Corazón artificial o asistencia ventricular

Publicado por el ene 6, 2014

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El corazón, al margen de ser una perfecta máquina de bombeo, en muchas culturas se asocia a diversos sentimientos y se utiliza coloquialmente para reforzar actitudes. Conocidas son expresiones como: “Con el corazón en un puño”, que expresa ansiedad; “de todo corazón”, para expresar voluntariedad, o “sin corazón”, para expresar crueldad. Esta última expresión me da pie hoy para hablar de los corazones artificiales y los dispositivos de asistencia ventricular. Ambos términos, aunque similares, son bastante diferentes.

Desde que el hombre es hombre una de sus máximas ha sido diseñar e imaginar máquinas que remplacen a las creadas por la naturaleza. ¿No es el tractor la antigua yunta de bueyes, y los aviones los pájaros mecánicos que surcan los cielos? En el hombre hemos ido poco a poco, reemplazando partes por piezas mecánicas, desde la pata de palo de los antiguos piratas a los más sofisticados dispositivos de siglo XXI. Me gustaría ver la cara de alguno de los arqueólogos del futuro, cuando descubran en algún campo santo de nuestro actual periodo, junto a los huesos del hoy llamado homo sapiens sapiens una prótesis de cadera, una válvula mecánica junto a varios stent coronarios, un marcapasos con sus dos cables, y algún que otro artilugio todavía por diseñar. ¡Qué pensarán del sapiens sapiens!

La idea de remplazar el corazón por una bomba mecánica es muy antigua: en un viejo libro de cirugía se habla de un médico que sueña con un corazón movido por palancas. En la cirugía cardiaca moderna, los primeros modelos aparecen en 1963, en los albores de la propia cirugía de corazón. Pero aquellos no eran corazones artificiales propiamente dichos, eran dispositivos de asistencia ventricular. Esto es, unas bombas artificiales que se conectaban en paralelo al corazón dañado, sin retirar éste, para disminuir el trabajo del mismo y así permitir que se pudiera recuperar. Estos primeros ventrículos artificiales constaban de una bolsa de poliuretano que mediante pulsos de aire se comprimía y expandía, emulando de esta manera los latidos cardiacos. Dos válvulas artificiales permitían el flujo unidireccional de la sangre. Mediante una serie de tubos se conectaban con el corazón y los grandes vasos cardiacos. Los primeros modelos dieron unos resultados pobres, ya que las complicaciones infecciosas y sanguíneas (trombosis y hemorragia) dieron al traste con muchos diseños. Pero los conceptos estaban establecidos y era cuestión de esperar una mejora tecnológica para hacer realidad ese sueño.

Muchos y diversos modelos fueron surgiendo con los años, todos intentando emular la pulsatilidad cardiaca. Es a finales del siglo pasado cuando un nuevo concepto surge. Si lo que necesitamos es mantener un flujo, ¿por qué no utilizamos pequeños motores similares a las turbinas de un avión y nos olvidamos de las válvulas? Así surgen los actuales dispositivos de asistencia ventricular, llamados de flujo continuo. Son más pequeños, caben en el pecho del paciente junto a su corazón, requieren menos energía, y son más biocompatibles. Más de 20.000 de estos dispositivos se llevan implantados en el mundo. En algunas ocasiones, a pacientes que estaban en lista de espera y que no les llegaba el corazón. En otras, a pacientes que sin ser candidatos al trasplante era una opción que les podía mantener vivos, fuera del hospital y realizando una vida cuasi normal. Todavía no están libres de complicaciones y no son todo lo perfecto que desearíamos, pero hemos dado un gran paso cuantitativo y cualitativo y se empieza a considerar a estos dispositivos como una alternativa al trasplante cardiaco, entre otras cosas por la disminución de donantes y el aumento de las enfermedades cardiovasculares.

Entonces, ¿qué se entiende por corazón artificial? En este terreno, las cosas han ido un poco más lentas en el desarrollo tecnológico. Estos corazones emulan al natural, constan de válvulas mecánicas o biológicas y reemplazan al corazón nativo. Es decir, tenemos que quitar el que está en el tórax y reemplazar cada ventrículo por otro artificial. Lógicamente, son más abultados y los sistema de control son más aparatoso y más demandantes en cuanto a energía. A día de hoy se emplean en pacientes que tengan un serio deterioro de ambos ventrículos ( izquierdo y derecho) y sólo en espera de un corazón válido. Hemos acabado el 2013 con la noticia del primer implante de un corazón artificial que aúna dos conceptos, tornillos y células, el CARMAT implantado por primera vez en Paris.

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