Desde los cinco meses, el cerebro puede recordar lo que ve

Desde los cinco meses, el cerebro puede recordar lo que ve

Publicado por el Apr 19, 2013

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La investigación, que se publica en el último número de Science, se basa en un marcador cerebral de la consciencia visual presente en adultos y bebés al menos desde los cinco meses, que puede ser útil también para valorar los estados vegetativos y de consciencia disminuida.

 

Con su mirada inquisitiva lo observan todo, a veces de manera distraída, otras con gran interés. Pero, ¿cuándo empiezan los bebés a ser conscientes de lo que ven y a recordarlo? Este ha sido un interrogante clásico de la psicología evolutiva. A mediados de los 60 del siglo pasado se pensaba que los lactantes no eran capaces de recordar lo visto y oído, y menos aún pensar sobre ello. Desde entonces las cosas han cambiado mucho.

Hoy se sabe que sus diminutas mentes son ya capaces de pensar antes incluso de balbucear sus primeras palabras, lo que suele ocurrir alrededor del primer año. Y también que sus pequeños cerebros se afanan por ordenar mentalmente el entorno en que viven y organizarlo todo en categorías para entender mejor el mundo: animales, objetos inanimados, personas mayores bastante impredecibles…

Incluso hacen inferencias sobre las leyes físicas, más predecibles que las que rigen el comportamiento humano, como la gravedad, que comprueban incansablemente dejando caer una y otra vez el mismo objeto al suelo, para desesperación de sus cuidadores. A punto de cumplir un año son capaces ya de hacer predicciones probabilísticas sobre su entorno, con mayor seguridad sobre objetos inanimados (y con menor probabilidad de acierto respecto a los adultos, que con frecuencia les desconciertan con sus reacciones).

Esta gran variedad de habilidades cognitivas que ya presentan los más chiquitines ha llevado a los expertos a pensar que incluso a edades tan tempranas son ya bastante conscientes de su entorno. Pero comprobarlo de forma objetiva no es fácil para los psicólogos infantiles, dado que los niños menores de un año, salvo excepciones, no saben hablar y por tanto no suelen informar de sus pensamientos. Hasta ahora se han basado en datos indirectos, como en la atención que prestan a lo desconocido. El chupete ha sido también un aliado importante. Cuando un bebé ve algo nuevo, deja de chuparlo, para centrarse mejor en lo que tiene delante. A medida que se familiariza y pierde interés en la novedad, retorna a sus rítmicos chupetones. Aún así estos indicadores dejaban mucho que desear.

Pruebas objetivas

 Un descubrimiento llevado a cabo por el equipo de investigación de los neurocientíficos Ghislaine Dehaene-Lambertz y Stanislas Dehaene, veteranos en el estudio del cerebro de los bebés, aporta una manera más fiable de determinar cuando los pequeños que aún no hablan registran de forma consciente un estímulo visual. Los investigadores franceses, después de observar la actividad cerebral de 80 bebés de 5 a 15 meses, han descubierto una señal en el cerebro que identifica de forma muy fiable el inicio de la consciencia visual, o lo que es lo mismo, la capacidad para ver y recordar lo que han visto. Esta señal es la misma que aparece en los adultos cuando se les muestra muy brevemente una cara, seguida por otra imagen de un rostro desordenado, con el objetivo de que el primero no se perciba claramente. A pesar de ello, los adultos posteriormente informan que efectivamente han visto la primera cara. Esta estrategia de investigación se denomina enmascaramiento visual.

Los estudios en adultos muestran un patrón particular de la actividad cerebral cuando los sentidos detectan algo, como un objeto en movimiento. En ese momento el centro de la visión del cerebro se activa incluso si el objeto se muestra demasiado rápido para que lo percibamos de forma consciente. Pero si el objeto permanece en su campo de visión durante el tiempo suficiente, esa señal inicial viaja de la parte posterior del cerebro (el centro de la visión) hasta la corteza prefrontal, que retiene la imagen en la mente lo suficiente para que seamos conscientes de ella.

Esto da como resultado dos picos de actividad cerebral, uno inicial, cuando los sentidos detectan algo, y una segunda onda más lenta, de aparición más tardía, que  produce cuando el mensaje procedente de la corteza visual llega hasta la parte más evolucionada del cerebro, la corteza prefrontal. Según los investigadores franceses, esta segunda onda lenta marca el umbral de percepción consciente, y lo proponen como un buen marcador, que está presente en adultos y niños al menos desde los cinco meses.

Igual en bebés

Con esta misma tarea, la de ver fugazmente una cara, han visto que el cerebro de los bebés reacciona como el de los adultos, lo que permite saber que la han detectado la cara y la recuerdan, a pesar de que aún no puedan decirlo porque no saben hablar. Y esto ocurría en todo el rango de edad estudiado, es decir a partir de los cinco meses, aunque la señal era más fuerte y sostenida en los bebés mayores. La diferente respuesta entre los bebés en función de su edad, indican los autores, podría estar reflejando el proceso de maduración cerebral.

Contrastando la respuesta de los pequeños con la de los adultos estudiados, los investigadores destacan que la percepción del entorno está organizada en el cerebro de los niños pequeños de forma muy similar a la de los adultos. Los mecanismos cerebrales que subyacen el umbral de percepción consciente ya están presentan en la infancia pero sufren una maduración durante el desarrollo.

mielina2b

En los más pequeños, los de 5 meses, las fibras nerviosas estarían poco mielinizadas, por lo que la transmisión de los impulsos es más débil y lenta. A medida que esta capa grasa que recubre los nervios, la mielina, aumenta, el procesamiento de la información se hace más rápido y perceptible con los electrodos, como se comprueba en los bebés de 15 meses. Hacia el final del primer año de vida, explican los investigadores, tiene lugar un proceso masivo de reorganización de y maduración en la corteza prefrontal que explicaría la “explosión” de habilidades cognitivas que muestran los bebés. Estos datos indican de forma muy fiable lo que ya se sospechaba: que la etapa de procesamiento consciente del entorno en el que viven está presente ya a los cinco meses, aunque de forma aún rudimentaria.

 Aplicaciones clínicas

 Este descubrimiento, sin embargo, no queda confinado al campo de la psicología evolutiva, para entender mejor el desarrollo cerebral de los lactantes. También será útil en situaciones patológicas tanto en adultos como en niños. Una muy importante, los estados vegetativos así como los de mínima consciencia que tienen lugar en personas con un daño cerebral importante, que se producen después de haber estado en coma, y que no pueden hablar.

Hasta ahora, estos estados se evaluaban por la capacidad del paciente de responder con gestos que se consideraban conscientes y que indicaban su capacidad para reconocer el entorno. La medida de este marcador cerebral permitirá evaluar de forma más objetiva si son capaces de percibir su entorno.

Otro campo importante que se podrá explorar con estos datos es la percepción del dolor en los más pequeños, que no pueden informar de él más que con su llanto, difícil de interpretar. Hasta ahora podía utilizarse una escala objetiva, denominada “Llanto”, desarrollada por Francisco Reinoso-Barbero, del Hospital Infantil La Paz, para medir el dolor a partir del mes de vida y hasta los 6 años. Muy relacionado con lo anterior, que afecta también a los más pequeños, es el de la anestesia y sus efectos en los más pequeños, en el que se ha avanzado en los últimos años, pero que está lejos de ser comprendido en profundidad y en el que este nuevo marcador de la consciencia podría ser útil.

Uno de los bebés de cinco meses participantes en el estudio, con su madre

Uno de los bebés de cinco meses participantes en el estudio, con su madre

 

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