¿Qué hace el cerebro cuando “estamos en Babia”?

¿Qué hace el cerebro cuando “estamos en Babia”?

Publicado por el May 27, 2013

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Cuando no “pensamos en nada” en concreto y no llevamos a cabo ninguna tarea nuestro cerebro no descansa. Al contrario, muestra más actividad metabólica que cuando realizamos alguna tarea. Este funcionamiento por defecto del cerebro es de gran importancia y está implicado en enfermedades neurológicas que van desde la depresión mayor al alzhéimer.

Un estudio llevado a cabo en la Universidad de California publicado en el último número de PNAS relaciona algunos de los síntomas del alzhéimer con esta “red neuronal por defecto” del cerebro. Y asegura que los altibajos emocionales y el contagio emocional o tendencia a imitar las emociones de las personas cercanas que experimentan las personas con enfermedad de Alzheimer, no se pueden atribuir a un trastorno del estado de ánimo sino que reflejan un cambio biológico en los sistemas neuronales que sustentan la expresión emocional y la regulan. Estas alteraciones están presentes también en el deterioro cognitivo leve, que puede ser la antesala del alzhéimer.

Al parecer, la mayor reactividad emocional tienen su origen en la “red neuronal por defecto del cerebro”, es decir, las regiones que siguen activas cuando estamos ensimismados en nuestros pensamientos, sin realizar ninguna tarea concreta, lo que conocemos gráficamente como “estar en Babia. Curiosamente esta red, que podría equipararse a los “servicios mínimos del cerebro”, disminuye su actividad cuando dejamos de “pensar en las musarañas” y nos concentramos en alguna tarea intelectual y motora.

Cuando nuestra mente divaga, y la red neural por defecto está activa, experimentamos una mezcla de recuerdos, planes de futuro, pensamientos y experiencias personales, lo que se conoce como actividad introspectiva o centrada en uno mismo (de ahí la palabra ensimismarse). Pero en las personas con alzhéimer ocurre justo lo contrario, hay una menor activación de esta red cuando el cerebro no está ocupado en nada en concreto y sin embargo no disminuye su actividad cuando se implican en alguna tarea, como ocurre en las personas sanas.

Se sabe por diversos estudios que estas regiones más activas del cerebro son más propensas a los depósitos de la proteína amiloide asociados al deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer. De hecho el mal funcionamiento de esta red  permite predecir aquellas personas con deterioro cognitivo que desarrollarán alzhéimer. Parece existir una relación entre el depósito de la proteína amiloide  y la incapacidad de esta red para desactivarse durante las tareas. Y, en una especie de círculo vicioso, la activación crónica en la red sería un factor que predispone al depósito de la proteína amiloide que conduce al alzhéimer.

Según el estudio de la universidad de California, cuando esta red neuronal se deteriora se produce un aumento en la actividad de otra red encargada de procesar las emociones. Una conclusión a la que han llegado después de medir en 237 personas “el contagio emocional”, o tendencia a imitar las emociones de las personas cercanas de forma inconsciente, una especie de empatía muy básica que compartimos con muchas especies animales.

De los 237 participantes, 111 estaban sanos, 62 tenían deterioro cognitivo leve y 64 padecían alzhéimer. Todos fueron sometidos a resonancia magnética para medir el volumen de su cerebro. Los resultados indican que las personas con deterioro cognitivo y enfermedad de alzhéimer experimentan un contagio emocional mayor que los controles sanos. Y este mayor contagio emocional se asoció a un menor volumen en el hemisferio derecho de las estructuras del lóbulo temporal importantes para la detección de las señales afectivas y la inhibición de la emoción (giros temporales derecho inferior, medio y superior; polo temporal derecho, hipocampo anterior, giro parahipocampico y el giro temporal medio izquierdo), lo que da lugar a una sobreexpresión emocional.

Estos síntomas emocionales, señalan los investigadores de la universidad de California, se dan entre el  35 y 85% de los pacientes con deterioro cognitivo leve y hasta un 75% de las personas con enfermedad de Alzheimer, con la depresión y la ansiedad como los más frecuentes. Además, pueden ser predictores del curso de la enfermedad: “Las personas con deterioro cognitivo leve que expresan quejas emocionales tienen mayor probabilidad de desarrollar demencia que quienes no presentan tales síntomas. Hay estudios que sugieren que una presentación clínica que incluye declive cognitivo y disregulación emocional apuntan a una enfermedad de Alzheimer incipiente y que los síntomas emocionales pueden presagiar o incluso agravar la progresión de la enfermedad”, explican los investigadores en el artículo publicado en PNAS.

Según los investigadores liderados por Katherine P. Rankin, del centro de Envejecimiento y Memoria de California, la degeneración del hipocampo que tiene lugar en el deterioro cognitivo leve y la enfermedad de alzhéimer provoca un mayor contagio emocional debido a que tiene como resultado una inhibición menos eficiente de las emociones.

Aunque el hipocampo se asocia principalmente a procesos cognitivos como la memoria y la orientación espacial, también está implicado en la emoción. En especial la parte anterior del hipocampo está conectado con el hipotálamo y la amígdala, dos estructuras muy importante en la regulación emocional conectadas a su vez con los sistemas endocrino y autónomo.

En el deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzhéimer las conexiones neuronales implicadas en regulación de la emoción están potenciadas y serían responsables de la agitación, irritabilidad, comportamiento motor errático, desinhibición y euforia.

Además, añaden, el estrés sostenido que experimentan estos pacientes en determinados contextos sociales como consecuencia del mal funcionamiento de la red neuronal de las emociones, puede exacerbar la progresión de la enfermedad. Esto unido una menor eficacia para desenvolverse en determinados contextos sociales y su menor autonomía personal puede contribuir a una mayor reactividad emocional en situaciones estresantes.

El menor volumen de hipocampo se ha asociado con reactividad emocional e hiperactividad de la amígdala en la enfermedad de Alzheimer, pero también en varios desordenes neuropsiquiátricos incluyendo el trastorno depresivo mayor, el trastorno bipolar y el trastorno por estrés postraumático, entre otros, explican los investigadores. El hipocampo, que es está densamente poblado de receptores de glucocorticoides, como el cortisol, la hormona relacionada con el estrés, se cree que inhibe las respuestas emocionales a estímulos estresantes a través del eje hipotalámico-pituitario-suprarrenal, que se pone en marcha cuando el estrés se hace crónico.

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