El autismo visto desde las neuronas espejo

El autismo visto desde las neuronas espejo

Publicado por el Mar 2, 2016

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“Ramachandran escribió un artículo fantástico sobre el «espejo roto». Pero el sistema especular nunca está roto del todo, siempre se puede mejorar si el diagnóstico es temprano”. Lo decía Giacomo Rizzolatti, que hace veinte años descubrió las neuronas espejo. Estuvo en Madrid, invitado por la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, donde el pasado 15 de febrero explicó cómo fue aquel descubrimiento y las importantes implicaciones que ha tenido, ante un público muy joven, en su mayoría estudiantes universitarios, que abarrotaban la sala de la Fundación. Con el título: “20 años de las neuronas espejo: de la imitación a la empatía“, el diálogo fue coordinado por la Cátedra de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Madrid-Fundación Tatiana Pérez, que dirige la doctora Carmen Cavada.

Rizzolatti, galardonado con el premio Príncipe de Asturias de investigación en 2011, destacó las aplicaciones prácticas de su descubrimiento sobre el sistema especular, en dos áreas importantes, la rehabilitación y la intervención temprana en los trastornos del espectro autista (TAE). En este último caso, se mostró muy prudente. “Me preocupa hablar de este tema, porque a veces se exagera”, señaló consciente de que puede generar falsas expectativas. Sin embargo, el autismo visto desde la perspectiva de las neuronas espejo abre la esperanzadora posibilidad de corregir los síntomas en los primeros meses de vida, como ya sugieren algunos estudios de intervención temprana.

Pero, ¿qué es el sistema especular? Así lo explicó Rizzolatti en Nature Clinical Practice en Neurology: “La esencia de este mecanismo de “espejo” es la siguiente: cuando las personas observan una acción realizada por otra persona, un conjunto de las neuronas que codifican [el patrón de movimientos] para esa acción se activa en el sistema motor de los observadores. Dado que los observadores están al tanto de los resultados de sus [propios] actos motores, pueden entender lo que la otra persona está haciendo sin la necesidad de poner en marcha un proceso cognitivo [para averiguar la intención de los otros]”.

“El autismo afecta a una gran variedad de estructuras nerviosas, desde la corteza cerebral al cerebelo y el tronco cerebral. Sin embargo, en un contexto más amplio del déficit del neurodesarrollo, un conjunto de síntomas de los TEA (deterioro de la comunicación, del lenguaje y la emoción, así como en la capacidad para comprender a los otros) parece coincidir con las funciones mediadas por el mecanismo de espejo. Una hipótesis es que este conjunto de déficits podría depender de un deterioro del mecanismo  de espejo, y cada vez hay más pruebas para apoyar este punto de vista”, continúa Rizzolatti.

El autismo visto desde las neuronas espejo

Esta nueva visión sobre los trastornos del espectro autista, sostiene el neurocientífico de la Universidad de Parma, podría utilizarse para establecer nuevas estrategias de rehabilitación basadas en un enfoque motor. El fundamento de este enfoque es que si se mejora el conocimiento motor de las personas con TEA, su conocimiento social y el comportamiento también mejoraría.

Lo aclara con un ejemplo: Se pidió a niños con TEA y a otros con un desarrollo normal que cogieran un alimento para comerlo o para colocarlo en un contendor. En ambos casos, se medía la actividad del músculo milohioideo, que forma el suelo de la boca.  En los niños sin TEA, ese músculo se activaba tan pronto como movían el brazo para coger la comida. Por el contrario, no hubo ninguna activación en los niños con TEA. En este caso, la activación del músculo era evidente sólo cuando se llevaban la comida a la boca. Estos datos indican que los niños con TEA no sólo son incapaces de organizar sus propios actos motores en una acción unitaria caracterizada por una intención específica, sino que también muestran un déficit en el mecanismo de espejo, como se refleja en la ausencia de activación de los músculos implicados en una acción observada.

Y es en este punto donde Rizzolatti no está de acuerdo con la teoría del espejo roto de Ramachandran. Porque, asegura, el sistema especular deteriorado, que no roto, se puede mejorar actuando en un momento muy temprano, en una ventana crítica. Y cita los trabajos de Sally Rogers, de Denver, “una de las defensoras más fuertes del diagnóstico y la intervención temprana, en el primer año de vida”, explica. Los trabajos de Roger, con niños de seis a quince meses, en los que se detectan los primeros síntomas (como la disminución de contacto con los ojos, de interés social, patrones de movimiento repetitivos, y la falta de comunicación intencional) indican que puede mejorarse su retraso en el desarrollo. Y que esa mejoría se mantiene en el tiempo.

Para Rizzollatti, las técnicas de rehabilitación, están en una etapa inicial y asegura que “mi sueño es explorarlas mejor”

La entrevista con Rizzollatti pude leerse en aquí

 

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