El poder de la mente

El poder de la mente

Publicado por el Oct 1, 2015

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El cerebro humano es extraordinario. Nunca dejará de sorprendernos. Ahí está, por ejemplo, el efecto terapéutico del placebo. Una mejoría basada en sustancia que, careciendo por sí misma de acción terapéutica, produce algún efecto curativo si se  recibe con el convencimiento de que posee realmente tal acción. El poder de la mente… Esta asombrosa capacidad se conoce desde antiguo. En el siglo XVIII los médicos recurrían a prescribir píldoras sin acción curativa cuando no disponían de ningún medicamento adecuado, algo que ocurría con relativa frecuencia. Su intención no era engañar al paciente, sino intentar fomentar en él un proceso curativo natural.

Sin embargo, todavía no está totalmente claro cómo ocurre. Pero sí se sabe que moviliza algunas moléculas que son dianas terapéuticas de los fármacos.

Este efecto sanador natural es la pesadilla de las farmacéuticas, que tienen que competir con él cada vez que lanzan un nuevo medicamento al mercado. Y no es fácil. La selección de nuevos fármacos para el parkinson, por ejemplo, tiene que lidiar con la liberación de dopamina que produce el placebo y que es también el objetivo último de la medicación. En algunos casos hasta el 60% del efecto de los fármacos para tratar el parkinson se debe al placebo. Que el porcentaje sobrepase el 30% de media depende de las expectativas del paciente y del prestigio del médico.

Con la depresión ocurre lo mismo, hasta el 40% del éxito de los antidepresivos descansa sobre el placebo. “Si el 40 por ciento de las personas pueden recuperarse sin medicación, quiero saber por qué”, señala Jon-Kar Zubieta, director del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de UTA. Con su equipo, en el que participa la española Marta Pecina, acaba de descubrir que las personas que muestran un mayor efecto placebo, son capaces también de responder mejor a la medicación. Lo publican en JAMA Psychiatry”.

“Nuestros resultados demuestran que cuando se administran placebo a pacientes con depresión, los que mejoran liberan opiáceos endógenos en regiones típicamente implicadas en la regulación de emociones”, explica Marta Pecina a ABC. Y un mejor funcionamiento de estos mecanismos endógenos llevaría también a una mayor repuesta frente a los antidepresivos. Los opiáceos endógenos actúan como analgésicos naturales y median también la respuesta placebo, como demostró el equipo de Zubieta.

El texto completo puede leerse aquí

Pero lo extraordinario del cerebro va más lejos. En junio pasado, un equipo liderado por el  Nobel Susumu Tonegawa demostró que evocar sucesos pasados que nos hicieron sentir bien es un poderoso antídoto para combatir la depresión e incluso prevenirla. En los malos momentos aferrarse a los buenos recuerdos puede evitar que caigamos en el trastorno del ánimo más frecuente, que se ha convertido ya en la segunda causa mundial de discapacidad. O si ya hemos caído, puede ayudarnos a salir de ese oscuro panorama.

El recuerdo se muestra incluso más eficaz que repetir la experiencia. Y es que nuestra memoria guarda de forma selectiva los sucesos, y en algunos casos lima los detalles menos favorables. Tonegawa lo demostró de forma muy elegante en ratones. Pero una investigación anterior, de noviembre de 2014,  mostró algo parecido en humanos. Psicólogos de la Universidad de Rutgers sometieron a un grupo de voluntarios a resonancia magnética para ver cómo y qué partes de su cerebro se activan cuando nos recreamos en los buenos tiempos. Y vieron que revivir mentalmente experiencias positivas ponía en marcha el sistema de recompensa del cerebro y aumentaba la motivación. El resultado era tan intenso que los participantes renunciaron a recibir una recompensa económica ofrecida a cambio de salir de ese ensimismamiento tan gratificante. Algo que los psicólogos no entendían, porque su recuerdo iba seguir estando accesible después de recibir la recompensa. De ahí dedujeron que revivir tiempos felices, una costumbre en la que caemos con cierta frecuencia cuando el día a día se nos hace cuesta arriba, debía tener una función adaptativa importante. El texto completo puede leerse aquí

Como propone la letra de “El baúl de los recuerdos”, de Karina, volver la vista atrás es bueno a veces y nos permite mirar hacia delante con menos temor. En especial si lo que sacamos del mítico baúl son recuerdos de los momentos agradables que hemos dejado atrás. Este acto tan sencillo y nos ayuda a regular mejor las emociones. Lo mismo que han descubierto en UTA que hace el placebo en la depresión.

Y es que, la mente humana es maravillosa…

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