Mandela y los maquillajes chanantes

Mandela y los maquillajes chanantes

Publicado por el ene 25, 2014

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Mandela: Del mito al hombre es un biopic al uso, que no pasa de correcto, que apenas logra emocionar, algo grave teniendo en cuenta el potencial emotivo que maneja. No es de extrañar que no se vaya a comer una rosca en los Oscar.

Pero hablemos de su principal defecto: el terrible, pésimo trabajo del equipo de maquillaje para convencernos de los efectos del paso del tiempo sobre la fisonomía de Idris Elba. El resultado es de lo menos logrado que se ha visto en mucho tiempo.

Así, a bote pronto, acuden a la mente recientes fiascos en esto de simular el envejecimiento, tales como J. Edgar :

 

Viejo J Edgar Hoover

O El curioso caso de Benjamin Button:

Viejo Benjamin Button

Al menos Brad Pitt se tira un aire al Marlon Brando de El último tango en París. Lo que le hicieron al pobre Leo… sin comentarios.

Pretender que el mismo actor encarne a un personaje a lo largo de un amplio arco temporal entraña este tipo de riesgos. El viejo Mandela parece escapado de un “Celebrities” de Joaquín Reyes. Pelo blanqueado, sí, capa de “cemento”, vale, pero mínima credibilidad y máxima risión.

En el debe también hay que apuntar al propio Idris Elba, que es un actor como la copa de un pino, pero que también podría haber puesto un poquito de su parte. ¿Cómo? A uno se le ocurre que perdiendo unos cuantos kilos, por aquello de no ver a un supuesto anciano de 70 años hecho un mulo.

Idris tiene un físico portentoso, el hombre es un toro, su volumen triplica (como poco) el del auténtico Mandela. De modo que, en algún punto del rodaje, o él o su director o alguien deberían haberse planteado alguna clase de dieta para disimular ese físico de armario ropero que tan bien funcionaba en The Wire o Luther, pero que en Mandela no pega ni con cola.

Porque parecerse a Madiba, lo que se dice parecerse… como un huevo y una castaña. Admitida la evidencia por el propio Elba, quien explicó que, en consecuencia, se batió el cobre para reproducir con la máxima precisión el acento y la forma de hablar del Nobel. El resultado es impecable, en palabras de la propia Winnie Mandela.

Así que Elba habla como Mandela y hay que hacer el ejercicio de aceptar que, en esta película, mide 2 metros y tiene una espalda de estibador. Pero lo del maquillaje es de juzgado de guardia. E Idris no lo compensa ni caminando envarado ni moviendo apenas los músculos de la cara.

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