La ira y la ansiedad dañan el corazón

La ira y la ansiedad dañan el corazón

Publicado por el Feb 24, 2015

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El riesgo de un ataque al corazón es 8,5 veces más alto en las dos horas después de una explosión de ira intensa, según revela una investigación de la Universidad de Sydney que publica el “European Heart Journal. Se trata del primer estudio realizado en Australia para investigar la relación entre los factores emocionales agudos y alto riesgo de episodios cardiacos graves.

“Nuestros resultados confirman lo que se ha sugerido en estudios previos y de forma anecdótica se refleja incluso en el cine: que los episodios de intensa ira pueden actuar como desencadenante de un ataque al corazón”, explica el autor principal del estudio. Al parecer el mayor riesgo de un ataque al corazón no está ligado al momento del enfado, sino que continúa hasta dos horas después de la explosión.

Y qué entienden los investigadores por “ira intensa”, pues lo explican con todo detalle. La emoción se califica como: estar muy enfadado, con el cuerpo tenso, apretando los puños o los dientes, a punto de estallar, enfurecidos, fuera de control, tirando objetos. Si el enfado no llega a esos extremos, el corazón está a salvo.

Lo que más nos enfada

Los desencadenantes de esas explosiones de ira intensa perjudiciales para el corazón son variados: discusiones con miembros de la familia (29 por ciento), discusiones con los demás (42 por ciento), enfados en el trabajo (14 por ciento) o al volante (14 por ciento).

Pero no es lo único que puede maltratar al corazón. Al parecer la ansiedad también pueden hacernos más propensos a tener un ataque al corazón. Cuando esta se dispara, el riesgo de que se produzca un ataque al corazón es 9,5 veces mayor, y como en el caso de la ira, el riesgo continúa en las dos horas después del episodio de ansiedad.

Y es que toda emoción tiene un componente conductual mediante el cual mostramos lo que sentimos para avisar a los demás: expresiones faciales, acciones y gestos, distancia entre las personas y componentes no lingüísticos de la expresión verbal (comunicación no verbal).

Pero estos gestos para expresar miedo, del que surge la ansiedad, o ira, como el resto de las emociones, traen de la mano otro componente fisiológico, involuntario: Temblor, rubor, sudoración, Respiración agitada, dilatación pupilar, aumento del ritmo cardíaco.

Las consecuencias

Y precisamente el mecanismo que asocia estos dos estados con el corazón es ese componente fisiológico que probablemente lleva a un aumento de la frecuencia cardíaca, la presión arterial, el endurecimiento de los vasos sanguíneos y el aumento de la coagulación, todos asociados con el los ataques al corazón, explican los autores.

Pero tranquilos, que no cunda el pánico, no vaya a darle un ataque de ansiedad. La incidencia de estos ataques al corazón desencadenados por la  ira o la ansiedad no sobrepasa el 2%. Sin embargo, si no quiere formar parte de ese 2% intente mantener a raya sus enfados y miedos, porque si llega a extremos incontrolables, las probabilidades de ataque cardiaco se multiplican casi por diez. Y si encima tiene la tensión o el colesterol alto o fuma, el riesgo puede ser mayor.

Los investigadores explican que para situaciones de alto riesgo, como enfado o ansiedad intensos, y además factores de riesgo añadidos, “los beta-bloqueantes y una aspirina tomados en el momento del estallido puede interrumpir el vínculo entre el estrés y el infarto de miocardio. Actualmente estamos reclutando sujetos para un estudio sobre esta opción” indican.

Inteligencia emocional

“Nuestro mensaje a la gente es que tienen que ser conscientes de que una explosión de ira o ansiedad severa puede conducir a un evento coronario, así que considere estrategias preventivas cuando sea posible”, señalan.

De cara a esas estrategias preventivas, no conviene olvidar que la forma en que pensamos determina cómo nos sentimos y eso es válido tanto para los ataques de ira como los de ansiedad. Tal vez convenga pensar que si una situación tiene solución para qué vamos a enfadarnos o sentirnos ansiosos. Y si no la tiene, de nada sirve que nos alteremos.

Así que, cuando esté a punto de estallar, respire hondo, cuente hasta diez y deje que sea su corteza cerebral la que tome el mando de sus decisiones. Y si con eso no consigue calmarse, tómese un tiempo fuera, que dicen los psicólogos, es decir, aléjese unos minutos de la situación que le altera. Volverá después más calmado y su corazón se lo agradecerá.

 

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