La agenda de Trump para América Latina

Publicado por el nov 14, 2016

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√ Trump es un empresario: el cálculo de beneficios dirigirá su política exterior.

√ En relación con México, puede revisar el NAFTA, pero no planteará su ruptura; con Cuba, intentará arrancar concesiones

 √ Sobre Venezuela, la nueva Administración probablemente esperará a construir su estrategia sobre las próximas elecciones

 

      Antes que demagogo, Donald Trump es empresario. Un empresario de éxito puede hablar con hipérbole para vender, pero a la hora de soltar el dinero siempre es pragmático, porque al final todo se reduce a cálculo de beneficios. Así, es de suponer que a la hora de aplicar sus compromisos más significativos lo hará desde la realpolitik, un posibilismo acorde con lo que él perciba como interés nacional. Se implicará en asuntos que supongan un beneficio; en los demás lo previsible es la pasividad. En esa selección influirá la personalidad del secretario de Estado y, en relación a Latinoamérica, la del subsecretario para el Hemisferio Occidental.

México y Cuba son los países más directamente afectados por el triunfo de Trump; no parece que el nuevo presidente vaya a actuar con urgencia sobre Venezuela ni a modificar los programas existentes sobre Colombia o las naciones de Centroamérica y del Caribe. El resto de Suramérica parece quedar lejos para la nueva Administración.

 

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Trump y el presidente mexicano Peña Nieto en el encuentro que mantuvieron en México en agosto / REUTERS

 

 MÉXICO  Revisión del NAFTA. El progreso económico y social de México es de interés nacional para Estados Unidos, porque eso reduce la presión migratoria y, además, eleva el poder adquisitivo mexicano, haciéndolo apto para los productos estadounidenses. Ciertamente resta posible mano de obra barata a las empresas de EE.UU., pero estas pueden buscar otros mercados laborales, o repatriar su proceso manufacturero, que es lo que Trump pretende. Dado que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés) es pieza fundamental en el progreso del gran vecino del sur, difícilmente Trump lo romperá. Cabe la renegociación de algunos aspectos, que, bien revisados, podrían acabar beneficiando a ambas partes. Lo del Muro en realidad es lo de menos: una frontera está para que nadie se la salte. Trump reforzará la vigilancia fronteriza y puede añadir segmentos a un muro que ya existe en algunos tramos, pero es improbable que los 3.185 km de frontera terminen tapiados.

 CUBA  Arrancar concesiones de La Habana. Restablecer relaciones diplomáticas con Cuba no tiene por qué significar tratar a la isla de modo condescendiente. Trump aceptará probablemente lo primero –una decisión ya tomada por Obama–, pero es previsible que, para facilitar la interacción económica, exija un precio al castrismo. Así, el embargo estadounidense se mantendría si no hay signos de cierta apertura económica (si es el Estado cubano quien se lleva los dólares de los negocios y no la iniciativa privada de los ciudadanos).

 VENEZUELA  Esperar a las elecciones. Una nueva Administración tarda en aterrizar y hacerse con los problemas. Prioriza lo urgente y luego se ocupa de lo demás. Descartado ya, en la práctica, el referéndum revocatorio que podía echar al presidente Maduro y celebrar elecciones de inmediato, se abre un periodo institucional de espera hasta las presidenciales previstas para finales de 2018. Es difícil que, en el diálogo abierto con la oposición, el Gobierno venezolano se comprometa –y sobre todo ejecute– un adelanto de las elecciones para el próximo año. Tal vez esto pudiera ocurrir de producirse una masiva desobediencia civil o una catástrofe humanitaria. En cualquier caso, lo lógico es que la Administración Trump, aunque previsiblemente más contundente en su presión sobre el chavismo, guarde el grueso de su estrategia para el momento electoral.

 COLOMBIA  Ayuda a implementar la paz. A Estados Unidos le interesa una Colombia estable y en paz, en la que el control del Estado abarque mayor territorio y así pueda reducirse la producción de la droga que luego se envía hacia el norte. Mantener la ayuda económica a Bogotá –ahora el orden de $300 millones anuales–, en el marco de un «Plan Colombia 2.0», no debiera ser un problema para Trump. Para facilitar el proceso, además, Estados Unidos tendrá que retirar a las FARC de su lista de grupos terroristas, aunque no está claro que de inmediato suspenda las órdenes de captura contra sus dirigentes por narcotráfico.

 CENTROAMÉRICA  Seguir el plan con el Triángulo Norte. Como modo de combatir la llegada de inmigrantes ilegales a Estados Unidos desde Centroamérica, es de suponer que la Administración Trump continuará con el plan de ayuda al Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador). A raíz de la llegada en 2014 de miles de menores no acompañados de sus padres, Obama comprometió cien millones de dólares para ayudar a esos países a mitigar su situación de violencia y pobreza. El plan se insertó en otro más amplio –Iniciativa de Seguridad Regional para América Central (CARSI)–, que venía de la presidencia de Bush, para la lucha contra el narcotráfico en toda Centroamérica.

 CARIBE  Mantener la iniciativa energética. Para Estados Unidos resulta estratégico que los pequeños países del Caribe no dependan del petróleo venezolano, por lo que previsiblemente Trump recogerá la Iniciativa de Seguridad Energética para el Caribe (CESI) puesta en marcha por Obama. La iniciativa está dirigida a procurar una diversificación de fuentes de energía de las islas caribeñas, incluyendo renovables y plantas para la recepción de gas licuado. Con ello, además, Trump ayudaría a poner las bases para aumentar la exportación de gas estadounidense.

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