¡Oh, Calcuta!

¡Oh, Calcuta!

Publicado por el Nov11, 2016

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Acabo de regresar de Calcuta. Hace muchos años que no visitaba la ciudad y la he encontrado muy cambiada. Para bien. Ya saben mis lectores más viajados que Calcuta, a diferencia de otras ciudades indias, es una urbe relativamente moderna, creada por los británicos, primero como sede de la Compañía de las Indias Orientales, y más tarde como capital de su imperio en la región. Nada que ver con Varanasi, por ejemplo, que es más vieja que la propia historia.

El actual gobierno comunista del estado de Bengala no ha tenido ningún inconveniente en instalarse en el conocido como Writer’s Building, un soberbio edificio rojo, de corte clásico, donde se alojaba el ejército de funcionarios importados de Inglaterra por la Compañía de las Indias. Es en esa zona histórica de la ciudad, junto al río Hooghli, donde proliferan los espacios verdes y se alzan desperdigados los más extraordinarios monumentos coloniales: palacios, iglesias, museos…, sin olvidar el magnífico estadio de cricket Eden Gardens, con capacidad para 100.000 espectadores. Otro día describiré minuciosamente cada uno de ellos. Vale la pena, te lo aseguro.

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El Edificio de los Escritores, actual sede del gobierno bengalí/ Foto: F. López-Seivane

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El viejo tranvía, reliquia de la era colonial, recorre los amplios espacios verdes de Calcuta/ Foto: F. López-Seivane

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Un grupo de turistas españoles posan en el Estadio ‘Eden Gardens’ de Calcuta/ Foto: F. López-Seivane

Alrededor de esa ciudad histórica ha crecido por metástasis una urbe que parece no tener fin y en la que la vida late como un milagro incomprensible. Las aceras, tomadas en su mayoría por gentes ociosas, que contemplan en silencio el frenesí de la urbe, cuentan cada trecho con una especie de fuentes de las que brota permanentemente un  poderoso chorro de agua, traído directamente del río. Es la ducha de los pobres. Basta madrugar un poco para contemplar como los moradores de las aceras se enjabonan y lavan a placer delante de todo el mundo. Al lado tienen los urinarios públicos, un simple kiosco sin pared, donde todos miccionan al aire libre sin otra privacidad que la de un tabique separador a la altura de la cintura. Como en los viejos tiempos, vamos.

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Dos jóvenes se aprestan desinhibidamente a efectuar sus abluciones matinales en plena calle/ Foto: F. López-Seivane
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En otro calle un joven se aclara el jabón en cuclillas/ Foto: F. López-Seivane

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Las urgencias fisiológicas no suponen ningún problema en las calles de Calcuta/ Foto: F. López-Seivane

Si Delhi alberga el aparato del Estado y es la capital administrativa de la India, y Bombay su motor económico, Calcuta es tenida por la vanguardia cultural y artística del país, creadora de tendencias que luego prenden en otras esquinas del subcontinente. De Vivekananda a Tagore y a la Madre Teresa, la breve historia de la ciudad está salpicada de potentes personalidades que iluminaron el mundo desde sus míseras calles. No sin orgullo, los calcutíes repiten como un mantra que “lo que hoy se hace en Calcuta, mañana será tendencia en el resto de la India”. Una de las mayores muestras de ese temperamento creativo que caracteriza a la capital bengalí es la celebración del Durga Puya, una fiesta que se ha convertido en un extraordinario fenómeno sociocultural que atrae cada año a millones de personas. Los pandals en los que se exhiben las mil interpretaciones de la diosa Durga son auténticas obras de arte que los calcutíes visitan día y noche con tanta devoción como admiración, antes de que  hundidas en las aguas del río como fin de fiesta.

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Al anochecer del último día, todas las imágenes de Durga son lanzadas al río/ Foto: F. López-Seivane

Una buena muestra del talento creador bengalí se encuentra en la figura de Rabindranah Tagore, aquel poeta sabio que decía que “si lloras porque no puedes ver el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas”. Fue proclamado Premio Nobel de literatura y hoy es honrado y recordado como la más prominente figura literaria de Bengala. Pero en la India nunca ha existido una literatura superficial o mundana. Lo más extraordinario de Tagore es la sabiduría que impregnaba a sus versos.

