El vuelo: cuando las drogas pilotan el cerebro

Publicado por el ene 26, 2013

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El vuelo no es la típica película de catástrofes aéreas. Habla más bien de cómo las sustancias adictivas pueden dirigir el comportamiento de las personas, en este caso del experimentado capitán Whitaker, interpretado por Denzel Washington. Intriga cómo un hombre incapaz de dominar su propia vida puede impedir una catástrofe aérea con una arriesgada maniobra haciendo gala de una gran sangre fría. Tal vez su percepción del peligro estaba alterada, porque el cerebro de las personas que habitualmente consumen drogas se modifica. Las drogas lo “piratean” y alteran la capacidad de planificar, evaluar consecuencias e inhibir comportamientos inadecuados. Los circuitos cerebrales se modifican para lograr un único objetivo: buscar la siguiente dosis.

 

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Quien espere ver una catástrofe aérea al uso en “El vuelo”, se sorprenderá al encontrarse en realidad con una catástrofe “humana”. Dirigida por Robert Zemeckis, y protagonizada por Denzel Washington, que interpreta al capitán Whip Whitaker, piloto comercial con una larga experiencia, la película narra la historia de un personaje capaz de salvar un vuelo mediante una arriesgada y poco habitual maniobra, pero incapaz de manejar su propia vida, marcada por las drogas. Como señala John Gatins, el guionista, que ha tardado doce años en ver su idea en la gran pantalla, la película “estudia la personalidad de un tipo que está lidiando con sus propios demonios“. Unos demonios que no son otros que la adicción a la cocaína, el alcohol y otras drogas.

Magistralmente interpretado por Washington, que sabe moverse cómodamente en casi cualquier personaje, el capitán Whitaker plantea al espectador una duda muy razonable: cómo un hombre incapaz de controlar su propia vida, puede pilotar un avión y reaccionar con tal frialdad en una situación trágica en la que el resto de los pasajeros y la tripulación están al borde perder el control. ¿Acaso no está percibiendo el riesgo de estrellarse contra el suelo que provoca el pánico en los demás?

Quizá la respuesta sea no. Su cerebro podría no estar en condiciones de apreciar el riesgo como los demás. La corteza prefrontal, la zona del cerebro encargada de planificar, valorar y tomar decisiones, se ve afectada por el uso continuado de drogas, y en concreto de cocaína, como demuestran diversos estudios. Esas alteraciones se traducen en una menor capacidad para inhibir las conductas inadecuadas y una mayor impulsividad. Tal vez por eso, el capitán Whitaker es capaz de acometer una maniobra que causa aún más pánico en los pasajeros del avión que la propia caída en picado. Cuando le preguntan, durante la investigación del accidente, por qué tomó esa decisión, aclara que fue más bien una intuición y que hubo poco razonamiento en ella. Afortunadamente para él, su intuición esta vez fue acertada.

“No cabe la menor duda de que cualquier persona que vea esta película no pueda evitar sorprenderse al principio de la película, cuando Whip comete todos los excesos posibles y después, al cruzar el umbral de la puerta, se vuelve un piloto de confianza,” comenta Steve Starkey, uno de los productores. “Es un shock. Es un giro que nadie espera, y resultó incluso mejor cuando lo rodó Bob, con un sentido del humor inesperado”.

Si sorprendente es la escena de aterrizaje del avión que tiene lugar al inicio de la película, inspirada en el contacto del guionista con experimentados pilotos navales cuando trabajó como consejero para el ejército estadounidense, no lo es menos la fidelidad con que plasma algunos detalles asociados al consumo de drogas, porque también están inspirado en su propia experiencia. Y es que los demonios de Whip Whitaker en la ficción no son más que la proyección de los que en la realidad persiguen a Gatins, como él mismo confiesa. “Parte de mi vida personal se hizo con un hueco en el guión. Para mí fue un ejercicio de análisis de mis propios problemas y demonios, que he tenido a lo largo de mi vida, y de cómo se relacionan con este personaje que se encuentra en medio de un acontecimiento extraordinario,” dice. De ahí que “El vuelo (Flight)”, acabara siendo mucho más que una simple película del género de catástrofes, cuando incluyó detalles de su propia experiencia.

