Qué poca vergüenza

Publicado por el sep 13, 2008

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Boyero, como Gulliver, agantando la traca de los liliputienses


 


El estupor dejó luego paso al bochorno. La carta que, con el título El País y el cine, publicaban hoy sábado … “y cien firmas más”, encabezadas por José Luis Guerín y por Víctor Erice (evidentemente, no había más nombres de peso, pues en tal caso estarían ahí, encabezando) en la sección de Opinión, es el asunto más ridículo y a la vez ‘peligroso’ que he visto en los últimos meses dentro de este absurdo oficio de hablar de las películas. Los encabezadores, y los que sean, le reprochan a Boyero su actitud en el Festival de Venecia, que ha sido, como la de tantos otros, quejarse día tras día del nivel paupérrimo del cine que encontró este año Marco Müller, más buscador que encontrador de autores. ¿Debería, tal vez, que haber tenido Boyero la actitud contraria, es decir, alabar semejante enjendro?…


También le reprochan que se haya salido de la película de Kiarostami y deducen de ello que les ha faltado el respeto a sus lectores. Kiarostami, que ha hecho películas estimables y algunas excelentes (justo antes de que los “franceses” le convencieran de que es un genio), resulta que presentó fuera de concurso “Shirin”, el contraplano de una película u obra de teatro, que no se especifica. El caso es que fuimos pocos los que aguantamos semejante chorrada (falsos planos de actrices iranís fingiendo “emociones” que ni siquiera se compaginaban con la acción en “off”), y de los pocos, la mayoría nos arrepentimos. Pero, es igual, allá cada cual con su arte y con su tiempo, ahora que irse de eso no es ninguna falta de respeto, es sencillamente sentido común. Y los lectores de un periódico serio le agradecen a su crítico la claridad y la rotundidad, porque así se ahorrarán, llegado el caso, el tenerse que ir ellos mismos de la sala.


¡Qué cosas!… auténticos adalides de la libertad de expresión pidiendo a hurtadillas, o sea, como si no, la cabeza de un crítico al que, en cuanto tengan la menor ocasión (o sea, que le guste algo que ellos hagan) lo señalarán, tal y como ya han hecho anteriormente, como auténtico, libre, claro e insobornable.


En cuanto a algunos de los “y cien firmas más” viven de tirarse el rollo ensartando frases comunes y siempre las mismas (la mirada…, la honestidad… la reflexión…) en un tipo de cine que ellos llaman “línea dura”, y en el que entre algunas cosas estimables, pocas, pero fácilmente reconocibles, lo que abunda es la majadería y el vacío pretencioso, que suelen elogiar con entusiasmo. Me parece muy bien. Y ojalá que eso les reporte millones de euros y millones de amigos. No menciono antes ni más la presencia de Miguel Marías, porque la supongo un error de cálculo, de imprenta, de dirección o de sentido. ¿qué hace un crítico serio y con voz propia increpando a otro crítico por tener su propia voz? A los del coro, se les entiende: viven de eso, pero un solista, ¡Por Dios!


Afortunadamente para la decencia, esa carta sale en un periódico serio que se da cuenta del auténtico valor de su crítico de cine cuando tanto poyuelo pía, pía.

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