Brasil pierde su poder blando

Publicado por el Sep 12, 2016

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Ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de 2016 en la ciudad brasileña de Rio de Janeiro

 

√ La nueva etapa de prioridad doméstica va a restarle influencia en el escenario internacional

√ Fallos estratégicos: economía demasiado cerrada y socios equivocados (de la mano de Rusia y China, a los que no critica)

√ En lugar de verse ‘independiente’ de Latinoamérica, debería buscar una mayor integración con sus vecinos de la región

 

      Organizados los Juegos Olímpicos (los Paralímpicos concluyen el domingo), Brasil baja el telón de su ‘gran teatro del mundo’. Ahora se va a tener que concentrar en poner orden detrás de la cortina. Desde que en 2001 nació el acrónimo BRIC, que le ponía al nivel de Rusia, India y China, hasta el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos de 2016, que le convirtieron en centro de la audiencia global, Brasil ha sido en estos últimos quince años un gran escaparate mundial. La nueva etapa de prioridad doméstica de Brasil va a restarle influencia en el escenario internacional.

SIN GOLPE PERO CON TRAUMA. La destitución de Dilma Rousseff no fue ningún golpe, pero el país sí sufre el trauma de una contusión: se ha dado de bruces con sus fallas sistémicas, que le han hecho caer cuando creía haber llegado finalmente a la ansiada condición de potencia mundial. «El presidente Temer va a poder avanzar reformas a corto plazo, pero va a tener muchos problemas a medio y largo», advierte Matias Spektor, de la Fundación Getulio Vargas. La agenda inmediata de Temer pasa por implementar reformas ya consensuadas con antelación y que Rousseff no pudo aplicar debido a su pérdida de capacidad de gestión. «Lo más difícil», según explicó Spektor en la cita anual de la Corporación Andina de Fomento (CAF) en Washington, «es la agenda que hay que empezar a negociar ahora para aplicar el año que viene, que incluye asuntos como la fiscalidad y la deuda pública».

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Libro editado por Brookings Institution

MALOS TIEMPOS PARA LO ‘SOFT’. El libro de Mares y Trinkunas se dedica a analizar si a través del ‘soft power’ o poder blando (la influencia que puede ejercer un país por medios distintos al ‘hard power’, el poder duro de la fuerza) un estado puede llegar a ser hoy una gran potencia mundial decisiva en el orden global. Brasil parecía el país emergente mejor situado para demostrar que eso era posible. Pero el caso brasileño sugiere que «el poder blando puede ser fácil de desperdiciar, especialmente por una economía emergente que no ha resuelto sus problemas estructurales económicos y políticos». Brasil va a tener que esperar, pues como se afirma en Aspirational Power, los acontecimientos internacionales indican que «estamos entrando en una era en la que el poder duro deja a un lado al poder blando».

LOS ERRORES DE BRASIL. Mares y Trinkunas señalan al menos tres fallos en la estrategia de Brasil. Uno: liderazgo sin asumir costes (no aporta fondos para programas que promueve, ni apoya castigar a países que actúan contra ciertas soluciones). Dos: estructuras domésticas que minan su poder (una economía demasiado dependiente de las materias primas; las manufacturas y los servicios, afectados por un exceso de proteccionismo, no son competitivos internacionalmente). Tres: una equivocada estrategia hacia las grandes potencias (desconfianza hacia Estados Unidos, en realidad el gran actor con el que tiene más en común, y asociación con regímenes autoritarios, como China y Rusia). Los autores también atribuyen un error a Estados Unidos en relación a Brasil: para que el orden liberal global gane legitimidad fuera del Norte, debería darse un mayor papel a los países emergentes del Sur que defienden ese mismo sistema (Brasil solo platea algunas reformas).

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SOLUCION: INTEGRACION REGIONAL. El nuevo intento fallido de Brasil de estar en la primera fila de las potencias mundiales debería hacer repensar ciertos absolutos a los brasileños. Como bien les retrata el periodista de The Economist Michael Reid en su libro Brazil, the Troubled rise of a Global Power (2014), los brasileños conciben su país con un «fuerte sentido de excepcionalismo». En ese contexto, las élites brasileñas se ven a sí mismas como parte de la civilización europea, no de la de Latinoamérica, de manera que, «a diferencia de otros países latinoamericanos, Brasil continúa creyendo que puede jugar un papel global independientemente de su región». La estrategia de los gobiernos de Lula y Rousseff  fue ganar peso en Latinoamérica, pero lo hicieron desde la astucia y la camaradería política, sin un compromiso de integración comercial, económica y de inversiones. El resurgimiento de Brasil sería más rápido y sólido mediante un integración real con las economías de sus vecinos: Alemania es el ejemplo.

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