Ryan Gosling y el cliché del chulo silencioso

Ryan Gosling y el cliché del chulo silencioso

Publicado por el nov 5, 2013

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Los casos de actores encasillados son tan viejos como el negocio del cine. Al pobre Johnny Weissmüller le persiguió Tarzán hasta la tumba. Ejemplos hay para aburrir. Lo que no es muy frecuente es que acabe encasillado un actor tan versátil como Ryan Gosling. El canadiense es uno de los mejores de su generación. Y aún está a tiempo de seguir demostrándolo y de salir de la espiral de papeles demasiado similares en la que ha entrado en el último par de años.

En Sólo Dios perdona, estrenada el pasado viernes, reincide en un perfil que viene repitiendo con demasiada frecuencia: el del personaje chulo y silencioso, tan “cool” como poco amigo de las parrafadas. Ése que funcionó tan bien en Drive, que repitió con acierto en Cruce de caminos pero que en Sólo Dios perdona no convence porque tampoco convence la película. En la filmografía previa de Gosling no faltaban papeles sin grandes alardes de diálogo. Véase, especialmente, Lars y una chica de verdad; y en menor medida, Half Nelson (fue candidato al Oscar).

Cierto: Gosling ha alternado estos roles con otros más parlanchines. Hablaba, mucho y bien, en Los idus de marzo, y era el rey “comiendo orejas” en Crazy, stupid, love. Pero de un tiempo a esta parte la mayor parte de sus interpretaciones parecen sacadas de un mismo molde. Es el precio a pagar por haber encarnado a un tipo tan fascinante como el protagonista de Drive. Todos quisimos ser ese conductor que pone su pericia al volante al servicio de la chusma; con la chupa con el escorpión bordado y el palillo entre los dientes; sin decir una palabra más de las estrictamente necesarias; con su férreo código de honor, un moderno caballero andante en un Los Ángeles como nunca había sido fotografiado.

Lo llamativo es que en Cruce de caminos, donde el coche era sustituido por la moto, y la chupa por las camisetas acuchilladas, hablaba todavía menos. Hasta llegar a Sólo Dios perdona, donde se diría escapado de un anuncio de Dolce & Gabanna, tan impecablemente vestido, incluso en las escenas de peleas, como austero en líneas de diálogo. Problema: a diferencia de Drive, el guión no trabaja lo suficiente el personaje para justificar tamaña economía de lenguaje.

Clint Eastwood reconocía, sin problemas, que pedía frases cortas en sus películas. Que así se sentía más cómodo. Pero Gosling no es Eastwood. De vez en cuando se agradecen los homenajes al Delon de Le samourai, máxime cuando uno es tan bueno como para soportar el peso de un filme sin soltar grandes discursos. Pocos, ahora mismo, soportan tan bien un plano como Gosling. Pero que no se convierta en la norma. Que no venga un director tras otro, alguno por partida doble, a llevar al canadiense de regreso al cine mudo. Que nos dejen disfrutar también con Ryan en otros formatos. No vaya a ser que el cliché acabe apagando su estrella.

(Foto: página en Facebook de “Only god forgives”)

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