Pérez de Tudela, y helicópteros de rescate. A partir de entonces, la Guardia Civil formó su famoso grupo de rescate de montaña, cuya preparación y medios están hoy a la altura de los mejores del mundo”.

La charla con Tomás fluye mansamente entre tragos de vino y diversos picoteos que van apareciendo sobre la mesa sin que nadie los pida. Me confía que está casado con una brasileña que vive en Sotres y baja a verla cada dos semanas. El resto del tiempo lo pasa en el refugio, donde hay cuatro habitaciones con veinticuatro literas cada una. Le voy preguntando cosas que se me ocurren y a todas contesta hilvanadamente:

– “Dormir cuesta diez euros, el desayuno, solo cinco, y cada comida, quince. Yo tengo para mi un buen espacio en lo que era el antiguo refugio. Aunque no lo crea, hay mucho trabajo que hacer allá arriba. El camino desde Sotres son unas horas a pie, pero ya estoy acostumbrado. Para las provisiones solemos alquilar un helicóptero una o dos veces al año, así que siempre tenemos legumbres, harina, latas, bebidas y muchas cosas imperecederas”.

Un para de veces al año un helicóptero transporta víveres no perecederos al refugio Urriellu.

La mayoría de las imágenes que acompaña este reportaje están tomadas con una cámara Fuji X-T10

Para dimes y diretes: seivane@seivane.net

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Mi vida siempre ha sido un viaje. Al principio, geográfico; después, antropológico; finalmente, interior, a la búsqueda de las esencias.Más sobre «Crónicas de un nómada»

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