Los increíbles paisajes lunares de Atacama

Los increíbles paisajes lunares de Atacama

Publicado por el Sep14, 2017

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Mi admirado vecino de blog, Fernando Pastrano, dio cuenta la semana pasada de ese impredecible fenómeno de floración espontánea que se da a veces en algunos desiertos. Nunca tuve ocasión de presenciarlo en Atacama, aunque sí en el desierto Rojo de Australia, donde la explosión de flores y plantas endogámicas es única en el mundo.

Aprovecharé, pues, la puerta abierta por Pastrano para adentrarme en el desierto de Atacama y compartir con ustedes las maravillas que encierra, al margen de sus flores de ocasión. Encerrado en una larga franja entre la poderosa cordillera andina y el Atlántico, el desierto de Atacama es el más árido del mundo, con lugares en los que se dice que no ha llovido jamás. Sin embargo, importantes civilizaciones lograron adaptarse a sus rigores y han dejado notables huellas que hoy se visitan con asombro. Sus pueblos, paisajes lunares, rarezas geológicas, espectacular fauna y milagrosos oasis constituyen un patrimonio sin parangón que ya maravilló a los primeros conquistadores extremeños que se aventuraron a cruzarlo.

Atacama es un mundo vacío lleno de cosas, si se me permite el contradiós. Cuenta con innumerables rarezas naturales, algunas difíciles de definir, pero fáciles de sentir. Un recorrido por sus extensos y baldíos paisajes es, sobre todo, un tobogán de emociones que no se puede plasmar en un puñado de líneas. Estas son algunas de las más importantes, aunque no todas:

A unos pocos kilómetros de San Pedro de Atacama, el desolado Valle de la Luna presenta unas extraordinarias singularidades geológicas, producto de la erosión extrema, que lo asemejan a un paisaje lunar. Largas dunas de indescriptibles colores sirven como telón de fondo a formas esculpidas caprichosamente por el viento, que se elevan sobre un suelo nevado de cristales de sodio. Y es que la cordillera de la sal, donde se encuentra, emergida del fondo del Pacífico, acumula grandes cantidades de este mineral. La luz del ocaso enciende misteriosamente las piedras hasta conferirles un hálito mágico que todos los aficionados a la fotografía sueñan con inmortalizar.

Formas indescriptibles, lomas cubiertas de sal, playas de fina arena… Atacama parece un paisaje selenita/ Foto: F. López-Seivane

La luna no puede ser muy distinta a los paisajes de Atacama, de una rara belleza mineral y geológica/ Foto: F. López-Seivane

Vista del apropiadamente denominado valle de la luna/ Foto: F. López-Seivane

El Salar de Atacama no es el único que existe en las proximidades de San Pedro, pero sí el mayor y más accesible. Es como un desierto blanco de sal dentro de otro desierto de tierra. Los cristales de la cordillera de la sal acarreados por la lluvia se han ido acumulando en esta inmensa depresión hasta formar un auténtico lago de sal que no deja de crecer y que, en algunos lugares, puede llegar a tener una profundidad de más de un kilómetro. Dentro de este insólito lago sólido, hay lagunas que sirven de hábitat a varias colonias de flamencos.

Increíble imagen del Salar de Atacama al atardecer/ Foto: F. López-Seivane

La laguna Chaxa, en medio del Salar de Atacama,  forma parte, junto a otras semejantes, de la Reserva Nacional Los Flamencos. Es un espectáculo sin igual ver a estas bellísimas aves al amanecer hundiendo sus picos en el agua para nutrirse con unas larvas diminutas de crustáceos, muy ricas en caroteno, a las que deben el extraordinario color rosado de sus plumas, que se intensifica a medida que crecen. De las cinco especies que existen en el mundo, tres (James, Andina y Chilena) pueden verse en esta laguna, particularmente la especie Chilena, que construye sus nidos de sal en las orillas más alejadas. El amanecer y el ocaso son los momentos ideales para verlas y fotografiarlas.

Por increíble que parezca, también hay agua y vida animal en Atacama/ Foto: F. López-Seivane

Los famosos pelícanos chilenos se alimentan de larvas de crustáceo/ Foto: F. López-Seivane

El ocaso es un momento mágico en la laguna/ Foto: F. López-Seivane

Para otro día dejo los géiseres de El Tatío, la ciudad fantasma de Humberston, el misterioso Gigante de Atacama o las famosas momias de Chinchorro… Les espero, amigos.

 

Para dimes y diretes: seivane@seivane.net

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Mi vida siempre ha sido un viaje. Al principio, geográfico; después, antropológico; finalmente, interior, a la búsqueda de las esencias.Más sobre «Crónicas de un nómada»

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