Un cerebro estimulado resiste mejor el alzhéimer

Publicado por el mar 7, 2013

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Confirmado, aburrirse es lo peor para el cerebro, como se deduce de un estudio publicado en la revista «Neuron», que asegura que la exposición a un ambiente estimulante y las nuevas actividades puede tener efectos beneficiosos, superiores incluso a la práctica de ejercicio, que se sabe que genera neuronas nuevas, cuando se trata de retrasar la aparición de la enfermedad de alzhéimer.

Dennis Selkoe, veterano en la investigación de esta patología neurodegenerativa, lidera el trabajo ahora publicado y desentraña con su equipo los mecanismos moleculares por los que el desarrollo de nuevas actividades ayuda a proteger el hipocampo, una estructura del cerebro implicada en el aprendizaje y la memoria, de los efectos perjudiciales de la proteína amiloide, relacionada con el deterioro cognitivo que acompaña a la enfermedad de alzhéimer.

Al menos es lo que ocurre en ratones de laboratorio sin modificar genéticamente que son expuestos a los oligómeros de proteína amiloide humana, al parecer un mejor modelo de esta patología que los ratones transgénicos frecuentemente utilizados, según Selkoe, para estudiar lo que ocurre en la enfermedad de alzhéimer esporádica, que constituye el 90% de los casos registrados.

Lo que Selkoe ha descubierto es que las actividades que implican novedad para los roedores, lo que se conoce como un entorno enriquecido, activan un tipo de receptores denominados beta-2-adrenérgicos, que reducen el daño que la proteína amiloide causa en el cerebro. En concreto mejora la potenciación a largo plazo, un mecanismo implicado en el aprendizaje y la memoria, que falla en las personas con Alzhéimer. Además, como como ocurre con el ejercicio, incrementan la produción de nuevas neuronas en el hipocampo. Los ambientes novedosos también producen un incremento en las espinas dendríticas de algunas células del hipocampo. Estas estructuras son las que las neuronas utilizan para comunicarse entre sí, y están disminuidas en las personas con alzhéimer. Esas comunicaciones entre neuronas, denominadas sinapsis, también se ven favorecidas cuando se estimula el cerebro con nuevas actividades.

Y lo más interesante es que este efecto protector podía conseguirse también en los roedores suministrando agonistas beta-adrenérgicos, que no son otra cosa que fármacos de los que se utilizan para el tratamiento de patologías como el asma y la enfermedad obstructiva pulmonar crónica (EPOC). Al parecer, los agonistas betadrenérgicos por si solos, sin la práctica de ejercicio ni actividades cognitivas, ayudaban también a reducir los efectos de la acumulación de la proteína amiloide durante el envejecimiento.

En los ratones, las actividades novedosas aumentan la liberación de noradrenalina, una molécula que actúa como hormona y neurotransmisor y que interviene, entre otras funciones, en el control de la atención. La noradrenalina se forma a partir de la dopamina, que se relaciona con el sistema de recompensa y la motivación. Los receptores betadrenérgicos participan en el aprendizaje y la memoria.

Mayor nivel educativo

Estos resultados están en consonancia con trabajos previos que relacionan el nivel educativo y de actividad intelectual con una mayor resistencia al alzhéimer. Hay estudios documentados de personas que no muestran los síntomas de la esta patología a pesar de que los análisis post-mortem de sus cerebros reflejaban los signos de la enfermedad. Aprender una lengua nueva se ha relacionado también con una mayor protección frente al alzhéimer, precisamente por aumentar la plasticidad en el hipocampo, algo en consonancia con lo ahora descubierto por Selkoe.

Y estos efectos neuroprotectores tienen lugar desde la infancia, como se deduce del estudio. Lo que llevaría a la interesante idea de fomentar en los más pequeños la práctica de actividades nuevas, distintas de la televisión, y la relación con sus iguales, para acumular “reserva cognitiva”, tan beneficiosa para enfrentarse a patologías del cerebro. Pero no todo está perdido si en los primeros años no se ha cultivado el cerebro. El estudio de Selkoe demuestra que los ratones adultos que son sometidos a un proceso intensivo y prolongado (ocho semanas, frente a las cuatro que necesitan los más jóvenes) pueden también beneficiarse de la estimulación cognitiva.

Que la actividad cognitiva junto con el ejercicio es buena para proteger el cerebro en modelos de ratón se conoce desde hace años. Pero la gran novedad de este trabajo de Selkoe publicado en Neuron es que revela el mecanismo por el que esto ocurre y su importancia para restaurar la potenciación a largo plazo, fundamental para que tengan lugar los procesos de memoria y aprendizaje, explica José Luis Trejo, responsable del grupo de Neurogénesis Adulta del Instituto Cajal (CSIC). Y es de esperar que el conocimiento de este nuevo mecanismo pueda también abrir la puerta a otros enfoques en la búsqueda de nuevos fármacos para esta devastadora patología.

 Más info: Lo peor para el cerebro es descansar

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