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Placa conmemorativa del genial poera bengalí/ Foto: F. López-Seivane

De Calcuta eran también Ramakrishna y su discípulo Suami Vivekananda, el primer yogui que se aventuró a difundir las enseñanzas del yoga en occidente. Vivekananda, un renunciante, tuvo que mendigar por las calles para poder asistir al Parlamento de las Religiones en Chicago, en 1893. Valió la pena. Norteamérica no tardó en rendirse ante aquél joven vestido de azafrán que, al decir de un destacado profesor de Harvard, “atesora más conocimiento que todos los pensadores de América juntos”. Sólo en una ocasión regresaría al ashram, que hoy se visita con veneración en las afueras de Calcuta.

Otro personaje de gran calado en la ciudad es la Madre Teresa, la pequeña monja albanesa que se dedicó a cuidar de los más desamparados, utilizando como hospital las instalaciones de un viejo mercado abandonado. Su abnegación y extraordinaria labor fueron ampliamente reconocidas en la India y en el mundo. En mi primer viaje a Calcuta no dejé de ofrecerme como voluntario para ayudar en aquel pequeño hospital lleno de tuberculosos terminales. Allí me topé, por azar, con otra voluntaria española, Fátima de la Cierva, que llevaba un tiempo colaborando en la misión de la Madre Teresa. Ésta acababa de morir y su fundación se había convertido en una orden rica. De hecho, ni una sola monja trabajaba con los enfermos. Sólo la hermana Priscila, hoy ya fallecida, coordinaba a los voluntarios con mano de hierro y notable antipatía. Mis amigos y yo dejamos un importante donativo que fue engullido sin una sonrisa ni un ‘gracias’. Veíamos a las monjas moverse por las calles de la ciudad a bordo de flamantes furgonetas sin entender muy bien qué hacían. Hoy en Calcuta se quejan de que los millones que la orden recibió sirvieron sólo para extenderse por el mundo, fundando nuevos y relucientes conventos que albergan a un enjambre de ‘monjas blancas’ en distintos países, mientras el viejo hospital sigue exactamente igual que en los tiempos de la Madre Teresa. Quise visitarlo, pero me fue vedada la entrada. La orden, dirigida ahora por una monja alemana, la hermana Prema, ha recibido, al parecer, muchas críticas y se ha cerrado como una lapa. Los católicos que llegan a la ciudad, sin embargo, no dejan de visitar la casa madre, donde se encuentran los restos de la fundadora.

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Tumba de Santa Teresa de Calcuta en la planta baja de la Casa Madre/ Foto: F. López-Seivane

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Orfanato con una escultura de la Madre Teresa atendiendo a un bebé/ Foto: F. López-Seivane

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Esta es la habitación que ocupaba en vida la Madre Teresa/ Foto: F. López-Seivane

En fin, que Calcuta da mucho de si y su vitalidad sorprenderá sin duda a quienes se acerquen por allí. Si te animas, Meghdutam Travels es una buena agencia, cuyos servicios te recomiendo sin reservas. Puedes confiar en ellos.

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Una niña equilibrista en plena acción en las calles de Calcuta/ Foto: F. López-Seivane

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Anochecer en las calles de Calcuta, una ciudad que nunca duerme/ Foto: F. López-Seivane

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Escena entre dos luces en una esquina cualquiera de Calcuta/ Foto: F. López-Seivane

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Cuando llueve en Calcuta las calles se inundan, pero hay solución para todo…/ Foto: F. López-Seivane

* La portada muestra la poderosa mirada de un renunciante hindú en las calles de Calcuta.

* Las imágenes de este reportaje han sido tomadas con un cámara Fujifilm serie X T10

* Para dimes y diretes: seivane@seivane.net

 

 

 

 

 

 

 

 

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Crónicas de un nómada © DIARIO ABC, S.L. 2016

Mi vida siempre ha sido un viaje. Al principio, geográfico; después, antropológico; finalmente, interior, a la búsqueda de las esencias.Más sobre «Crónicas de un nómada»

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