Dormir mal aumenta el riesgo de alzhéimer

Dormir mal aumenta el riesgo de alzhéimer

Publicado por el Jun 1, 2015

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En los últimos años, cada vez más investigaciones están relacionando los trastornos del sueño, el deterioro de la memoria y la enfermedad de alzhéimer. Un trabajo publicado en “Nature Neuroscience” añade una nueva evidencia y concluye que un déficit del sueño profundo, el considerado como reparador y fundamental para la consolidación de la memoria, podría ser la vía por la que la proteína beta-amiloide deteriora la memoria a largo plazo en el proceso de envejecimiento y en los enfermos de alzhéimer.

A la derecha, depósitos ​​de proteína beta-amiloide (en rojo)  vinculados a la falta de sueño. A la izquierda, un cerebro sin problemas de sueño de ondas lentas, sin proteína beta-amiloide

A la derecha, depósitos ​​de proteína beta-amiloide (en rojo) vinculados a la falta de sueño. A la izquierda, un cerebro sin problemas de sueño de ondas lentas, sin proteína beta-amiloide

Cuanta más proteína amiloide se acumula, menor profundidad tiene el sueño y más se deteriora la memoria. Y por otro lado, la disminución del sueño profundo de ondas lentas impide que se elimine la proteína amiloide, explican los investigadores. “Nuestros datos sugieren que hay una relación causal entre esos procesos. Y si mejoramos el sueño, quizás podríamos romper ese círculo vicioso”, destacan.

El sueño, además de ser fundamental para la consolidación de la memoria, ayuda también a eliminar las proteínas toxicas que se acumulan en el cerebro. Y la acumulación de beta amiloide se ha detectado tanto en pacientes de alzhéimer como en personas que tienen problemas para dormir bien. En 2013, un artículo de la Universidad de Rochester publicado en Science, encontró que, en ratones, las células del cerebro literalmente se encogían durante la noche para permitir que el líquido cefalorraquídeo circule entre ellas y limpie los desechos del metabolismo, como la proteína amiloide.

La acumulación de la proteína beta-amiloide en la corteza del cerebro y la proteína tau en regiones subcorticales, como el hipocampo, son la marca característica de la enfermedad de Alzheimer. La proteína tau destruye las conexiones entre las neuronas del hipocampo, una región fundamental para la memoria a corto plazo, pero el papel de la beta amiloide en este tipo de memoria no está claro aún. Aunque esta proteína no se acumula directamente en el hipocampo, sí parece tener un papel perjudicial en la consolidación de la memoria, a través de una red neuronal que une el hipocampo con la corteza prefrontal y permite de los recuerdos queden fijados en el cerebro.

En esta investigación, se ha mirado en qué medida la proteína amiloide que se acumula en la corteza prefrontal medial deteriora el sueño profundo de ondas lentas, necesario para la consolidación de la memoria. En un trabajo previo, estos investigadores habían comprobado que este sueño no REM de ondas lentas es fundamental para transferir los recuerdos desde el hipocampo, que almacena la información durante un tiempo, hasta la corteza prefrontal, donde se guardan de forma duradera. Y precisamente el deterioro de esta región con la edad se ha asociado con una mala calidad del sueño.

Para este último estudio, se han utilizado imágenes obtenidas con pet-scáner, para medir la acumulación de proteína amiloide; resonancia magnética, para medir la actividad del cerebro durante las tareas de memoria, y electroencefalografía, para medias las ondas cerebrales durante el sueño.

Participaron en el estudio de los 26 adultos con edades comprendidas entre los 65 y 81 años, sin demencia ni otros trastornos neurodegenerativos, psiquiátricos o del sueño. Cada uno fue sometido a un PET-scáncer para medir sus niveles de beta amiloide. Después tuvieron que memorizar 120 pares de palabras y someterse a un test para ver cuántas podían recordar. A continuación, después de dormir ocho horas, fueron sometidos a un electroencefalograma para comprobar la calidad de su sueño, mirando las ondas cerebrales. Finalmente, les sometieron a una resonancia mientras recordaban los pares de palabras aprendidas el día anterior, que supuestamente deberían haberse fijado durante el sueño. Y en concreto, los investigadores se fijaron en la actividad en el hipocampo, el almacén temporal de la memoria.

Después de una buena noche de descanso nocturno, cuanto mejor se recuerda una tarea como la asignada a los participantes, menos se depende del hipocampo y más de la corteza prefrontal”, aclaran los investigadores. Y lo que vieron fue que los participantes con niveles más altos de depósitos de amiloide en la corteza prefrontal medial tenían una mala calidad del sueño y recordaban peor las palabras que aprendieron el día anterior, al tiempo que su hipocampo se activaba más. En algunos casos olvidaban más de la mitad de la información que habían memorizado.

No sabemos cuál de esos dos factores -la mala calidad del sueño o la acumulación de amiloide- es el que inicia ese ciclo pernicioso”, admiten los investigadores. Y eso es precisamente lo que se proponen averiguar en los próximos cinco años, en los que pretenden seguir a un nuevo grupo de personas. “Esta es una nueva ruta que une la pérdida de memoria con la enfermedad de alzhéimer. Y es especialmente importante porque podemos intervenir el ella. El sueño podría ser una nueva diana terapéutica para luchar contra la pérdida de memoria asociada a la edad o incluso contra la demencia”, señalan los investigadores, entre los que se encuentran Bryce Mander y William Jagust, reconocidos expertos en alzhéimer.

El sueño, indican, puede mejorarse a través del ejercicio, intervenciones psicológicas o incluso con estimulación eléctrica que amplifica las ondas cerebrales durante el sueño. Esta última técnica se ha utilizado con éxito en adultos jóvenes para mejorar la memoria. Y para investigar si el sueño podría ser un marcador temprano de la enfermedad de alzhéimer han recibido el apoyo económico de los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses. Esta investigación que presentan ahora en “Nature Neuroscience” es parte del proyecto.

Los hombres que se quejan de que duermen mal, tienen mucho más riesgo de desarrollar alzhéimer que los que descansan bien por las noches, según un estudio de la Universidad de Uppsala, publicado a finales de 2014 en “Alzheimer’s & disease”. El trabajo es una prueba más que resalta la relación entre una buena calidad del sueño y la salud del cerebro. En el estudio participaron mil valores que en el momento del inicio tenían al menos 50 años, y fueron seguidos desde 1970 a 2010. Los que decían dormir mal tenían 1,5 veces más riesgo. Y cuanto más tarde en la vida aparecían los problemas, mayor era el riesgo de desarrollar la enfermedad. Ya entonces los investigadores de Uppsala sugerían que tratar de mejorar la calidad del sueño, interviniendo sobre los problemas que surgen de forma tardía, podría reducir el riesgo de desarrollar Alzhéimer

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