Abracadabra

Publicado por el Jan 15, 2007

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Hay tantas cosas interesantes en ‘El truco final: el Prestigio’ que podrían perfectamente agotar todo el espacio que se le dedique aquí. A mí, de todas ellas la que más me da que pensar, precisamente, es la que sugiere ese título algo raro, ‘el prestigio’, que es como los magos llaman a la vuelta de tuerca de su truco, a lo extraordinario, a lo difícil y exclusivo.., no a hacer desaparecer la paloma, sino a hacerla reaparecer. Mirado desde el lugar nuestro, de los que no somos magos, yo lo que veo es una genial metáfora de cualquier actividad en la vida: quién llega hasta ‘el prestigio’ en lo suyo; quién ofrece ese punto de excelencia que consiste en reaparecer. Me gusta mucho que una película se apasione en esa búsqueda, y que cuente una historia tan fuerte alrededor de ella.


También admiro de la película de Nolan que aborde un asunto que a mí, personalmente, siempre me ha intrigado: los dos modos tan distantes y contradictorios que existen de abordar una empresa y tener un éxito, tal vez, parecido. Un mago posee el arte de la apariencia, del envoltorio, del encanto y del tesón; el otro posee sólo el arte, el genio, mal envuelto y en dosis ciclotímicas… Tal cosa, aplicada a la vida es tan cierta que da escalofríos pensarla. No digo ya llevándolo, por ejemplo, a la política.


Creo que Nolan expone en ‘El Prestigio’ una teoría sobre la traición que borda lo perfecto. Hay dos personajes, el de los dos ‘secundarios’, Scarlet Johanson y Michael Caine, que creo que trazan con maestría todas las líneas difusas que rodean a ese sentimiento enorme, brutal y a veces tan comprensible que es la Traición. De hecho, cuando termina la película, uno no sabe realmente en qué bando colocarlos. Hay más asuntos, aunque personalmente ya los situaría después porque me parecen menores o más vistos: el doble, el duelo, la venganza…


Existe, a mi juicio, un punto que coloca a la película de Nolan por debajo de ‘El ilusionista’. Es evidente que el motor de la de Nolan es el odio extremo, mientras que el motor de la de Neil Burger es el amor extremo. Si se quiere, no significa nada, pero aunque sólo sea de un modo inconsciente me envuelve más algo movido por el amor que por el odio (¿estaré impregnado de buenismo zapateriano?). Abogo también por la claridad del punto de vista de ‘El ilusionista’, que se le otorga al personaje de Paul Giamatti, lo cual hace más compleja y profunda esa relación que se mueve entre la admiración y el deber. Además, Edward Norton encarna a un mago más imponente (hay momentos de la trama que se muestra como algo demoníaco, en tratos con las ‘fuerzas del mal’), mientras que en la película de Nolan esa posibilidad (que existe, pues es indudable de que hay una línea que se cruza) queda algo desvaída ante lo que le interesa contar: el odio entre ellos. Nolan usa el reverso: diluye su punto de vista, que está en un sitio y está en otro, aunque tiene parecido resultado e intriga pues se lo plantea al espectador mediante una narración no exactamente lineal, por eso me parece necesario que su película se cuenta tal y como él lo hace: de otro modo, sería plana.


Y funciona, según yo lo veo, mejor el tuya-mía entre Paul Giamatti y Edward Norton que entre Hugh Jackman y Christian Bale. Y, alehop, voltereta: creo que está mejor Jessica Biel que Scarlett Johansson. Y cuando digo mejor quiero decir más mejor.


Y este es mi ‘prestigio’ con respecto a la película de Nolan: la he enseñado primero y bien bonita con la mano derecha; la he colocado detrás de ‘El ilusionista’ hasta hacerla desaparecer en mi mano izquierda….. Pañuelo…. Y aquí está de nuevo ‘El truco final: el Prestigio’, una peli tan buena que te inocula algo sórdido sin que lo notes. Un líquido o una sensación que trabaja dentro y te nutre o desnutre según van pasando las horas. Os lo tomaréis a broma, pero me produjo esa noche pesadillas, como cuando un alimento te produce acidez.


Aunque me he alargado, creo que también me he quedado corto. Supongo que a medida de que el debate se deslíe podremos ir aquilatando opiniones. La mía, por si no ha quedado del todo clara, es que es una gran película, digna de su director, pero que, al menos por ahora, no me descabalga de encima la de ‘El ilusionista’.


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