Manuela Carmena tiene un plan para la banca, pero primero tantea el terreno

Publicado por el jun12, 2015

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Lo de incumplir programas electorales parece que se va a poner de moda también entre las formaciones políticas que tanto han criticado que el Partido Popular al llegar al Gobierno en 2011, y toparse con el desaguisado de cifras imposibles de digerir -léase, déficit público oculto-, se viese obligado -como ellos no se cansan de repetir- a saltarse a la torera el suyo, sobre todo en asuntos económicos. Hoy, tiene toda la pinta de que algún que otro dirigente, digamos «populista», podría estar dándole vueltas a incumplir, o más que retocar, algún que otro punto concreto prometido en el programa con el que concurrió a las pasadas elecciones municipales. Dicen que será el caso de Manuela Carmena, candidata de Ahora Madrid al Ayuntamiento de la capital, si bien primero tendrá que acceder al cargo de pleno derecho.

Y por aquello de que «A quien madruga, Dios le ayuda», debió de pensar la propia Carmena -para no encontrarse después con sorpresas quizás mayores y con situaciones imprevistas, como les ocurrió a otros-, rauda y veloz, tan sólo dos o tres días después del domingo electoral, mandó un correo al buzón online de una persona del equipo directivo de Bankia para solicitar audiencia. Y tuvo rápida respuesta. El propio presidente, José Ignacio Goirigolzarri, la recibiría, ¿por qué no?, en la sede central de la entidad nacionalizada, en el Paseo de la Castellana de Madrid. La cita, a las 13:00 horas, del pasado miércoles, 3 de junio. Un encuentro al que Carmena acudió puntual acompañada de su número 9, Marta Higueras (cuyo currículum da pistas del porqué fue a la reunión con Carmena: fue jefa de sección de la oficina judicial en el Consejo General del Poder Judicial; impulsora de la oficina de mediación de la vivienda; directora de Justicia en el Ejecutivo socialista de Patxi López en el País Vasco; y hasta ayer mismo como quien dice trabajadora en el Tribunal de Cuentas en una sección de enjuiciamiento). Cuarenta y cinco minutos de charla, cordial y amena, dicen, en la que la candidata madrileña, muy agradecida por ser recibida con tanta premura, tomó «simplemente agua» mientras le preguntaba al primer ejecutivo de la entidad financiera española sobre su visión en materia de vivienda de la ciudad. A su salida, ante los medios allí citados, y como si de una rueda de prensa «improvisada» se tratara, en plena Castellana, Carmena se sentía satisfecha con la reunión: «Cuando dos personas que están empezando a conocerse expresan el deseo de escucharse es que hay una actitud importante para buscar acuerdos», resaltó.

A partir de aquí, habrá más reuniones, sí. Pero en el caso, claro está, de que la candidata de Ahora Madrid sea la alcaldesa de la capital, con el apoyo de otra formación política. ¿Y con otros bancos? Bueno, al final, no parece que a la «jefa» municipal le importe mucho el resto de entidades financieras. De momento. Repito, de momento. Más que nada porque en su programa lo que recogía, como medida prioritaria, era la opción de crear un banco público madrileño (municipal-regional), al más puro estilo de las antiguas cajas de ahorros. Algo que resulta cuanto menos paradójico, dado que Bankia está como está como consecuencia de haber sido un compendio de excajas dirigidas de forma desastrosa. De hecho, simbolizó el desastre de una gestión financiera politizada y manirrota que colocó en 2012 a España, aplastada ya por la crisis económica, contra las cuerdas de la bancarrota. Y recuerden, sólo un rescate a la desesperada de 23.000 millones de euros evitó la quiebra de una entidad financiera con diez millones de clientes y casi 200.000 millones de euros en depósitos. Hoy, Bankia es otra cosa… ¡Gracias a Dios! Bueno, y a Goirigolzarri y su equipo directivo. Pero Carmena llevaba la lección aprendida a su encuentro. No en vano, con anterioridad, un día después del domingo electoral, se había reunido con otra persona clave para centrar la amistosa charla con el financiero: con Francisco Javier Vieira Morante, presidente del Tribunal de Justicia de Madrid, para agilizar su medida estrella, el fin de los desahucios, y conocer de primera mano de qué manera las administraciones públicas se pueden involucrar en los problemas de vivienda de los ciudadanos.

Y para la «futura» alcaldesa madrileña una buena idea será crear una oficina de intermediación para garantizar que las personas desahuciadas por orden judicial puedan acceder a otra vivienda. Y, tal cual, se lo trasladó a «Goiri». Un plan que no implicaría, sin embargo, el fin de los desahucios -lo que significaría un «paso atrás» en su propuesta inicial- y que, por cierto, el resto de la banca tiene ya interiorizado como más que posible. Esta oficina, que Carmena visualiza que podría estar en funcionamiento antes de otoño en caso de convertirse finalmente en alcaldesa, será el nexo entre las familias que hayan perdido su vivienda o estén en riesgo de hacerlo y las entidades. Así, canalizará las peticiones de vivienda a través del fondo social de pisos que ha aportado el sector financiero dentro de la ley de segunda oportunidad. Pero sólo eso, porque de la creación de un banco público regional, imponer tasas que penalicen la acumulación de viviendas con fines especulativos en manos de entidades financieras u obligar a los bancos a pagar una tasa por sus cajeros automáticos no le dijo «ni mú». Quizás no era el momento. Ya habrá ocasiones más adecuadas. Seguro. Primero, ser alcaldesa, si no…

Carmena buscaba, desde luego, buenas relaciones con el presidente de la que podría ser una entidad pública al servicio del ciudadano y revertir la intención del Gobierno central de privatizarla. Mejor así que no entrar como «elefante en una cacharrería», como pretendía el líder de Podemos, Pablo Iglesias. Ya que él, sí, tenía intenciones claras de futuro para Bankia, todo ello escrito en un documento titulado «Una banca pública, con finalidad social y bajo control democrático», en el que se exige que se detenga y se revierta el proceso de privatización de la entidad para constituir un banco público de carácter estatal, cuya gestión esté participada por el Estado, la Comunidad y el Ayuntamiento. ¿Les suena, no? Mejor, dar marcha atrás en el programa. A veces incumplirlo, evita el desastre. Y la experiencia, en este caso, es un grado.

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