El grave error estratégico de Albert Rivera

El grave error estratégico de Albert Rivera

Publicado por el Jun 2, 2018

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Solo hacía falta ver ayer la cara de descomposición de Albert Rivera en el Congreso, y el lamento a la desesperada que me hacía un diputado de Ciudadanos en el pasillo del Congreso: “¿Pero Paloma, por qué no dimitió Rajoy?”, para darse cuenta del gravísimo error estratégico que ha cometido el líder de Ciudadanos en esta crisis política que ha vivido España.

Quien hace tan solo una semana acariciaba con sus manos la mayoría en las encuestas, en dos días, ha quedado totalmente descolocado en el tablero político y condenado a una posición marginal, solo por una razón: querer apuntarse la medalla de haber obligado a dimitir a Mariano Rajoy y echarlo de la Moncloa por la puerta de atrás.

Pero ese empeño era para hombres más curtidos en las batallas políticas, que actúan con prudencia frente a un ya expresidente, que se la sabía todas. No iba a arrojar su cabeza a los pies de Rivera, como el trofeo a exhibir en los próximos años, para intentar desbancar al PP como primera fuerza del centro derecha español. Se iba a mantener firme hasta el final.

¿Cuál ha sido el error de Rivera en el que hoy coinciden la mayoría de los analistas políticas?, pues en la ya famosa frase, tras conocer la sentencia de la Gürtel: “La legislatura está liquidada” y pedir automáticamente unas elecciones anticipadas porque, evidentemente, le favorecían a él.

Esta frase provocó el pánico en el PNV, que veía cómo se podían evaporar los 540 millones de euros que arañó a Rajoy para apoyar sus presupuestos y sentía en el cogote la amenaza de una victoria de Rivera en las elecciones, el enemigo del “cupo vasco”, que tanto beneficia al nacionalismo vasco.

La frase de Rivera también le valió de resorte a Pedro Sánchez para adelantarse rápidamente y registrar la moción de censura, quizás sabiendo ya que el PNV la iba a apoyar, para proteger sus privilegios. En ese mismo instante, Rivera la había palmado.

Su última baza ya solo era la dimisión de Rajoy, el trofeo a cazar, la bandera electoral que le servía para recorrer España en una campaña que, en ese momento, le beneficiaba. Pero Rajoy, astuto político curtido en mil batallas, decidió resistir como último servicio al Partido Popular y al centro derecha español.

Nadie le garantizaba que, si dimitía, el PNV, que ya le había traicionado, iba a respaldar al nuevo candidato popular. La misma mayoría que iba a apoyar la moción de censura de Sánchez podía tumbar a este candidato. Entregar dos cabezas en 24 horas era ya demasiado. La dignidad del Partido Popular no se merecía ese bochorno.

Y resistió, y su estrategia, si el Partido Popular realizada una renovación serena, sin enfrentamientos internos, puede beneficiarle, y de qué manera, en el plazo de los dos años que restan para las elecciones.

La voz de la oposición, dura y descarnada, en el Congreso será la del Partido Popular con sus 137 diputados, y no la de Rivera con 32. Ciudadanos tendrá que mojarse en todos los temas, sobre todo en los de carácter social: eutanasia, aborto, muerte digna, Ley LGTBI, relaciones Iglesia-Estado, educación concertada, en los que ha tenido una oposición muy alejada de los principios del centro derecha, que, hasta ahora, le pensaba votar. Esta oposición puede empezar a devolver al PP los votos más a la derecha, que habían empezado a irse.

La aparición de un nuevo líder en el PP y la retirada de Rajoy ya no es un argumento para no votar al PP, “los mismos de siempre”, a los que se le relaciona con la corrupción.

Y la figura de Rajoy empieza a emerger como la víctima de la torpeza de un Rivera, que ha provocado, con su actitud, que la izquierda y los independentistas lleguen al poder en España.

Todo ello unido a una gestión de Sánchez y los independentistas que, en un año y medio, puede provocar el pánico en un centro derecha que, por temor, se reagrupe en torno a un PP nuevo, sin relación con el pasado de corrupción, que tanto daño le ha hecho.

Como decían ayer muchos diputados de Ciudadanos, entre la amargura y el shock de ver cómo de un plumazo se han quedado sin sitio en la política española: “Le hemos entregado al PP un relato real para convencer a los suyos”.

Esta es la realidad a día de hoy, pero la política, como hemos visto, en tan solo dos días, puede cambiar totalmente por un error de estrategia propio, o ajeno.

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