Reparar o reemplazar

Publicado por el ene 6, 2014

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Cuando alguna pieza falla tenemos dos opciones, arreglarla o cambiarla por otra nueva. Con nuestro corazón, cuando nos falla, por causas ajenas a nuestra voluntad o por el mal trato al que le sometemos, nos pasa lo mismo: lo podemos reparar o lo podemos reemplazar. Inicialmente siempre tendemos a la reparación utilizando todos los medios disponibles a nuestro alcance.

Nuestro corazón es una de las máquinas de bombeo más eficaz que existe, ya que es capaz de bombear unos ciento sesenta y cinco millones de litros de sangre durante toda una vida. ¿Qué motor es capaz de realizar tan magna gesta sin estropearse? Hoy las técnicas quirúrgicas son efectivas y seguras a la hora de reparar un corazón, pero siempre que se realicen por profesionales expertos y en el momento adecuado. Sin duda, la cirugía tiene mucho de ciencia y conocimientos y bastante de arte; no olvidemos, que, al fin y al cabo, es una técnica manual y, por lo tanto, artesanal.

Recuerdo que cuando era residente y no estaba en el quirófano ayudando, me gustaba subir a la claraboya de la que disponían algunos de nuestros quirófanos, y desde esa posición privilegiada, observar el discurrir de la intervención. Era como asistir a un concierto de la sinfónica, instrumentos y manos en un ir y venir perfectamente sincronizados bajo la férrea batuta del cirujano, en un silencio casi sepulcral, donde cada uno sabía en el momento exacto que debía entrar, siguiendo la partitura previamente ensayada. Los conocimientos adquiridos durante todos estos años de cirugía cardiaca han hecho que las técnicas de reparación cardiaca ofrezcan unos niveles de garantías inimaginables hace 20 años. Entonces, ¿por qué algunos pacientes operados no van bien? Los motivos suelen ser dos: un acúmulo de factores de riesgo (tabaco, obesidad, hipertensión arterial, diabetes, etc.) que complican el procedimiento y la evolución posterior; o una demora excesiva en acceder al tratamiento quirúrgico con un deterioro importante e irreversible del músculo cardiaco que hace poco eficaz la reparación que se realice. De ahí que, una vez establecido el diagnóstico de la cardiopatía, sin prisa pero sin pausa, la reparación se debe realizar lo antes posible para evitar el deterioro irreversible de nuestro corazón.

Reemplazar el corazón es la única alterativa que nos queda cuando este no es reparable y está indefectiblemente estropeado. Reemplazar es, por tanto, la última oportunidad. Alternativa que, por otro lado, viene limitada por la disponibilidad de órganos. Si bien es verdad que, en nuestro país, y gracias a la ONT ( Organización Nacional de Trasplantes) estamos en una situación privilegiada, no es menos cierto que el número de trasplantes de corazón lleva estancado los últimos 10 años. El proceso de selección del candidato a trasplante es laborioso y complicado y, una vez cumplidos los requisitos necesarios, se debe esperar la llegada del órgano. ¿Y si tenemos que remplazar pero no disponemos del órgano adecuado en el momento preciso? Bueno, siempre existen otras alternativas que son los dispositivos de asistencia o el corazón artificial, pero creo que eso será tema de una próxima entrega.

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