¿Qué fue del Pequeño Buda de Nepal?

¿Qué fue del Pequeño Buda de Nepal?

Publicado por el Sep7, 2016

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Hace poco contaba aquí la increíble historia del pequeño buda de Nepal, hasta que se adentró a meditar en el bosque pidiendo que no lo siguieran. Esta vez parece que todos aceptaron la situación y renunciaron a buscarle. No se tuvieron más noticias de él hasta que el 10 de noviembre del año 2008, prácticamente transcurrridos los seis años de meditación que se había impuesto, fue visto hablando con un grupo de devotos en Ratnapuri. Se dijo entoces que el muchacho había dado por finalizado su retiro en la selva y vivía en un lugar apartado, donde pasaba la mayor parte del tiempo meditando, aunque haciendo vida normal en contacto con su familia y algunos devotos.

El pequeño buda, con su vida normalizada y recovertido en Ram Bahadur Banjam, dejó de ser noticia hasta que, en julio del 2010, un grupo de diecisiete lugareños denunció ante la policía local que el muchacho les había agredido, causándoles serios quebrantos físicos. El asunto parecía una broma. ¿Cómo podía ser posible que un solo joven, que se había pasado toda su vida meditando, sin ninguna otra actividad física, apaleara de ese modo nada menos que a diecisiete hombres fuertes y habituados a las duras labores del campo? La policía se vio obligada a interrogarle sobre los hechos.

maitriya-touchPara empezar, el joven gurú se sorprendió ante los agentes de que un tapaswe (renunciante) tuviera que ir a declarar ante un juez. “Yo respeto las leyes, declaró, pero solo las leyes justas. Me vi obligado a castigar a estos hombres porque me estaban provocando hasta límites intolerables. Primero, aparecieron fumando y hablando en voz alta junto a la plataforma en la que me encontraba meditando. Decidí entonces tomarme un respiro y esperar pacientemente a que se fueran. Pero en vez de irse, se subieron a la plataforma y comenzaron a imitarme entre risotadas, así que me vi obligado a castigarles. No utilicé el mango de una hacha, como dicen, ni ningún otro objeto. Sólo les golpeé con mis manos dos o tres veces. ¿En qué cabeza cabe que un solo muchacho pueda apalizar a diecisiete hombres? Es evidente que mienten. Además, no lo hice con ira, sino con una sonrisa”. Al final, sólo uno de los diecisiete presentó cargos contra Banjam, aduciendo que se había producido un trauma craneoencefálico durante la reyerta.

Todo habría quedado en una anécdota si en ese mismo año el joven lama no hubiera saltado de nuevo a los periódicos al encabezar una activa protesta para evitar el masivo sacrificio de animales que tiene lugar anualmente en el Festival de Gadhimar. Su acción logró salvar a unos 20.000 animales, pero el lama sentía que había fracasado porque todavía habían sido sacrificados varios cientos de miles más. Una buena causa, al fin y al cabo, pero controvertida, puesto que suponía enfrentarse a una tradición muy arraigada en la zona.

Como si el anonimato no fuera con él, Banjam volvió a las primeras páginas de la prensa local en 2012, de nuevo envuelto en un turbio caso de secuestro, agresiones sexuales y violencia física, que le había llevado a enfrentarse a sus propios hermanos. Es muy difícil desbrozar los hechos desde la distancia y con la escasa información que uno posee, pero tras beber en cuantas fuentes ha sido posible, parece que alrededor del joven gurú se había formado una organización, denominada Bodhi Dharma Sang Shrawan, para protegerle y asegurar su bienestar (suponemos que económico).

En abril de 2012, algunos de sus seguidores, entre ellos tres de sus hermanos (Ganga, Dil y Bahulai Bahadur), fueron acusados de secuestrar durante tres meses a dos mujeres, Mata-Anni, de Sindhupalchouk y una eslovaca, de 35 años, que respondía al nombre de Marichu, sometiéndolas a un constante acoso sexual. Cuando esto llegó a oídos del gurú, éste se presentó de inmediato en el bosque de Halkoriya, donde estaban las mujeres retenidas en una cabaña, acompañando de otro hermano, Limbu, armado con una espada. El gurú, hecho una furia, cargó con violencia contra los criminales, llegando a golpear repetidamente a su hermano Ganga, a quien consideraba el mayor responsable. El asunto acabó en la comisaría y todos quedaron en libertad al día siguiente.

Existen muchos relatos contradictorios al respecto. Una de las hermanas del gurú sostiene que el mal comportamiento de algunos seguidores (en referencia a las dos mujeres) estaba empañando su buena reputación, por eso algunos de sus hermanos habían intervenido para apartarlas. La propia madre, Maya Devi, se presentó en el bosque, acompañada de sus hijas, “para liberar a los hermanos que estaban siendo castigados”, pero se  encontró con que “el gurú golpeó a una de ellas, Asali Lama”. Para más enredo, “cuando los agentes de la policía local, alertada de lo que estaba ocurriendo, se presentaron en el bosque y vieron al guru golpeando a sus hermanos, se postraron ante él y dejaron que siguiera castigándolos”, dice un testigo de los hechos. Lo cierto es que las relaciones familiares se han visto seriamente deterioradas. Una de sus hermanas, Raj Kumari, confirmó a la prensa que “mi hermano prefiere permanecer apartado de la familia”. Al final, todo parece un tour de force entre la organización que rodea al guru y controla los ingresos, y la familia que también se cree con derecho a hacerlo.

Parece evidente que el gurú no ha aprendido que la celebridad y el envolvimiento en los asuntos mundanos es el peor camino para avanzar en la meditación. Ahora, aquella paz interior que con tanto ahinco y sacrificio persiguió, se ve sacudida por trifulcas y enredos familiares de lo más mundanos. Aún tiene seguidores, pero se ha convertido en una persona ‘normal’, con sus miserias y grandezas, perdiendo ese halo de espiritualidad y trascendencia que emanaba de su admirable gesta espiritual. Es como si se hubiera lanzado a volar desde lo alto de una roca para terminar dando con sus huesos en el suelo. Que te sea leve, muchacho.

Foto: Ram Bahadur Banjam, en 2014.

 

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Mi vida siempre ha sido un viaje. Al principio, geográfico; después, antropológico; finalmente, interior, a la búsqueda de las esencias.Más sobre «Crónicas de un nómada»

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