Ese realismo lleva a Denzel Washington, concienzudo en su trabajo hasta el punto de recibir clases de adiestrados pilotos en un simulador de vuelo antes del rodaje, a interesarse también por la experiencia de Gantis: “Entiendo que has investigado sobre todos los aviones que se han estrellado y lo que podría ocurrirle al avión en nuestra película, pero lo que realmente quiero saber es tu historia personal, cómo llegaste a esto, y cuál es tu situación en lo que concierne a la adicción“, le dijo a Gatins. “Tuvimos una conversación muy abierta. Fue increíble en ese sentido”, destaca el guionista. Whasington bebió de la experiencia de Gatins dando gran realismo a sus escenas: “La película no intentaba hacer un crítica de las aerolíneas ni los pilotos. No trata tanto del vuelo como de la adicción, por lo menos en lo que se refiere a mi personaje. Podría trabajar en correos, pero pilotar un avión supone una situación dramática más intensa. La adicción y la negación son la misma cosa”, señala Whasington.

Cambios en el cerebro

Ya sabemos lo que pasa por la mente de Washington cuando interpreta a un piloto adicto a la cocaína, pero ¿qué pasa en el cerebro de un adicto más allá de la ficción cinematográfica? Para empezar, las drogas “pilotan” el cerebro. Se apoderan del sistema dopaminérgico de recompensa, que nos ayudan a sobrevivir y a disfrutar de los pequeños placeres de la vida, y lo vuelven incapaz de responder a casi nada que no sea la continua búsqueda de una nueva dosis de droga. Las sustancias adictivas utilizan los mismos mecanismos cerebrales que los llamados reforzadores naturales (como la comida, el agua o el contacto sexual), que nos ayudan a adaptarnos a nuestro entorno,  y los pervierten.

Este pirateo del cerebro lo logran las sustancias adictivas manejando a su antojo el neurotransmisor dopamina principalmente en el estriado, una región del cerebro capaz de integrar la información procedente de otras regiones del cerebrales y del exterior. El estriado forma parte de los núcleos basales, que además de una función puramente motora, están implicados en la totalidad de los comportamientos dirigidos a objetivos, incluyendo las emociones, motivación y cognición. Podría decirse que son los que nos mueven en el sentido literal y figurado (motivación).  

En condiciones normales, la cantidad de dopamina liberada en estas zonas del cerebro informa de cuándo hay algo apetecible que lograr. También se libera dopamina cuando esperamos obtener una recompensa o tenemos algo que aprender relacionado con nuestra supervivencia. Esta molécula está ligada también al enamoramiento. Su liberación ha de ser precisa para que el cerebro pueda distinguir estos distintos matices. Pero las drogas inundan el sistema de recompensa que se vuelve así insensible a cualquier otro estímulo placentero. Provocan en el cerebro una señal errónea que indica que la recompensa obtenida con las sustancias adictivas es siempre mejor que la que se había previsto. Incluso cuando el efecto subjetivo después de su administración sea menor que la expectación creada.  

El poder de una imagen

Con el consumo habitual se consolida el hábito de búsqueda desesperada, que pervive incluso mucho tiempo después de haber abandonado las drogas. Y es que, como muy bien ilustra la película, cualquier objeto o lugar relacionado con el consumo de drogas es capaz de despertar un ansia incontenible por consumirlas con urgencia. Es lo que le ocurre al capitán Whip Whitaker en varias ocasiones a lo largo de la película. Inmediatamente después del accidente, cuando se refugia en la casa paterna, lo primero que hace es deshacerse no sólo de drogas y alcohol, sino de todos los objetos se lo recuerdan, repartidos por los lugares más insospechados. Es lo que los psicólogos denominan control de estímulos, que consiste en evitar todo lo que recuerde de cualquier manera la adicción.

Este efecto que las imágenes que recuerdan la adicción tienen entre los consumidores habituales hizo durante un tiempo que las primeras campañas publicitarias para disuadir del uso de las sustancias adictivas surtieran el efecto contrario al deseado. Habitualmente se utilizaban como reclamo toda la parafernalia de objetos relacionados con la droga: papelinas, jeringuillas, agujas… En las personas que trataban de dejar atrás su adicción, la visión de estos carteles provocaba la necesidad imperiosa de volver a probar la droga. De ahí que en la actualidad las estrategias publicitarias no muestren ninguno de estos objetos.

