La irrelevancia del Consejo de Defensa Suramericano

Publicado por el Dec 5, 2016

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√ El capítulo militar de Unasur trata solo de defensa, no de seguridad, por imposición de Brasil y los países del Alba

√ En Centroamérica, en cambio, la Conferencia de Fuerzas Armadas aborda también los asuntos de narcotráfico y crimen organizado

√ Los gobiernos bolivarianos han ideologizado a sus fuerzas militares, con adoctrinamiento político en los centros de formación

 

CDS

El general venezolano Vladimir Padrino preside la reunión del CDS, el 23-34 de noviembre de 2016

 

      Para unos ejércitos que han tenido una historia bien activa, las reuniones del Consejo de Defensa Suramericano (CDS) deben de ser muy aburridas. Porque, si bien en democracia las fuerzas armadas tienen una función restringida, en el caso del órgano creado por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) las cumbres abordan aspectos poco reales y, por tanto, sirven de bastante poco.

En el último encuentro de ministros de Defensa, celebrado hace dos semanas en Caracas, bajo la presidencia del general venezolano Vladimir Padrino, se habló de la «dignidad y soberanía de los pueblos», pero no de asuntos que realmente afectan a la seguridad regional. Por ejemplo, no se trató de los refugiados que están huyendo de Venezuela, ni de la mayor entrada de drogas desde Bolivia a Argentina, hechos que incumben a las fuerzas armadas de los países afectados y sus vecinos, al menos por lo que se refiere a la custodia de fronteras. Cuando en otras áreas del mundo se siente la urgencia de una mayor integración militar (la Unión Europea se ve espoleada por el menor interés de Donald Trump por la OTAN), en Suramérica los ministros de Defensa remarcan su respectiva su soberanía territorial.

BRASIL Y EL ALBA RESTRINGEN LA MISIÓN. El Consejo de Defensa Suramericano surgió en 2008 en el seno de Unasur, que por ese momento también se estaba constituyendo. Brasil impuso al CDS un criterio restrictivo: los ministros de Defensa de la región conversarían sobre asuntos de la seguridad exterior, pero no sobre la doméstica (narcotráfico, contraterrorismo, redes criminales…), algo en lo que los países del Alba estuvieron especialmente de acuerdo. «Eso ha condenado al CDS a ser un foro sin relevancia», afirma el venezolano Boris Saavedra, profesor del Centro para Estudios de Defensa Hemisférica, con sede en Washington. «Los problemas que los países suramericanos tienen no son de defensa, sino de seguridad. No hay riesgo de guerras; los riesgos vienen de las mafias de la droga, del crimen organizado, de los ciberataques. Si no discuten de eso, las reuniones del CDS no son más que un saludo a la bandera».

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Publicación del IEEE de España

¿DEFENSA Y/O SEGURIDAD? Dada la seriedad de esos problemas de seguridad y la dificultad que tienen los cuerpos policiales para afrontarlos, en realidad «las fuerzas armadas del 94 por ciento de los países de la región realizan actividades que se relacionan con la seguridad pública, como la lucha contra el tráfico de drogas, patrullas urbanas, pacificación de zonas violentas, seguridad de grandes eventos, aseguramiento de centros penales, o control de fronteras», según especifica Emilio Sánchez de Rojas, en su contribución para el monográfico América Latina. Nuevos retos en seguridad y defensa, editado por el español Instituto Español de Estudios Estratégicos. En Brasil, ciertamente el ejército tiene menos atribuciones, pero igualmente fue desplegado, por ejemplo, para la seguridad del Mundial de Fútbol de 2014 y de los Juegos Olímpicos de 2016.

TRAUMAS HISTÓRICOS. El investigador brasileño Antonio Jorge Ramalho da Rocha defiende en ese monográfico que Unasur se proponga «distinguir claramente temas de seguridad y de defensa». Por un lado, porque hay que tener presentes las «traumáticas experiencias históricas» que supuso durante la Guerra Fría el empleo de tropas contra enemigos internos; por otro, porque la policialización de las fuerzas armadas genera dudas sobre su misma naturaleza. A su juicio, «el concepto multidimensional de seguridad creado en el seno de la OEA más confunde que aclara el tema. Ejemplifica lo que no se debe hacer para avanzar en la cooperación regional».

MAYOR COOPERACIÓN CENTROAMERICANA. En realidad, donde ha habido mayor cooperación entre países latinoamericanos ha sido justamente donde se ha mantenido esa visión multidimensional de la seguridad. La Conferencia de Fuerzas Armadas Centroamericanas (CFAC) se creó en 1997 y desde entonces ha supuesto un activo foro para la coordinación en la lucha contra la violencia de las maras y el narcotráfico, problemas especialmente acuciantes en su territorio. La CFAC cuenta con la colaboración de Estados Unidos. Lo mismo ocurre con otro ámbito de cooperación militar algo más reducido, el Sistema de Seguridad Regional de las islas del este caribeño.

POLITIZACIÓN BOLIVARIANA. En Suramérica ha habido un doble proceso. Por un lado, se ha reducido la influencia militar estadounidense: menos mandos acuden al Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad (WHINSEC), con sede en Georgia (es el centro de formación que en 2001 sustituyó a la Escuela de las Américas que Estados Unidos tenía en Panamá). Por otro, se ha dado una ideologización de las fuerzas armadas, sobre todo en los países del Alba. Eso es lo que, según Boris Saavedra, está en el origen de la creación del Consejo de Defensa Suramericano. «El CDS está absorbido por la ideología política y los asuntos de seguridad y defensa no funcionan cuando los ideologizas. Es la metástasis ideológica de Unasur, donde los países del Alba tienen una gran influencia».

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