A Montoro no le gusta el cine español

Publicado por el oct 9, 2013

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Resfriado como andaba el cine español, las palabras de Cristóbal Montoro le han sentado como una neumonía. Un estacazo justo cuando empezaba a asomar un poco la cabeza, con hasta cuatro películas rindiendo bien en taquilla. A saber, Las brujas de Zugarramurdi, Zipi y Zape, Justin y la espada del valor y La gran familia española. En esto sale el ministro de Hacienda y lanza una andanada: que el celuloide patrio se mire al ombligo y haga examen de conciencia, vino a decir, porque parte de su ahogo es por culpa de las goteras que tiene en casa.

En realidad lo que dijo el ministro, de una forma mucho menos barroca, es lo ya sabido: que los achaques no vienen del IVAzo, o al menos no exclusivamente, sino que parte del problema es de calidad. Sí, Montoro sugirió que no se hacen películas lo suficientemente buenas. Y lógicamente su aseveración tuvo el efecto de un pedrusco arrojado contra un avispero. Las aguas ya venían revueltas desde hacía meses, con el sector en pie de guerra por ese IVA al 21 por ciento y una ley de mecenazgo como compensación que no acaba de llegar. Como tampoco llega el pago de las deudas pendientes de anteriores ejercicios (hoy Montoro ha prometido celeridad para calmar los ánimos). Guerra reavivada por la caída de la partida dedicada al séptimo arte en los Presupuestos Generales del Estado. Montoro no ha hecho otra cosa que elevar a ira lo que ya era cabreo.

Lo verdaderamente sorprendente de todo este asunto es que el responsable de un ramo tan alejado de los criterios artísticos como es Hacienda se marque semejante incursión en el terreno de lo puramente subjetivo. Desconocemos en este blog los gustos cinéfilos, si los tiene, del ministro, que tal vez sea, en secreto, un ducho en la materia; pero, como poco, no le corresponde. Si acaso podrá entrar en tan profundos pantanos el responsable de Cultura, a quien se le supone otra formación. Montoro lo argumenta desde la pérdida de espectadores, pero como indica Ignacio Escolar, esa vara de medir no es la adecuada, y siempre se puede contraponer el aumento de las exportaciones de cine nacional.

¿Tiene el cine español un problema de calidad? Sentada la base de que eso no le corresponde al señor Montoro, podemos acudir a distintos termómetros. El de las exportaciones le daría la razón a quienes dicen que no, que nuestro cine no es flojo o directamente malo. La taquilla ya es peor aliada. Sí, en el último par de semanas han coincidido en la cartelera una serie de títulos que han conectado con el público (tampoco con cifras para volverse locos) pero aquí se trata de analizar todo un año y no quedarnos con la bonita anécdota de 15 días. Otro baremo: la presencia en festivales internacionales; escasa tirando a nula. Más: los Oscar, donde llevamos casi una década sin alcanzar el top 5, con una candidata para 2014, 15 años y un día, que cuenta para el grueso de la crítica con remotísimas opciones de llegar lejos en la carrera.

Son solo un puñado de argumentos. Lo que admite poca discusión es que el feeling entre el gobierno, representado por Montoro, y la industria del cine oscila entre lo exiguo y lo inexistente. No es que falte cariño, sino que media un abismo. No conviene olvidar que este mismo año el ministro apuntó a aquellos actores que tributan fuera de España, por más que después matizara sus palabras. El perjudicado directo e inmediato es el sector. Pero en último término lo somos también los espectadores. No es este el mejor camino, ni mucho menos, para que el celuloide español (y aquí intervienen los gustos de cada uno) alcance las cotas deseadas.

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