Dos dedos de frente

Publicado por el Jun 14, 2012

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La frase tener dos dedos de frente para referirse a una persona juiciosa tiene una explicación desde la neurociencia. En el lóbulo frontal reside nuestra capacidad para planificar y es también el lugar donde se graban las normas sociales. Cuando esta zona se ve afectada la personalidad cambia.

Henry Jekyll era un médico de trato agradable, interesado en estudiar el lado perverso de la naturaleza humana. Para ello preparó un elixir capaz de producir esa transformación y decidió probarlo. Bebió la pócima varias veces y con el tiempo se convirtió en una persona horrible y desalmada, Mr. Hyde. Obviamente se trata del argumento de la famosa novela de R. L. Stevenson titulada “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr Hyde”.

Sin embargo no iba muy desencaminado Stevenson cuando imaginó que en determinadas ocasiones nuestro lado humano puede degradarse accidentalmente. Fue lo que le sucedió en 1848 a Phineas Gage, un joven de 25 años empleado del ferrocarril de Nueva Inglaterra. Gage era una persona amable, competente y responsable que, como capataz, tenía a su cargo a varios operarios. Su trabajo consistía en abrir el camino de la futura línea de ferrocarril con explosivos. Entre sus funciones estaba la de colocar cargas explosivas en agujeros taladrados en las rocas para removerlas. Rellenaba el agujero con pólvora, colocaba un detonador y lo tapaba con arena, que después aplastaba con una barra de hierro.

Pero la mañana del 13 de septiembre mientras trabajaba, algo falló. La pólvora detonó antes de tiempo y la barra de hierro que utilizaba atravesó su cabeza. Entro por la mejilla izquierda y salió por la parte superior del cráneo. La barra pesaba cinco kilos y medía más de un metro de largo y dos centímetros y medio de diámetro. Gage quedó tendido en el suelo, algo aturdido, aunque no llegó a perder el sentido. Incluso tuvo humor para bromear con el médico que le atendió: “Doctor, aquí tiene trabajo”, le dijo. A pesar de del agujero de su cabeza, se recuperó aparentemente sin secuelas. Podía caminar, hablar correctamente, no tenía ninguna zona paralizada y su inteligencia no parecía afectada.

Sin embargo, los que le conocían se dieron cuenta de que algo había cambiado. Ahora era descuidado en su trabajo, del que finalmente le expulsaron. Se volvió impertinente y grosero. Gage ya no era Gage, decían sus amigos. ¿Qué había pasado? La barra había lesionado el lóbulo frontal de su cerebro, encargado de la planificación y la toma de decisiones. Pero también está implicado en el juicio moral. Es fue la primera evidencia de que las normas éticas y sociales quedan grabadas en nuestro cerebro y que, como le ocurrió en la ficción al doctor Jekyll, también en la realidad podían perderse por una lesión.

La película A propósito de Henry dirigida por Mike Nichols, lleva a la pantalla el caso de un moderno Phineas Gage: un brillante abogado con pocos escrúpulos que recibe un disparo en lóbulo frontal. Pero en esta ocasión y a diferencia de lo que le ocurrió al capataz del ferrocarril, por la magia del cine, la personalidad de Henry también cambia, pero para convertirle en una persona mucho más “humana” que antes del accidente.

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