En París con aguacero

Publicado por el abr 16, 2008

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Alguien, de refilón, ha invocado a César Vallejo entre los últimos comentarios (me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo…), lo que me permite llegar a mí ahora al final. O mejor, a los finales. Por principio, el final es algo malo, incluso cuando viene maquillado de “happy end”, y es precisamente ese maquillaje (tan propio de la esencia del cine) el que hace a las película adorables (también, en ocasiones, detestables). La Familia Savages es una película casi intolerable por su dureza, gran parte de ella, encima, sutil y angustiosamente disimulada entre los flecos y pliegues de la historia “visible”, por eso a mí me gusta especialmente la pirueta final (no desvelo nada aludiendo a ello, creo) con un futuro maquillado de “happy” pero evidentemente atroz, oscuro: la imagen de un perro arrebatándole unos minutos y unas carreras a su ruina no es más que unos puntos suspensivos en su epitafio; por no hablar del futuro de los dos hermanos.


 


Se baja el telón en el beso final de los dos amantes entregados. Si miráramos por un agujerito de ese telón, veríamos que al poco de ese beso final feliz llegan las primeras gotas de lo que será un catálogo de tormentas.


 


Un ejercicio estimulante y divertido: estirar algunos de los más grandes finales felices hasta que cae el aguacero parisino… El de “Casablanca” (¿es feliz o infeliz?)…, el de ”Con faldas y a lo loco”, cuando se evidencia que hay imperfecciones e imperfecciones…

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