El quinto poder

Publicado por el oct 20, 2013

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Era de esperar, por parte de Bill Condon, un esfuerzo (y no pequeño) por inyectar emoción y alma a su aproximación a un tema, la irrupción de Wikileaks como el gran revelador de secretos global, que de por sí tiende a dejar frío a un porcentaje más bien alto del público; salvo, quizás, aquel con un consumo muy elevado de información y apasionado por sus entresijos. Ese esfuerzo se queda corto. Y por eso El quinto poder (The fifth estate) es una película que deja al espectador tirando a frío, tibio en el mejor de los casos.

No es una mala película. Tampoco excelsa. La sostiene un puñado de muy buenos actores, con Benedict Cumberbatch a la cabeza. Descubierto por la serie de la BBC Sherlock, Cumberbatch es uno de los mejores de su generación, y lo demuestra clavando un papel que, mal gestionado, podría haber caído en el terreno de la parodia, sino en el ridículo. Pero ocurre que Cumberbatch es muy bueno y nunca existe el riesgo de vernos abocados a eso que los chanantes acuñaron bajo el sello “Celebrities”. Sale más que indemne del reto de ponerse en el pellejo de un fulano tan rarito como Julian Assange, y si bien el parecido físico no es grande, sí lo es la capacidad de B. C. para creernos al personaje. Desde luego, en el plano vocal (imprescindible la V. O.) el trabajo es sencillamente impecable.

Junto a Cumberbatch, Brühl cumple, aunque no brilla como en Rush, pero es David Thewlis, más conocido por el gran público por su paso por la saga Harry Potter, uno de los que acaban robando más escenas con su estupenda interpretación de un periodista de The Guardian. Veteranos como Laura Linney y Stanley Tucci tienen gran parte de culpa en que el tinglado se sostenga y, en definitiva, en que nos creamos lo que estamos viendo.

La cinta arranca con el momento en que Assange comienza su colaboración con Daniel Berg, informático alemán que llegó a ser su más estrecho colaborador hasta que las discrepancias entre ambos se hicieron demasiado insalvables. Básicamente asistimos a la conversión de Wikileaks de una página para frikis de las conspiraciones a una bomba atómica capaz de hacer tambalearse a los gobiernos de medio planeta, incluido el de Estados Unidos. Hoy Assange vive recluido en la embajada de Ecuador en Londres; la cinta termina justo cuando se inicia la reclusión. Pero da tiempo, en las algo más de dos horas de metraje, para conocer las motivaciones y bambalinas del proceso y de su impulsor, quien ha rechazado, por supuesto, la película por, asegura él, faltar a la verdad. Tipo extraño, ególatra y manipulador, este Assange, el menos según lo que se nos cuenta. ¿Un héroe embarcado en una misión o un autista demasiado enamorado de sí mismo? El espectador debe ser quien juzgue.

El problema con el que lidia El quinto poder, y que no acaba de resolver, es que cuesta conectar, empatizar con alguno de los personajes y, en consecuencia, implicarse a fondo. Sí, lo fácil es tomar el bando de Daniel, frente a la creciente e irrefrenable obcecación de Assange, pero ese rechazo no genera una gran afinidad emocional. Digamos que El quinto poder se queda muy lejos de lograr lo que alcanzó Todos los hombres del presidente: que jaleáramos a los intrépidos periodistas que destaparon el escándalo del Watergate y derribaron a Nixon. Aquí no está tan claro quién es el bueno y quién es el malo, y esa ambigüedad moral acaba poniendo las cosas demasiado cuesta arriba. Llega un punto en que se acumula demasiada jerga informática y periodística, en que cansa un poco tanta escena de tíos trasteando con portátiles, hablando de servidores, valorando la delgada línea que separa la fidelidad a unos principios de los daños colaterales de revelar nombres de personas en puestos sensibles. De nuevo, aunque las comparaciones son odiosas: qué diferencia con La red social, donde Fincher consiguió que siguiéramos como un thriller la historia de unos tíos que se pasaban el día con sus ordenadores.

No es por nada pero si esto lo dice un periodista, al que se supone, y es el caso, un interés en la materia, que pensará alguien alejado del espectro informativo. Ahí está el soberano batacazo que se ha pegado en la taquilla de Estados Unidos. Pero taquillas al margen, que no siempre son termómetros fiables, queda ese poso innegable de que El quinto poder es una cinta con poca alma. Que lo cuenta todo y de forma bastante rigurosa, pero que no acaba de presentarlo con el gancho necesario. Esto, con un elenco de actores sobresaliente, es un debe importante por parte de director y guionista.

Veredicto: 7

Lo mejor: la calidad de sus actores.

Lo peor: las metáforas oficinescas.

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