La nueva Tiflis, el cristal sobre la piedra

La nueva Tiflis, el cristal sobre la piedra

Publicado por el Jun30, 2015

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Acabo de regresar de Tiflis. Ya di cuenta en la última crónica de mi sorprendente llegada al aeropuerto: una atractiva oficial de aduanas me apuntaba directo al corazón con una botellita de vino de Telavi, mientras me soltaba un sonriente y creíble: “Bienvenido a Georgia”. No sabía entonces que era un símbolo de los nuevos tiempos que corren en este pequeño país caucásico, donde la piel de la vieja capital está cambiando a marchas forzadas. Es de suponer que con la generosa ayuda aportada por Europa y Estados Unidos para contribuir a la reparación de los daños ocasionados por los tanques rusos.

Las piedras seculares de la antigua fortaleza, que domina la ciudad desde lo alto de una loma, y las torres de sus iglesias -todas idénticas, como cromos repetidos-, contemplan ahora con asombro la aparición de notables estructuras de cristal de carácter vanguardista que suponen un  salto cuántico en el paisaje urbano. Nada ha cambiado sustancialmente, pero todo es distinto.

Quizá la más llamativa y futurista de las nuevas estructuras sea el llamado Puente de la Paz, obra del arquitecto italiano Michelle de Lucchi, un atrevido y elegante paso peatonal con cubierta ondulada de cristal azul verdoso, que une las dos riberas del río Mtkvari en el mismo corazón de la vieja Tiflis. El contraste entre las viejas murallas de piedra del fuerte Narikala, que guardan la ciudad desde hace siglos, y el alegre colorido y desinhibida geometría del nuevo puente es sencillamente espectacular. Todo un símbolo rompedor que trata de proyectar la ciudad hacia el futuro. Y también un poderoso mensaje al subconsciente colectivo. La primera vez que visité Tiflis, hace ya bastantes años, me pareció una urbe extraordinariamente anclada en los viejos tiempos, sin otra ambición que permanecer y perpetuar sus ancestrales ritos y tradiciones. Ahora, sólo con mirar el puente, siento que hay una sociedad en marcha, en busca de retos y oportunidades que la enganchen a los nuevos tiempos.

Pero el puente no es la única muestra de vanguardismo rompedor. Hay también un llamativo complejo de cristal, conocido popularmente como la Ventanilla Única, que no sólo transmite modernidad arquitectónica, con sus irregulares cubiertas imitando los pétalos de una flor (aunque a mi, desde la altura de Nirakala, las cubiertas me evocan mas bien un setal. Juzguen ustedes mismos por las fotos), sino que esta obra encierra un concepto novedoso y práctico. Se trata de unir en un solo edificio, alrededor de una gran plaza central, todos los servicios, registros y gestiones que el ciudadano se ve obligado a realizar, desde solicitar un pasaporte a registrar una propiedad. Bello, sí, pero también práctico y funcional. Todo un acierto que refleja el modernismo imparable de esta urbe.

En un parquecito entre ambas muestras de vanguardismo, pero al otro lado del río, hay una curiosa estatua de bronce del ex presidente Reagan sentado en un banco, que parece mirar dos extrañas formas tubulares, una especie de gusaneras gigantes hechas con materiales reflectantes de última generación. Se trata de la moderna Sala de Conciertos multiuso que, por razones que me son ajenas, aún no ha sido inaugurada.

Habría que mencionar también la Columna de los Héroes, un obelisco sui generis del español Alberto Domingo Cabo, que perpetua la memoria de los trescientos soldados muertos durante la invasión rusa del 2008 en el centro de la plaza del mismo nombre.

Son sólo unos pocos ejemplos, pero la ciudad, y si me apuran, el país, está salpicada de diseños futuristas. Los hay de todo tipo, aunque predominan claramente los de cristal. Ya se sabe que la piedra rompe el cristal, pero en esta nueva Tiflis el cristal se está imponiendo claramente sobre la piedra. Acerca de esta ‘profanación’ del paisaje urbano hay opiniones para todos los gustos entre los tiflisanos, pero a mi me encanta el contrataste y lo que significa, así que no me duelen prendas en recomendar a mis lectores que no se pierdan este país, la hermosa Georgia. Tiene una cocina extraordinaria, caldos de primera (es la cuna del vino), paisajes de ensueño y es muy barato. ¡Ah!, y además los georgianos cantan como los ángeles. Se lo mostraré otro día.

 Las fotos que ilustran esta crónica han sido tomadas con una cámara Fujifilm X-E2.

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La estatua de Ronal Reagan contempla la nueva Sala de Conciertos de la ciudad

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Panorámica de las rompedoras estructuras futuristas que caracterizan la Nueva Tiflis

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Ventanilla Única’ desde el otro lado del río.

 

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Crónicas de un nómada © DIARIO ABC, S.L. 2015

Mi vida siempre ha sido un viaje. Al principio, geográfico; después, antropológico; finalmente, interior, a la búsqueda de las esencias.Más sobre «Crónicas de un nómada»

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