El Ortega que viene: predicción de dos exsandinistas

Publicado por el oct 31, 2016

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ORTEGA Y SU ESPOSA, Rosario Murillo, el tícket electoral sandinista: los únicos grandes carteles en toda Managua; los otros candidatos solo tienen afiches pequeños y no siempre a todo color

 

√ El FSLN quiere una supermayoría para afrontar una próxima inestabilidad política y económica

√ Las últimas medidas para limitar el pluralismo buscan desdibujar la práctica de las elecciones

√ El cese de la ayuda de una Venezuela en crisis va a restar margen para la política social clientelar

 

      Un vaciado definitivo de la democracia es lo que cabe esperar del nuevo mandato de Daniel Ortega, de acuerdo con destacados disidentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Sergio Ramírez, que formó tándem presidencial con Ortega durante la era revolucionaria, estima que viene «una situación de poder absoluto, familiar, como el de Somoza» [ver entrevista: «Ortega habrá estado en el poder más que cualquiera de los Somoza»]. Carlos Fernando Chamorro, que dirigió Barricada, el periódico del Frente, recuerda que Ortega ya dijo hace años que no creía en la democracia representativa y que haría todo lo posible para liquidarla cuando regresara al poder [ver entrevista: «Las elecciones no son creíbles, ni libres ni trasparentes»]. Aquí las previsiones de futuro de ambos, en una conversación mantenida en Managua.

PARTIDO ÚNICO, FAMILIA ÚNICA. Después de haber perdido las elecciones de 1990, Ortega volvió a la presidencia en 2006. Desde entonces tomó control partidista de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral, órganos que han avalado fraudes electorales comprobados y un irregular proceso que permitió su reelección en 2011 (la reelección indefinida se incorporó luego a la Constitución). Ortega ha quebrado la institucionalidad de Ejército y Policía y ha llenado las instancias del Estado con simbología sandinista. El último paso, en junio, fue restringir el pluralismo, quitando los escaños al único partido opositor con algo de presencia en la Asamblea Nacional (el Partido Liberal Independiente) e impidiendo a su líder presentarse a las elecciones.

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ABUSO INSTITUCIONAL. Ministerios y otras instituciones muestran pancartas en apoyo de Ortega y su esposa, como esta en el Instituto Nicaragüense de Cultura

 

DESDIBUJAR LAS ELECCIONES. Dado que el FSLN ya tenía mayoría cualificada en la Asamblea y nada hacía prever un revés, ¿qué necesidad tenía Ortega, aun arriesgándose a una denuncia internacional, de asegurarse una mayoría todavía más amplia en las legislativas, convocadas conjuntamente con las presidenciales? Para Sergio Ramírez, el propósito era «quitarle a las elecciones la poca relevancia que pudieran tener»; es decir, «desdibujarlas», como si tras el fin del partidismo también pretendiera acabar con las elecciones. De hecho, no ha habido campaña electoral: ni debates ni discusión de programas. Hay quien interpreta la necesidad de esa supermayoría como modo de garantizar que, desde la vicepresidencia, la esposa de Ortega, Dolores Murillo, puede optar a la sucesión de un modo tranquilo en algún momento del mandato. Pero Ramírez rechaza que Ortega tenga problemas de salud. «Yo no veo que él haya puesto a su mujer para que lo releve en vida», asegura.

INESTABILIDAD A LA VISTA. «¿Por qué Ortega elimina el pluralismo político, cuando no era necesario, pues ya tenía el control de todo? Uno pude suponer que se está preparando para situaciones de inestabilidad para mediano plazo, tanto económicas como políticas», considera Carlos Chamorro, quien tras ser expulsado del órgano del FSLN por diferencias ideológicas dirige desde hace veinte años la publicación online Confidencial, muy crítica con el Gobierno. Chamorro cree que en el terreno económico, Ortega va a seguir con su sistema mixto de autoritarismo con acuerdos con los empresarios, para incentivar la inversión y el crecimiento: «va a apostar a fondo para consolidar e institucionalizar este sistema corporativista que hasta ahora le ha dado muy buenos resultados». Pero «las últimas decisiones han puesto al capital muy nervioso, porque afectan a la imagen del país y al clima de negocios». Aunque este año el aumento del PIB pueda ser del 3%, supone un retroceso de un punto respecto a 2015 y de casi dos en relación a 2014.

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HOMENAJE A CHÁVEZ. El presidente venezolano Carlos Andrés Pérez fue clave en la ayuda a la revolución sandinista, pero a quien se recuerda en Managua es a Chávez

 

SE ACABA VENEZUELA. Además de que el clima de negocios puede verse perjudicado por el autoritarismo, la reducción del precio de las materias primas y sobre todo la perspectiva del fin de la ayuda venezolana, advierte Chamorro, «van a debilitar el crecimiento». El Gobierno de Maduro no está en condiciones de sostener un flujo que ha sido al menos de 500 millones de dólares anuales, un dinero que no entraba en los presupuestos del Estado y que Ortega gastaba sobre todo para fomentar el clientelismo. «Ahora el Gobierno va a tener un poco más de estrechez, menos flexibilidad para manejar su política de alianzas con el capital y ciertos aspectos de la política social», según Chamorro. El exvicepresidente Ramírez advierte que mucha de esa ayuda llegó a través de las cuentas oficiales de Venezuela, por lo que si ese país en necesidad, con Maduro o con otro Gobierno, solicitara la devolución de la deuda, Nicaragua colapsaría.

INSOSTENIBLE A MEDIO PLAZO. A pesar de la fuerza con la que se proyecta Ortega, añade Chamorro, en realidad su régimen es «endeble», porque «se fundamenta sobre los débiles pilares de un centralismo excesivo y de un sistema demasiado personalista, al extremo de no estar manejado por un partido, sino por una pareja o por una familia; esto no es sostenible a mediano plazo». Lo mismo afirma Gabriel Álvarez, profesor de Derecho Constitucional, quien considera que «el proceso de deterioro profundo, progresivo y aún no acabado» que sufren las libertades en Nicaragua «va a poner en peligro a mediano plazo el propio modelo económico de Ortega». «A la vuelta de pocos años», afirma, «vamos a tener una situación conflictiva si Ortega pretende terminar con la democracia, cuya consecución fue lo que acabó la guerra».

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