Ellos también tienen depresión post-parto

Ellos también tienen depresión post-parto

Publicado por el Aug 19, 2014

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La serie “Terapia de choque” lo reflejaba hace unos días: un afamado corresponsal de guerra de repente se siente inseguro y es incapaz de realizar su trabajo. Acostumbrado a hacer frente a acontecimientos altamente estresantes, el periodista es incapaz de encajar adecuadamente el nacimiento de su hijo, que, inexplicablemente para él, le desmorona. No es un caso aislado ni fruto de la ficción. Ellos también pueden sufrir depresión post-parto, o en este caso, post-nacimiento de su retoño.

En las tres últimas décadas los expertos han puesto de relieve los peligros de la depresión post-parto para las madres, pero desde la Universidad de Kansas advierten que los padres también pueden experimentar alteraciones mentales tras el nacimiento de un hijo. Una experiencia que sin duda es una prueba de fuego. Y más ahora, que los progenitores -ellas y ellos- han de convertirse en “superpadres”. Lo advierte Carrie Wendell-Hummen, una socióloga de la Universidad de Kansas que ha llevado a cabo un estudio sobre los trastornos de salud mental perinatal que afectan a los padres semanas antes, durante y después del nacimiento del bebé.

Tanto madres como padres deben prestar atención a su salud mental durante el período perinatal, en el que pueden producirse otros tipos de trastornos, además de la depresión,” explica. “Ansiedad, trastorno de estrés post-traumático, psicosis o el trastorno bipolar pueden surgir por las circunstancias que rodean al hecho de tener un bebé.”

Durante años se ha atribuido la depresión post-parto en las madres primerizas a cambios hormonales, a pesar de que las evidencias a favor de esta hipótesis son muy limitadas. Wendel-Hummell, sin embargo, resalta un hecho común a ambos miembros de la pareja: “El nacimiento del niño en sí es un cambio importante en la vida y también un factor de estrés, por lo que en realidad hay muchas más pruebas de que esos cambios provocados por el nacimiento son realmente la causa de la depresión, en mayor medida que las hormonas”, destaca.

En su investigación, la socióloga entrevistó a 17 nuevos padres y 30 madres principalmente de Kansas y Missouri. Una muestra no muy amplia que abarcó una gama de progenitores primerizos que iba desde bajos ingresos a clase media. Todos los participantes habían experimentado al menos algún síntoma mental de forma prolongada. Tanto madres como padres en general expresaron su preocupación por los problemas sociales, incluidas las expectativas de la crianza de los hijos, el estrés, problemas para compatibilizar familia y trabajo y las luchas para hacer frente a las dificultades económicas.

Los padres con menores ingresos mencionaban las dificultades para atender las necesidades básicas de su bebé debido a los bajos salarios y la precariedad laboral, así como para asegurar el cuidado del niño, transporte seguro, y vivienda.

“Las madres de clase media a menudo tratan de hacer todo lo posible para compaginar el trabajo y la vida familiar, y los padres tratan cada vez más de hacer lo mismo”, explica la socióloga. “Esta presión puede agravar las condiciones de salud mental, y si el resultado no es perfecto, se sienten como fracasados. Y las madres tienden a internalizar la culpa.” El resultado puede llevar a cualquier de los dos a padecer una depresión, que se manifiesta de forma diferente en función del sexo: ellas se retraen y ellos tienden a mostrarse más hostiles e irritables.

Para atajar estos trastornos, Wendel-Hummell cree que “es preciso mejorar la detección en las últimas etapas del embarazo y en el primer año después del nacimiento del bebé, tanto para las madres como para los padres”.

Por cierto, el periodista del principio pudo hacer frente a su estado de ánimo cuando la psicóloga le enfrentó a los hechos. El miedo que sentía por el nacimiento de su hijo, le dijo, no se le pasaría nunca… Lo sabía por experiencia. Pero se acostumbraría a vivir con él, añadió para consolarle. Y es que el estrés que nos provocan situaciones como estas, depende de los recursos que creamos tener para hacerlas frente. Hace falta cambiar el chip para que sea más llevadero. Al fin y al cabo, nuestros antepasados llevan unos 2,5 millones de años trayendo vástagos al mundo… Incluso sin libros de autoayuda… Y no han sucumbido en el intento. 

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