Una historia narrada de forma paralela muestra, al inicio de la película, el poder de esos estímulos con una imagen reforzada por la cámara lenta, en la que una jeringuilla sale de una caja que cae accidentalmente y hace que Nicole (interpretada por Kelly Reilly), cambie sus planes de fumar la dosis que acaba obtener y decida inyectársela, lo que está punto de costarle la vida. Y es que las drogas que tienes efectos más inmediatos son las más adictivas. Y al inyectarla tiene un efecto más rápido que cuando se fuma. Y esos cambios rápidos en el cerebro son los que proporcionan mayor sensación de placer.

Estrés

Los esfuerzos de Whitaker por intentar salir de su adicción sin ayuda son baldíos. Las complicaciones del caso en el que se halla inmerso y el estrés que le suponen, le hacen recaer. Y es que, el estrés, como los estímulos asociados a las drogas, puede desencadenar también la búsqueda de esas sustancias y su consumo. Cuando parece que va a lograrlo, gracias a la ayuda de su abogado y su representante del sindicato de pilotos, vuelve a recaer. El motivo, la visión inesperada, de un minibar repleto de bebidas alcohólicas. De nuevo un estímulo irresistible para él que lleva a ingerirlas hasta perder el control, a falta de otras sustancias más fuertes.

¿Qué falla en el cerebro para que los adictos tiendan a l gratificación inmediata, pese al grave daño que produce la droga en sus vidas y en su cerebro. Las personas con daños en la corteza prefrontal medial tienen dificultades para inhibir las respuestas inadecuadas, controlar sus emociones y tienden a implicarse más en conductas de riesgo. Este comportamiento tiene gran parecido con el de los adictos a las drogas. En ambos casos, la conducta no está inhibida por los efectos a largo plazo, sino que está dominada por la gratificación inmediata, lo que hizo sospechar, que las drogas, como demuestran algunos estudios de neuroimagen, dañan esta zona, que se muestra menos activa. De hecho hay una relación inversa entre el grado de activación de la corteza prefrontal medial y el consumo de cocaína. A mayor cantidad de cocaína consumida habitualmente, menor activación de esta zona del cerebro.

No sólo hay un peor funcionamiento cognitivo en las personas que consume de forma habitual cocaína, también hay anomalías estructurales. La cantidad de sustancia gris en la corteza prefrontal y temporal superior disminuye alrededor de un 10%. La memoria de trabajo, la que nos permite mantener en mente datos necesarios para realizar cualquier tarea, también se ve afectada. Y quizás ahí la fidelidad de la película, que presenta a Whitaker como capaz de manejar un montón de datos importantes en una situación de alto estrés, sea menor.

Comportamiento psicótico

Uno de los muchos efectos perjudiciales de la cocaína es la aparición de comportamientos psicóticos: alucinaciones, delirios de persecución, cambios del estado de ánimo y conductas repetitivas, muy semejantes a los que acompañan a la esquizofrenia paranoide. El uso de cannabis puede también desembocar en un trastorno psicótico porque produce cambios en el cerebro parecidos a los que se observan en personas con esquizofrenia, como comprobaron recientemente investigadores de la Universidad de Bergen (Noruega). Y no se trata de que estos síntomas se desarrollen solo en personas susceptibles de desarrollar un trastorno psicótico y lo precipiten, destacan los investigadores. Su trabajo apunta a que el cannabis mimetiza los efectos de la esquizofrenia en el cerebro en los consumidores habituales.

 Ficha técnica: “El vuelo” tráiler

Estrecho: 25 enero 2013. Duración: 138 min. Director: Robert Zemeckis; Guión: John Gatins; Música: Alan Silvestre. Reparto: Denzel Washington, Kelly Reilly, John Goodman, Don Cheadle, Bruce Greenwood, James Badge Dale, Melissa Leo, Nadine Velazquez, Brian Geraghty, Dane Davenport, Tamara Tunie, Garcelle Beauvais, Alex Frost, Kwesi Boakye, E. Roger Mitchell.

Nominaciones: Oscars: 2 nominaciones: mejor actor (Washington) y guión original;Globos de Oro: Nominado a mejor actor drama (Denzel Washington); Critics Choice Awards: Nominada a mejor actor (Washington) y guión original; Satellite Awards: Mejores efectos visuales. 6 nominaciones

Para cinéfilos: Otra película sobre el tema de la adicción: El hombre del brazo de oro (1955), con una magistral interpretacón de  Frank Sinatra, que da vida a un ex morfinómano que intenta dejar atrás su pasado. Eleanor Parker, Kim Novak y Darren McGavin completan el reparto.

 

 

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