El último viaje de Karl Pribram

El último viaje de Karl Pribram

Publicado por el ago12, 2015

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A la vuelta de vacaciones me esperaba una misiva de Katherine Neville, la famosa escritora norteamericana, autora de numerosos best sellers, entre los que destaca ‘El Ocho’, cuya versión en inglés me regaló hace muchos años y aún ocupa un espacio en mi librería con una cariñosa dedicatoria. Estoy seguro de que numerosos lectores de ABC habrán leído algunas de sus obras, pero pocos sabrán que estaba casada con Karl Pribram, uno de los científicos más brillantes y destacados de las últimas décadas. Su escrito venía a comunicarme el fallecimiento del eminente investigador, que se produjo hace ya unos meses, a la edad de noventa y cinco años. La causa fue un cáncer, pero de algo hay que morir cuando se tienen casi cien años.

Katherine and Pribram in Tokyo-web

Katherine Neville y Karl Pribram en Tokio en 1987

La triste noticia me trae a la memoria una de las cenas que compartimos hace años en un restaurante de Madrid. Por entonces, Pribram era director del prestigioso Center for Brain Research de la Universidad de Radford, en Virginia, y la comunidad científica internacional le consideraba sin discusión como el hombre que mejor conocía el cerebro humano en el mundo. Bien, pues aquella noche terminaría confesándome, tras un implacable interrogatorio, en el que, a falta de pentotal, hube de utilizar Rioja, que estaba convencido de que la memoria vivía codificada en proteínas. Es decir, que cada vivencia o emoción experimentada por un individuo a lo largo de su vida se transforma de inmediato en una proteína única que pasa a incrementar su baúl de los recuerdos. Su reticencia a compartir esa tesis era debida a que aún no había sido capaz de probarla científicamente.

En otra ocasión, Zoe y yo viajamos con Karl y Katherine a la Montaña Palentina. Quería enseñarles Brañosera, el ayuntamiento más antiguo de España, donde vivieron los primeros hombres libres de la península, ya en el siglo IX. La Carta Puebla les otorgaba la propiedad mancomunada de la llamada Braña Osaria, una importante extensión de terreno frecuentada por osos pardos, y les eximía, a ellos y a sus descendientes, de entregar doncellas a los castillos y pagar impuestos a los señores a cambio de poblar las tierras que la Reconquista iba ganando a los sarracenos.

Pribram, Zoe y yo-web

Pribram, Zoe y el autor de estas líneas en la sierra de Brañosera

Una noche, cuando volvíamos a casa tras haber cenado opíparamente en el restaurante ‘Cortés’ de Aguilar de Campóo, una pareja de la Guardia Civil nos paró en un control rutinario de alcoholemia. Karl, en el asiento trasero, se puso muy nervioso. Había disfrutado con generosidad de un caldo superior de Ribera y en Estados Unidos sobrepasar la tasa permitida de alcohol al volante es una infracción muy grave y más cuando se trata de una figura tan prominente. Estaba pálido y asustado cuando vió al agente de la benemérita introducir un soplador por la ventanilla. No había caído en la cuenta de que el test era sólo para el conductor. Tras pasar felizmente la prueba, no paramos en todo el camino de reirnos de él, sobre todo su amada Katherine, y él de reírse de sí mismo, ya recuperado su habitual buen humor.

Pribram, Katherine y Zoe-web

Pribram, Zoe y Katherine con Brañosera al fondo.

Pribram nació en Austria en 1919, de padre checoeslovaco y madre indonesia, ambos distinguidos investigadores en el campo de la bacteriología. Estudió en Suiza y Estados Unidos, graduándose en medicina en la Universidad de Chicago en 1941 y convirtiéndose, poco despues, en uno de los primeros 300 neurocirujanos del mundo. Pasó posteriormente a dar clases en la Universidad de Yale, que simultaneó con la creación de un laboratorio de investigación en el Institute for Living, en Hartford, que se convirtió pronto en una meca para los estudiantes interesados en la relación entre cerebro y conducta. En 1958 se unió al Center for Advance Study in the Behavioral Sciences de la Universidad de Stanford, en Palo Alto, donde durante los siguientes 30 años fue pionero en el campo de la neuropsicología, un término que él mismo acuñó, abriendo nuevas líneas pioneras de investigación sobre la realción entre cerebro, conducta y mente. Tras convertirse, en 1989, en Profesor Emérito en Stanford, entre grandes reconocimientos y honores, Pribram fue nombrado Académico Eminente del Estado de Virgunia, Profesor Distinguido de Psicología y director de BRAINS (Brain Reserch and Informational Sciences), un laboratorio de investigación de vanguardia creado expresamente par él en la Universidad de Radford, cargo que simultaneó con con el de Profesor Distinguido de Psicología y Neurociencia Cognitiva en la Universidad de Georgetown, en Washington. Escribió más de 700 libros y ensayos científicos, entre ellos, ‘Brain and Perception’ (1991), uno de cuyos ejemplares tuvo la amabilidad de regalarme y dedicarme en 1995.

Pribram en su laboratorio-web

Pribram en su laboratorio

Sería inacabable mencionar todos los premios, nominaciones y honores acumulados internacionalmente durante su larga vida académica. Baste decir que fueron más de sesenta, incluido el Premio Vaclav Havel por unir las ciencias y las humanidades. Pero lo que yo más destacaría de su extraordinaria personalidad era su vitalidad desbordante, su epicureísmo, su amor por la vida y las mujeres, de las que no sólo le intersaba el cerebro. Tuvo cinco hijos de distintas madres, hoy distribuidos por el mundo, y una nieta, que vive en Tailandia. Pero creo que el gran amor de su vida fue Katherine Neville, a quien desde aquí le envío mis sentidas condolencias y un fuerte abrazo. Aunque con una notable diferencia de edad, ambos formaban una pareja de personalidades extraordinarias. A Katherine, autora de éxito mundial que sobrevive al gran científico, le quedará para siempre haber compartido gran parte de su vida con un genio.

 

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Crónicas de un nómada © DIARIO ABC, S.L. 2015

Mi vida siempre ha sido un viaje. Al principio, geográfico; después, antropológico; finalmente, interior, a la búsqueda de las esencias.Más sobre «Crónicas de un nómada»

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