La relación con los padres, clave para evitar la ansiedad y la timidez

La relación con los padres, clave para evitar la ansiedad y la timidez

Publicado por el Mar 3, 2015

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Los trastornos de ansiedad están entre los problemas más comunes en niños y adolescentes. Ya en la vida adulta, afectan a  casi 1 de cada 5 personas (18%), Los síntomas principales son el miedo y la inseguridad exageradas. Y la evolución natural, si no se trata, es la cronificación y el empeoramiento.

La forma más eficaz de erradicarlos, según un estudio de la Universidad de Waterloo es proporcionar a los bebés tímidos la seguridad que necesitan, y que viene de las personas a las que más necesitan, sus padres. Su trabajo se publica en Child Development.

Los bebés tímidos necesitan tener un fuerte vínculo con sus padres para evitar el desarrollo de los trastornos de ansiedad en la adolescencia, aseguran los investigadores de Waterloo.

Los niños pequeños que reaccionan con inhibición o timidez a nuevas situaciones tienen un mayor riesgo de internalizar los problemas a medida que crecen. Y el riesgo de convertirse en adolescentes con ansiedad social es aún mayor si  los bebés y niños pequeños con un temperamento inhibido tienen además una relación de apego inseguro con sus progenitores, advierten los investigadores.

La teoría del apego sostiene que un recién nacido necesita desarrollar una buena relación con al menos un cuidador principal para que su desarrollo social y emocional se produzca con normalidad. Fue desarrollada por al psiquiatra y psicoanalista John Bowlby después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) le pidió que escribiera un folleto la privación materna.

Un apego seguro se asocia a vínculos parentales cálidos y atentos a las necesidades de los pequeños. Este tipo de relación, que fomenta la independencia de los niños, se asocia a una alta inteligencia emocional y un estilo de afrontamiento adaptativo que favorecen el bienestar.

El apego inseguro, por el contrario, fomenta la baja autoestima, una visión negativa del mundo y la desconfianza en los otros. Los niños con este tipo de apego suelen tener cuidadores con un estilo parental desorganizado e imprevisible.

Este de Waterloo es el primer estudio empírico a largo plazo de la influencia combinada del apego y la inhibición de la conducta como predictores de la ansiedad adolescente. Si bien los investigadores encontraron que la inhibición del comportamiento se asoció con una mayor ansiedad cuando los niños pequeños también tuvieron relaciones de apego inseguro, esta asociación fue especialmente fuerte para los varones. Y los investigadores señalan que se necesitan más estudios para comprender cómo influye el género de un niño en el desarrollo de la ansiedad.

“El mensaje más intresante de este estudio es que los padres que forman una relación segura con sus hijos ofrecen a los pequeños un factor de protección muy importante en su desarrollo posterior”, señalan

El estudio longitudinal, realizado por Heather Henderson del Departamento de Psicología de Waterloo y otros colaboradores en la Universidad de Maryland y el Instituto Nacional de Salud Mental, incluyó 165 adolescentes de 14 a 17 años de clase media-alta que habían sido evaluados periódicamente a lo largo de la primera infancia a partir de los 4 meses de edad, y más tarde, en la adolescencia, habían completado una serie de evaluaciones de ansiedad.

El apego de los niños a los padres se midió utilizando el paradigma de la situación extraña que consiste en ver la reacción de los bebés cuando se separan por un instante de sus madres y luego vuelven a reunirse con ella.

 

Se observó el comportamiento del niño sobre todo cuando volvía  a reunirse con su madre con el fin de formar las clasificaciones del apego. Los niños que rápidamente se acercaron a la madre o figura de apego, se calmaron con facilidad y estaban dispuestos a volver a explorar la habitación fueron clasificados como apego seguro. Por el contrario, los niños que evitaron el contacto, o mostraban enojo y angustia sin consuelo, u otros tipos de respuesta atípica al regreso del de la madre, fueron clasificados como inseguros.

La Inhibición conductual, el otro factor en este estudio, se evaluó en varias ocasiones durante la infancia temprana y media usando observaciones de laboratorio y los informes maternos. Las evaluaciones se centran en el niño y la reacción de este ante objetos, personas o situaciones no familiares. Si responden en repetidas ocasiones por el miedo o el aislamiento social, se clasifican como conductualmente inhibidos.

Según los investigadores, se puede utilizar esta información sobre las primeras influencias para ayudar a corregir el desarrollo de los niños en riesgo antes de que los problemas se manifiesten.

 

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