La apasionante y poco conocida historia de la Torre de Hércules

La apasionante y poco conocida historia de la Torre de Hércules

Publicado por el dic9, 2015

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Mientras orballa con esa paciencia infinita que tan bien conocen los gallegos, me cuentan que al tiempo que se echaban los cimientos de esta Torre de Hércules, que se levanta ante mí, sólida, granítica, poderosa e intemporal, contra un cielo encapotado, Jesús el Galileo predicaba bajo el sol implacable de los desiertos de Judea. Más de dos mil años han transcurrido desde entonces sin que se conmuevan las paredes de este magnífico monumento que, a lo largo de su dilatada historia, sirvió de faro, atalaya, fortaleza y, de nuevo, faro. Aunque sólo fuera por eso, bien merece ser considerado Patrimonio de la Humanidad. Me cuenta Suso, mi guía, que Trajano no sólo buscaba guiar a las naos que navegaban por esta procelosa esquina del Atlántico, sino marcar orgullosamente el límite occidental del gran imperio de Roma. Algo de eso debe de haber, ya que en la piedra fundacional se dice que la torre está dedicada a Marte, dios de la guerra. Su estatura y complejidad arquitectónica fueron únicamente superadas en la antigüedad por las del Faro de Alejandría que habían levantado los griegos un par de siglos antes en Egipto, pero, de las dos, sólo ésta ha sobrevivió a los azares del tiempo y de la historia.

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La Torre de Hércules se eleva dominante en la punta de la península Crubia. Foto: F. López-Seivane

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Un percebeiro faenando ante la Torre de Hércules/ Foto: Oscar Rodbag

Hercules Tower and Lighthouse, 1st century. Coruña. A Coruña. Galicia. Spain

Primer plano de la impresionante torre

Ahí sigue, sobre el verde lomo de la península Crunia, cuyo istmo separa la bahía de La Coruña de la ensenada del Orzán. Es un lugar tan estratégico, tan dominante, tan sobresaliente, que uno puede maliciarse sin esfuerzo que, antes que los romanos, los celtas ya debieron de tenerlo como punto de contacto con sus dioses. Así parece sugerirlo la gran estatua de Breogán, el mítico guerrero celta, fundador de una estirpe, que guarda el acceso al Parque que circunda la torre. A su alrededor, en la despejada campa que lo rodea, una serie de esculturas alegóricas, han convertido el lugar en una suerte de museo escultórico al aire libre. Uno, de pronto, se imagina la felicidad como un paseo en familia por ese entorno privilegiado, explicando a sus hijos cómo la inmensa caracola que se alza en Punta Herminia simboliza y guarda los sonidos del mar.

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Mosaico en el Parque escultórico de la Torre de Hércules.

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La estatua de Breogán guarda la entrada a la torre y al parque circundante

Parece que fue el suevo Hermerico quien decidió convertir el faro en fuerte en el siglo V. Sus razones tendría. Se sabe que en el siglo VIII  hubo en la campa de la torre una gran batalla contra los vikingos, que no venían precisamente a ganar el jubileo. Ramiro I logró derrotarlos, pero las incursiones vikingas continuaron durante mucho tiempo, por lo que la torre se convirtió en atalaya de vigilancia para avisar de su llegada. Después, fueron las flotas musulmanas las que amenazaban la ciudad y la torre pasó a ser una fortaleza, puesto que su situación y solidez la hacían casi inexpugnable. Recientes excavaciones han revelado un foso y terraplenes de tierra en su entorno, que vienen a confirmar esta tesis. Se conserva un documento del siglo XII en el que el arzobispo Gelmírez, uno de los hombres más poderosos de la cristiandad europea, aparece como propietario de la torre. No me pregunten cómo ni por qué. Y otro del XVII, en el que un tal Red O’Donnell, que debió de visitarla, éste si, tras ganar el jubileo, declara, a su vuelta a Irlanda, que la torre está en ruinas.

Esa torre abandonada fue, en 1588, testigo mudo de la partida de la Armada Invencible hacia su aciago destino. Y también lo fue, un año más tarde, del contraataque de la Armada inglesa, que, con 15.000 hombres mandados por el corsario Francis Drake, se proponía tomar una ciudad de cuatro mil habitantes totalmente desprotegida. Los coruñeses se parapetaron tras las murallas y lograron rechazar el ataque, gracias al coraje de María Pita, quien llena de rabia y dolor tras ver morir a su marido, se encorajinó de tal manera que arrastró al resto de la población a una lucha sin cuartel, que terminó con Drake y sus corsarios saliendo de estampida hacia sus naves por la misma Puerta de Aires que habían derribado poco antes a cañonazos. Los coruñeses atribuyeron la victoria a dos mujeres, una virgen, la del Rosario, desde entonces Patrona de la Ciudad, y la heroína María Pita, viuda ya del carnicero Gregorio de Rocamonde, cuya bravura sería en adelante referente espiritual para sus paisanos.

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La estatua de María Pita, lanza en ristre, preside la plaza del Ayuntamiento.Fito: F. López-Seivane

Parece que la torre original no era tan esbelta como la actual, sino más achatada y gruesa, con un muro en rampa alrededor de todo el perímetro por el que se accedía hasta la parte superior. Lo que hoy contemplamos es una renovación efectuada por Carlos III, quien en el siglo XVIII decidió convertir a España en una gran potencia marítima y encargó al Marqués de la Ensenada diseñar un gran puerto militar en El Ferrol. Fue éste quien pidió a los ingenieros que reconstruyeran la torre para que sirviera de faro. Eustaquio Gianini, el director de la obra, tuvo el acierto de recordar con las líneas diagonales de la fachada, meramente decorativas, la primitiva rampa romana. El interior actual es espartano, de pisos altos y piedras desnudas. No hay otro adorno ni otro material que el granito de sus paredes y escaleras. Parece una torre sin otra finalidad que sostener el faro, pero lleva más de dos mil años resistiendo incólume las borrascas atlánticas y eso merece un respeto.

¿Cómo se alimentaba el fuego en el siglo I? Los arqueólogos han encontrado la ‘linterna’, una gran piedra ahuecada, de boca estrecha, que se supone estaba llena de aceite de ballena, sobre el que flotaba una mecha que emergía por la boca. Es muy probable que estuviera rodeada de ‘espejos’ de metal bruñido que reflejaran toda la luz hacia el exterior.

Interior de la torre de Hércules. La Coruña, Galicia.

Interior de la torre. Foto: Rafael López-Monné

Linterna-web (Rafael López-Monné 2013)

La original ‘linterna’ de piedra de la torre encontrada durante las obras/ Foto: Rafael López-Monné

En cualquier caso, La Coruña y su torre bien merecen una visita. Yo, desde luego, no pienso acabar aquí mi relato de esta sorprendente ciudad celta y atlántica, tan llena de historia e historias, así que volveré la semana que viene.

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Crónicas de un nómada © DIARIO ABC, S.L. 2015

Mi vida siempre ha sido un viaje. Al principio, geográfico; después, antropológico; finalmente, interior, a la búsqueda de las esencias.Más sobre «Crónicas de un nómada»

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