El estrés también produce fiebre

El estrés también produce fiebre

Publicado por el jun 26, 2014

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El estrés es un proceso fisiológico que se pone en marcha cuando percibimos una situación o un acontecimiento como amenazante o consideramos que desborda nuestros recursos. En esa situación nuestro organismo se prepara para la luchar o huir y lo hace acelerando la respiración y los latidos del corazón para bombear sangre más rápido a los músculos. Además, se produce un aumento de la temperatura corporal, denominado hipertermia inducida por el estrés, una respuesta básica común en los mamíferos, cuyo objetivo es calentar los músculos para que sean más eficaces en la lucha o la huida.

Estas modificaciones son útiles en situaciones puntuales, por ejemplo cuando tenemos que huir de algo o enfrentarnos físicamente a ello. Pero en nuestra sociedad las situaciones que nos producen estrés son habitualmente psicológicas y de larga duración. Sin embargo, la respuesta de nuestro organismo sigue siendo la misma y, lejos de servirnos de ayuda, en este caso ponen en jaque nuestra salud, aumentando el riesgo de sufrir un ictus o un infarto.

Sin llegar a esos casos más graves, se puede producir también una elevación prolongada de la temperatura corporal, conocida como fiebre psicógena, que no responde a algunos de los antipiréticos convencionales y que se acompaña de fatiga intensa. Esta manifestación del estrés se considera una patología psicosomática y no es infrecuente, en especial durante la adolescencia y durante la segunda y tercera décadas de la vida.

Un caso concreto

Desenmascarar esta elevación de la temperatura sin una causa orgánica no es fácil y requiere muchas pruebas, algunas de ellas invasivas, ya que la fiebre es un síntoma común a muchas patologías. Como el caso de una mujer de 51 años, descrito en la revista “Semergen”, que acudió a su médico de atención primaria con una temperatura corporal axilar “que oscilaba entre 38,4-37,3 ºC, de 4 meses de evolución, que le produce astenia intensa inhabilitante”.

“La paciente no tiene hábitos tóxicos, ni contacto con animales, ni ha realizado viajes recientes que puedan explicar el incremento de temperatura”. Las numerosas pruebas realizadas han dado negativas: “hemograma, velocidad de sedimentación, bioquímica con perfil hepático y renal, anticuerpos antinucleares y factor reumatoide, sistemático de orina… Los hemocultivos y la serología para ToxoplasmaBrucella,Coxiella burnetti, citomegalovirus (CMV), virus de Epstein-Barr (VEB), virus de la hepatitis A, B y C, lúes y virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) resultan negativos, igual que el Mantoux. En la radiografía de tórax y ecografía abdominal no se encuentran signos patológicos”.

Al no tener datos orientadores sobre el origen del aumento de temperatura se somete también a una gammagrafía con radioisótopos, tomografía axial computarizada (TAC) toraco-abdomino-pélvica, gastroscopia y colonoscopia que tampoco aportan pistas. Finalmente se le diagnostica fiebre psicógena, que cuadra bien con su actual estado psicológico: “ánimo decaído, pérdida de interés, baja autoestima, tendencia a estar sola e insatisfacción laboral”.

Detrás de la fiebre que ha dado lugar a tantas pruebas médicas se escondía una dificultad para adaptarse a su nueva situación familiar: vive sola y hasta hace cuatro meses (los mismos que dura su hipertermia y su cansancio) su domicilio estaba muy cerca del de su hermana, que ahora se ha trasladado a un piso más lejano… Finalmente, después de un largo peregrinar por distintas consultas un tratamiento combinado de psicofármacos y psicoterapia, con seguimiento en sucesivas revisiones programadas, hicieron que la fiebre y la astenia fueran desapareciendo gradualmente.

Muchas personas con fiebre psicógena, especialmente muchos adolescentes, sufren aumentos crónicos en la temperatura de su cuerpo que duran más de un mes”, explica el doctor Kazuhiro Nakamura, de la Universidad de Kyoto, en Japón. Nakamura ha dirigido un trabajo, publicado en el último número de revista “Cell Metabolism”, que ha identificado los circuitos cerebrales mediante los cuales el estrés puede causar fiebre. “Nuestro estudio ha descubierto un circuito fundamental en la hipertermia inducida por el estrés y ese mecanismo puede ser clave para comprender como se desarrolla la fiebre psicógena. Además puede ser importante para diseñar estrategias para tratarla”, explica.

El circuito cerebral que lo explica

Y lo que ha descubierto junto con su equipo es una ruta capaz de provocar la subida de la temperatura corporal por acción del estrés. Esta vía nerviosa conecta el hipotálamo con las neuronas premotoras simpáticas de la médula espinal, que impulsan la producción de calor a expensas de la grasa marrón, una respuesta automática que tiene lugar en condiciones ambientales frías. En esa ruta hay una escala en el rafe medular rostral.

Gracias a este circuito (hipotálamo dorsomedial- rafe medular rostral- tejido adiposo marrón), las “señales” del estrés emitidas en el hipotálamo pueden llegar a la grasa marrón, donde se induce la producción de calor de forma prolongada. Según los autores, este circuito es clave en la génesis de la fiebre que no tiene una causa orgánica, denominada psicógena.

Se sabía ya el papel de cada uno de los eslabones de esta cadena, pero se desconocía esta conexión ahora descrita. El hipotálamo es una pieza clave en la respuestas al estrés y producen el incremento de la presión sanguínea y la tasa cardiaca, así como la liberación de cortisol, la hormona del estrés. Además regula también la la termogénesis de la grasa marrón, una clase de tejido adiposo que convierte las reservas energéticas en calor, a diferencia de la grasa blanca, que las almacena. Por su parte el rafe medular rostral es fundamental en la fiebre y otras funciones termorreguladoras.

Para llegar a este hallazgo, los investigadores se han servido de los “sufridos roedores”, a los que sometieron a un test de “derrota social”, que consiste en que un ratón es reducido por otro más fuerte, al que debe someterse. Y lo que vieron fue que en la rata “sometida” a la más fuerte, además de la experimentar un aumento de su presión arterial y su tasa cardiaca se producía un aumento de la temperatura.

Esos mismos efectos, incluido el aumento de temperatura, se producían sin confrontación alguna, simplemente activando mediante luz (optogenética) las neuronas de la ruta identificada: bien del hipotálamo dorsomedial o del rafe medular rostral.

Según los investigadores, el estrés que esto les produce a los roedores sometidos es semejante al estrés social que cualquier de nosotros sufriría al enfrentarse con alguien “más fuerte”. Por ejemplo, una confrontación con un superior, que suele saldarse habitualmente con un pensamiento de “el jefe siempre razón y si no la tiene se la damos…”. Esta sensata actitud, sin embargo, nos deja equipara al roedor al sometido, y nos produce malestar psicológico que dispara la respuesta de estrés, que puede originar en algunos casos un aumento crónico de la temperatura corporal.

Así que, según este experimento, el dicho de que a alguien “le hierve la sangre” ante situaciones que le sobrepasan y le producen estrés, parece ser cierta. Cosas del cerebro.

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