Empezar a lo grande

Publicado por el sep 22, 2012

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Esto está lleno de amiguetes del blog… Me refiero, claro, al Festival de San Sebastián, que ha empezado muy bien, al menos para mí, que me gustan esas películas que mezclan bien la inteligencia con la espectacularidad. “El fraude”, la primera en salir, es un gélido retrato de un personaje, el magnate (aquí, errata de mangante) Robert Millar, y de un mundo, el que vivimos o padecemos. Me gustaría poder enlazar con lo que he escrito para el periódico, pero me temo que no voy a estar entre la oferta gratuita de la web; y por lo tanto, resumo las tres o cuatro ideas en pro de la peli. Es potente, fría y lujosa, Richard Gere no es un tiburón, como fácilmente podría calificársele, sino un tigre de Bengala, y la historia te ofrece ese atractivo rayado de su composición ética mostrándolo en su maldad y en sus fragilidades. Tiene un peculiar recuerdo de “Delitos y faltas” que ni siquiera ha soñado su director, Nicholas Jarecki. Y mantiene una intriga que la crítica optimista considerará “fácil”, pero que nosotros, los equilibrados, sabemos que es muy, muy difícil de mantener, y lo hace con mano muy sutil… Y es lo que tiene que ser, dura pero con la espuma justa entre los dientes, y realista pero también implacable. No es apta para todos aquellos que consideran que el mundo se divide entre buenos y malos.

Hace un rato se proyectó “Blancanieves”, que ha causado, como era de esperar, un enorme golpe de amor y admiración entre los presentes. Se lleva lo mudo, y lo blanco y negro, y se va a empezar a llevar también mucho lo “cañí”, lo “españolazo”, en fin, todo eso por lo que tanto cuesta salir a la calle a decírselo al mundo… Pa’ ser de Bilbao, o precisamente por ello, Pablo Berger, el director de “Blancanieves”, tiene bien claro la estética, el poso cultural y sentimental, el universo tan español, valleinclanesco, buñueliano y hasta orteguiano en el habita su gran película. 

Y a mí también me ha gustado mucho “Argo”, del inteligente Ben Affleck, que recrea con gran habilidad un terrible hecho real en el Irán de los ayatolás justo después de la caida del Sha. Cuando la crisis de los rehenes de la embajada americana, el rescate de seis americanos refugiados de incógnito en la embajada canadiense era crucial… Affleck nos cuenta la historia con una magnífica cantidad de intriga y humor (la pareja John Goodman y Alan Arkin es una bomba cómica en un ambiente donde reírse es de locos). Al final de la primera proyección, y tras una notable salva de aplausos, alguien gritó “¡menuda americanada!”… Y llevaba razón, porque, pudiendo hacer una iranianada, Affleck ha caído en el error de situar su punto de vista en el lado equivocado, y además terminar la peli con unas (probabemente prescindibles) tomas de la bandera americana y de la familia fetén, con lo que eso molesta al progre domesticado. A pesar de una leve falta de sutileza y de algunos planos que sobran por obvios, la peli de Affleck sería un buen modelo a seguir por todo aquel que quiera hacer cine y sea tan listo y buen chaval como él.

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