El cerebro de los adolescentes en riesgo de abusar del alcohol es diferente

El cerebro de los adolescentes en riesgo de abusar del alcohol es diferente

Publicado por el Jul 2, 2014

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Diferencias en el tamaño cerebral, genéticas y de personalidad logran un 70% de precisión. El consumo antes de los 14, entre los factores de mayor riesgo

El estudio de imagen cerebral más amplio realizado hasta la fecha muestra que se puede predecir el riesgo de consumo compulsivo de alcohol en la adolescencia. Según el trabajo, publicado en el último número de la revista “Nature”, la genética, la historia personal y la función cerebral, junto con otras cuarenta variables, permiten predecir con un 70% de precisión qué adolescentes se convertirán en bebedores compulsivos.

Neuroimagen de la estructura y función cerebral, medidas del cociente intelectual, rasgos de personalidad y análisis sanguíneos a 2.400 adolescentes de 14 años de 8 países europeos han permitido trazar el perfil de riesgo. Una especie de “radiografía” que permite adelantar quienes abusarán del alcohol en un par de años. “ Este perfil de riesgo multidimensional basado en los genes, la función cerebral y las influencias ambientales puede ayudar a predecir el consumo excesivo de alcohol a la edad de 16 años”, explica Robert Whelan, Ph.D., de Universidad de Vermont, el primer firmante del trabajo.

Entre los predictores más importantes de abuso: haber tomado alcohol antes de los 14 años, incluso una sola vez, resalta Whelan. “Ese tipo de conductas de riesgo, junto con la impulsividad que a menudo las acompaña, es un predictor de riesgo importante. Además, aquellos adolescentes que habían sufrido varios eventos estresantes se encuentran entre los que están en mayor riesgo de consumo compulsivo de alcohol”, señala.

Tamaño cerebral

El tamaño del cerebro de los adolescente también aportaba pistas sobre el mayor riesgo futuro de consumo compulsivo. Los adolescentes con cerebros más grandes, son más propensos a beber. Esto que parece un contrasentido tiene una explicación. Durante la adolescencia el tamaño del cerebro se reduce progresivamente, y esto se considera un signo de madurez. De ahí que “ los niños con cerebros más inmaduros – aquellos en los que aún son más grandes – sean más propensos a beber”.

Durante la adolescencia, además de configurarse la personalidad y los lazos sociales, se producen cambios importantes en el cerebro, como la disminución del número de neuronas y conexiones entre ellas (poda neuronal), que se traduce en una reducción de la materia gris, al tiempo que aumenta la materia blanca, que permite una mayor eficacia en la comunicación entre las células nerviosas.

Y es que, la maduración de nuestro cerebro es progresiva y no acaba hasta bien entrada la seguna década de la vida, explica Antoni Gual, Jefe de la Unidad de Conductas Adictivas del Hospital Clinic de Barcelona. Y las que más tardan en madurar son los lóbulos frontales, donde reside la “voluntad”, o en palabras de Gual, los mecanismos de freno del cerebro. “El alcohol actúa sobre esta zona del cerebro, y por eso la capacidad de adicción es mayor”, aclara Gual, que recientemente ha participado en el seminario Lundbeck “adicción al alcohol: viaje al interior de una enfermedad.

Además de las diferencias observadas en el lóbulo frontal, el cerebro de los adolesentes en riesgo muestra también patrones diferentes en los circuitos de recompensa, “los lugares responsables de que se obtenga una gratificación importante al beber que impulsa a seguir bebiendo”, explica Gual. Unos circuitos que utilizan todas las drogas, y el acohol no es una excepción, para perpetuar su consumo.

Tóxico peligroso

“Los hallazgos nos confirman lo que ya sabemos de los mecanismos a través de los cuales se expresa la adicción y son una ayuda importante para que la sociedad pueda entender que el abuso del alcohol es una enfermedad del cerebro, no un vicio. El paciente no es culpable, sino que requiere ayuda para poderlo superarlo”, resalta este experto.

Para Gual es importante destacar que uno de los factores de riesgo con más peso es la historia personal (consumo precoz, factores estresantes). “La idea básica a transmitir es es que el alcohol es un toxico muy peligroso y cuanto más te acercas a él mayor es el riesgo de problemas, y como sucede siempre, hay personas más susceptibles que otras, según su carga genética. Pero no es incuo para nadie”. El porcentaje de gente joven que admite embriagarse al menos una vez al mes es altísimo, destaca Gual. Y estas intoxicaciones tienen un impacto neuronal claro: muerte de neuronas que alteran el transcurrir de la biografía del individuo.

Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), provoca 3,3 millones de muertes en todo el mundo cada año, el 7,6% de los fallecimientos de hombres y el 4% de los de mujeres, lo que arroja una cifra media del 5,9% de la mortalidad mundial. Cada 10 segundos muere una persona a causa del alcohol. “El alcohol es la causa directa de una de cada ocho muertes anuales en Europa entre los 18 y 65 años de edad. Para que se hagan una idea, es como si desapareciera una ciudad como Lleida cada año”, matiza el doctor Gual.

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