La (¿demasiado?) vertiginosa carrera de Jennifer Lawrence

La (¿demasiado?) vertiginosa carrera de Jennifer Lawrence

Publicado por el nov 22, 2013

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Jennifer Lawrence tiene 23 años, un Oscar y una candidatura, rueda cintas independientes con directores de prestigio, forma parte de dos mega-blockbusters y es, sin discusión, una estrella del cine. Es decir: podría retirarse mañana mismo y habría conseguido más que el 90 por ciento de sus compañeros de Hollywood.

Por ahora, no hay señales que apunten en esa dirección. Todo lo contrario. La carrera de Jennifer avanza imparable. Su cotización sube y sube, destrozando cualquier gráfica, y ha llegado a ese punto en el que se convierte en noticia incluso por haber cambiado la melena por un nuevo peinado rubio y más corto. Hoy se estrena la segunda entrega de la saga Los juegos del hambre, que lleva por título En llamas. Es el producto de consumo masivo entre críos y adolescentes (y alguno más talludito) que ha sabido ocupar hábilmente el vacío que ha dejado el fin de las entregas de Harry Potter.

A Jennifer, rebautizada como J-Law (otra señal de su estatus de estrella), le preguntaron nada más ganar el Oscar si no sentía que todo iba demasiado deprisa en su vida. Estatuilla en mano, entre perpleja y divertida, la actriz, que se caracteriza por su buen sentido del humor y su carácter desacomplejado, más natural que buena parte de sus colegas, respondió que no era algo que le hubiera preocupado… hasta ese momento. Pero, añadía entre risas, empezaría a hacerlo “gracias” a la interpelación del periodista.

La pregunta sobraba en un momento de euforia y celebración pero la duda es razonable. En un par de años la veinteañera Jennifer pasó de ser una casi completa desconocida a arañar las puertas de la fama con su candidatura por Winter’s Bone, que no dejaba de ser una cinta pequeñita, indie, donde ella, para más inri, aparecía fea (todo lo fea que ella es capaz de aparecer) y cubierta por una capa de mugre, desvivida por sostener a su familia en uno de los entornos más deprimidos de USA. Aquello fue un aviso. El aldabonazo que derribó para siempre la puerta dorada llegó con El lado bueno de las cosas: papelón y Oscar. El premio que justificaba toda una carrera cuando la suya apenas empezaba. El sueño que tantos y tantos jamás pudieron convertir en realidad.

Jennifer parece blindada gracias a una cabeza bien amueblada y su absoluta falta de apetencia por esa vida disoluta a la que suelen entregarse las estrellas del celuloide. Tiene los pies en el suelo. Da la sensación de que ni Los juegos del hambre ni X-Men, donde su papel es secundario, han conseguido cambiarla. Su habilidad para alternar estas macro-producciones con papeles de mayor fuste es envidiable. Tan pronto se enrola en estos artefactos diseñados para vender millones de entradas, kilos de palomitas y litros de refrescos como se pone a las órdenes de David O. Russell y rueda American Hustle junto a Christian Bale, Bradley Cooper y Robert De Niro.

Como si alguien hubiera dejado el dedo sobre el botón de FF, Jennifer quema etapas a una velocidad supersónica. Lo que otros tardan décadas en conseguir, ella lo obtiene en años. La lógica indica que llegará un punto en que todo se tranquilice. Un momento que, por ahora, no se adivina. Ella sigue en lo más alto, en la cresta de la ola. Aunque un poco de cautela no está de más. Para no terminar, como el título de su último bombazo, quemada por las llamas furiosas de Hollywood.

(Foto: Reuters)

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