Durga Puya: así es la mayor fiesta del mundo

Durga Puya: así es la mayor fiesta del mundo

Publicado por el jul14, 2016

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El Durga Puya es la mayor celebración del planeta, una fiesta que convierte Calcuta, durante unos días, en el mayor museo al aire libre del mundo. Es difícil explicar en qué consiste y en qué se ha convertido lo que en sus orígenes no era más que la conmemoración de la mitológica victoria de la diosa Durga sobre el invencible demonio que atormentaba a la humanidad, simbolizando la prevalencia del bien sobre el mal. Al demonio, el Supremo Hacedor le había dotado de invencibilidad, y cada gota derramada de su sangre se convertía de inmediato en un nuevo demonio indestructible. Así que Durga, portando un arma mortífera en cada uno de sus diez brazos, optó por beberse toda la sangre del diablo, con lo que éste murió sin poder reproducirse. En toda la India, a esta especie de novena se la denomina tradicionalmente Navaratri (nueve noches) y se resuelve en una serie de ceremonias religiosas y rezos especialmente dedicados a la diosa madre del panteón hindú, incluyendo algunas austeridades como el ayuno estricto.

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Pero en Bengala las cosas empezaron a cambiar durante la dominación inglesa. Los potentados locales, queriendo impresionar a las autoridades británicas, acostumbraban a organizar lujosas fiestas privadas con espectaculares decoraciones y abundantes manjares, compitiendo abiertamente entre ellos por que la suya fuera la celebración más deslumbrante. Para ello no se regateaba nada. Se contrataba a los mejores artistas para que construyeran reproducciones de la diosa, a los mejores decoradores para que crearan un entorno fastuoso (el origen de los pandal), a los cocineros más afamados para que deleitaran a los invitados con los manjares más sofisticados, a los mejores músicos y bailarinas… De aquellas magnas celebraciones viene el concepto de ‘lujo asiático’ que los ingleses acuñaron para tratar de explicar lo nunca visto.

Andando el tiempo, los ingleses se fueron de la India y el Durga Puya comenzó a adquirir un cariz más popular en la región de Bengala, donde los devotos se organizaron en cofradías o hermandades que trabajaban todo el año, compitiendo entre ellas, como hacían los ricos, para construir los más impresionantes pandal, que así se llaman los ‘stands’ en los que se exhiben las distintas reproducciones de la diosa de diez brazos. Estos pandal, como las casetas de la feria de Sevilla, son estructuras temporales diseñadas por auténticos artistas y forman, junto a las imágenes de Durga que albergan, extraordinarios lugares de acogida, en parte espirituales y en parte festivos, con sus orquestas, bailarinas y manjorradas. Naturalmente, los inmensos costes son generalmente asumidos por grandes empresas e instituciones, que reciben y agasajan a sus invitados en su pandal particular. Y en eso, créeme, hay un cierto paralelismo con la feria de abril de Sevilla.

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Taller de Pandals patrocinado por Meghdutam Travels, una de las más importantes agencias de viaje de Bengala.

Durante los días del Durga Puya pueden llegar a contarse varios miles de pandal de diversos tamaños, algunos descomunales, expuestas por doquier en las plazas y rinconadas de Calcuta, invadidas por masas de exultantes devotos en un ambiente festivo, que se extiende por las calles entre el incesante batir de los tambores, el humo del incienso, el colorido de los saris y la alegría desbordada de un pueblo que esos días olvida sus fantasmas, inundando la ciudad de alegría. Son días de fiesta, en los que la religión es poco más que un pretexto para comer, celebrar y descubrir asombrosas esculturas en los rincones más insospechados, participando en la euforia colectiva que se reinventa con cada hallazgo. Es en estos días cuando Calcuta es más Ciudad de la Alegría que nunca.

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Típica rinconada con un pandal para recibir a devotos, turistas y amigos.

Hay algo del Carnaval brasileño en esta fiesta del Durga Puya, pero también del espíritu fallero de Valencia, ya que las imágenes de Durga exhibidas en los pandal están destinadas a ser arrojadas al Ganges el último día de la celebración. Y también se percibe allí esa mezcla de exaltación emocional y cuchipanda campera del Rocío y, si me apuran, hasta de la feria de Sevilla. Todo ello, naturalmente, bien aderezado al curry, con ese toque especiado, inconfundiblemente hindú. Como ha pasado con tantas conmemoraciones cristianas, en las que el aspecto religioso ha ido perdiendo lustre, el Durga Puya de Calcuta también avanza en esa dirección y se va convirtiendo en una atracción turística, aunque todavía preservando el fuerte sustrato espiritual que impregna el subconsciente colectivo del pueblo hindú. Pero ya es también una de esas fiestas que la humanidad parece haber necesitado siempre, esos estallidos de alegría tribal y contagiosa que hacen olvidar temporalmente las angustias de la vida.

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No me digas que no parece una foto del Carnaval de Río…

Diez millones de personas se esperan este otoño en la capital de Bengala, dispuestas a participar en la mayor y más extraordinaria fiesta del mundo. Yo, desde luego, no me lo pienso perder y estoy organizando un viaje con un grupo de amigos. Me han garantizado entrada VIP a algunos de los pandal más exclusivos, lo que viene a ser algo así como una entrada al palco del Bernabéu. Aprovecharemos para visitar también, si queda tiempo, la casa de Rabindranah Tagore y el delta del Ganges, donde se encuentra el Parque Nacional de Sunderban, reserva natural del famoso Tigre de Bengala, un animal con el que no se puede andar con bromas y que ha dejado en los alrededores del parque numerosos pueblos llenos de viudas. Es la semana del Puente del Pilar y prácticamente sólo se necesitan dos o tres días laborables, así que, si te animas, puedes ponerte en contacto conmigo: flseivane@gmail.com

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Algo de carnaval tiene el Durga Puya

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Imagen de Durga, la diosa madre de diez brazos.

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Crónicas de un nómada © DIARIO ABC, S.L. 2016

Mi vida siempre ha sido un viaje. Al principio, geográfico; después, antropológico; finalmente, interior, a la búsqueda de las esencias.Más sobre «Crónicas de un nómada»

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