Rila, el corazón espiritual de Bulgaria

Rila, el corazón espiritual de Bulgaria

Publicado por el nov22, 2016

Compartir

Que nadie espere encontrar en los viejos monasterios búlgaros la grandiosidad de las abadías germanas, el colosalismo de El Escorial o la delicada belleza de los claustros románicos de Silos o San Andrés de Arroyo. No, su principal valor reside en el papel que jugaron en la historia del país y en lo que representan en el corazón del pueblo. Pero además -y esto hay que resaltarlo-, descubrirlos, desperdigados por la sinuosa orografía balcánica, equivale a recorrer los más bellos paisajes que uno pueda imaginar y, en muchas ocasiones, a sucumbir a la intensa fascinación de estas viejas montañas.

panoramica-web

Los frondosos bosques búlgaros abrazan al Monasterio de Rila

El otoño se asoma al patio del Monasterio de Rila

Desde el patio del convento se ven impresionantes bosques vestidos de otoño.

La carretera que lleva hoy al actual monasterio de Rila, a sólo una hora y media en coche de Sofía, culebrea entre bosques esplendorosos, encendidos con los colores del otoño. A medida que uno se adentra en el valle, la soledad y el silencio se van haciendo más intensos hasta que al fin el auto se detiene ante las enormes paredes del convento, que, visto desde fuera, más se asemeja a una fortaleza que a un cenobio. Construido en 1335, a unos cuatro kilómetros de la ermita original, el impresionante complejo monacal fue totalmente arrasado en el siglo dieciocho. Apenas reconstruido, un siglo más tarde, volvió a arder por los cuatro costados y su nueva reconstrucción se presentó como un deber patriótico y religioso. Para recaudar fondos llegó incluso a organizarse una gira del brazo incorrupto de San Juan de Rila (Ivan Rilski) por toda Rusia. Los mejores maestros y artesanos del país prestaron sus servicios gratuitamente y las donaciones populares no cesaron a  lo largo del siglo XIX hasta que, en 1961, culminaron por fin las obras del ala este, donde se exhiben en la actualidad los tesoros del monasterio, reconocido como Patrimonio de la Humanidad.

entrada-web

Entrada al Monasterio.

rincon-web

Rincón del patio interior. Obsérvese la última planta añadida.

Para los búlgaros, Rila es su mayor tesoro. No sólo por la originalidad de sus pórticos y galerías, sustentados sobre arcadas rojas y blancas, ni por el curioso empedrado del patio o las cúpulas redondas de su iglesia, cuya entrada principal nos hace pensar de inmediato en la mezquita de Córdoba. Ni siquiera por los miradores de madera que adornan graciosamente la última, y añadida, planta del monasterio o por la única torre almenada que se conserva desde sus orígenes en el siglo XIV. No, Rila es un símbolo sagrado que aúna todos los valores de la cultura patria: la religión, la tradición, el arte y, sobre todo, esa cosa tan gaseosa y abstracta que podríamos llamar “la identidad nacional”.

Iglesia y torre, el último vestigio del siglo XIV aún en pie.

portico-web

Pórtico de la iglesia cubierto de frescos polícromos.

Además, están las reliquias, algo que para los búlgaros tiene un valor sagrado. En la iglesia de Rila, por ejemplo, se conserva, en una caja de plata oculta por una cortina, la mano izquierda de San Iván Rilski, el gran santo nacional. Pero no es asunto abierto a la curiosidad de los turistas. Los monjes sólo se la muestran a los “auténticos” peregrinos, quienes, tras contemplarla largamente, aspiran un pedazo de algodón en rama que se conserva junto a la reliquia y cuyos efluvios magnéticos tienen la virtud de sumirles en un trance místico de gracia espiritual.

También se conserva allí el corazón de Boris III, padre de Simeón de Bulgaria, el primer rey republicano de la historia, por cierto, ya que, siendo rey en el exilio y tras la separación de Bulgaria de la Unión Soviética, fue elegido Primer Ministro de la República búlgara en elecciones democráticas. Allí, en su despacho, me confesaría un día la gran emoción que le causó a su regreso al país escuchar las campanas de la catedral de Nevski, particularmente las notas bajas, “porque me hicieron recordar el entierro de mi padre cuando era un niño. Me conmovió más que visitar Rila, porque los comunistas había sacado sus restos de allí para enterrarlos en el parque de la casa”. En efecto, así fue, pero tras la caída del comunismo, apareció en los jardines del palacio de Vrana una tumba que contenía una vasija de cristal con el corazón del zar. En agosto de 1993, para conmemorar el cinquagésimo aniversario de su muerte, la urna fue llevada de vuelta al monasterio de Rila, donde reposa en la actualidad.

Simeon-web

Simeón de Bulgaria y el autor de estas líneas en su despacho de Primer Ministro.

 

Compartir

ABC.es

Crónicas de un nómada © DIARIO ABC, S.L. 2016

Mi vida siempre ha sido un viaje. Al principio, geográfico; después, antropológico; finalmente, interior, a la búsqueda de las esencias.Más sobre «Crónicas de un nómada»

Categorías
Etiquetas
noviembre 2016
L M X J V S D
« oct   dic »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930