Del ruido a la campaña electoral, pasando por el cerebro

Del ruido a la campaña electoral, pasando por el cerebro

Publicado por el May 8, 2015

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Después de la contaminación atmosférica, el ruido es la segunda causa de enfermedad por motivos medioambientales en la ciudad, según la Organización Mundial de la Salud. Y una causa importante de estrés. En especial si tiene lugar durante las horas de descanso nocturno. Imagine que un martillo taladrador empezara a funcionar debajo  de su ventana a las doce de las noche, con intención de no parar hasta las seis de la madrugada.

Pues ese molesto ruido ha inspirado la entrada de hoy en el blog. En un pueblo de la sierra, cuyo no nombre no diré, aunque daré alguna pista para los más avispados, con el inicio de la campaña electoral se perturbó también la paz de algunos vecinos a causa del ruido. La canalización del agua debía hacerse precisamente en ese horario nocturno para no interrumpir el tráfico, al parecer. El responsable de la policía local lo había autorizado así.

El silencio de la noche quedó roto por un ruido ensordecedor, que seguro que llegaba al espacio profundo sin necesidad de transmitirlo por ninguna de las antenas espaciales que desde este pueblo abren una de las tres ventanas al universo lejano.

Una de las vecinas, que tenía el taladro justo debajo de la ventana, se dirigió a los operarios. Está prohibido hacer un ruido así por la noche, impide el descanso, argumentó. Pero su razonamiento topó con una autorización en la se que escudaron. Decidió llamar a la policía local, que acudió para decirle que debería aguantarse. La desesperación de la mujer iba en aumento, sus padres ya mayores y de salud delicada, no podrían conciliar el sueño. Yo fui testigo de la conversación.

Ante la actitud empecinada de la Policía local, ella  pidió algo que me pareció absolutamente descabellado a oídos de una urbanita: Quería hablar con el alcalde. Siéntate a esperar, pensé.

Pero ella seguía insistiendo a los municipales. Estoy grabando este ruido infernal en el móvil. Lo voy a twittear… Los policías subieron al coche patrulla y se alejaron. Pero ante mi sorpresa en un par de minutos volvieron con el regidor, que estaba pegando carteles electorales unas calles más abajo…

Hubo un diálogo tenso entre la vecina y el alcalde, pero inesperadamente viró a favor de lo que ella pedía. Sus argumentos parecían ir convenciendo al responsable del pueblo, que sorprendido por el ruido del taladro, parecía no querer delatar a quien lo había autorizado, aunque todo apuntaba al concejal de Urbanismo y festejos. Una actitud que le honra, aunque algo en su mirada dejaba vislumbrar que se iba a llevar una buena reprimenda.

Finalmente paró a los operarios del taladro y acordó con ellos que volvieran el lunes a las diez de la noche. De ese modo el tráfico no sería muy intenso, y una vez que hubiera pasado el autobús interurbano que une Cebreros con Madrid, podrían cortarlo. Les pidió que llevaran máquinas más potentes para taladrar el asfalto a fin de que en un par de horas, sobre las doce, el ruido hubiera finalizado.

Me acordé de la frase de Víctor Frankl que escribí en el blog hace un mes: Cómo predecir la conducta del hombre! Se pueden predecir los movimientos de una máquina, de un autómata; más aún, se puede incluso intentar predecir los mecanismos o “dinámicas” de la. psique humana; pero el hombre es algo más que psique.

Tengo que confesar que hace tiempo que dejé de confiar en los políticos y en sus promesas. Pero este alcalde de pueblo me ha suscitado una duda razonable para reconsiderar mi decisión.

No pude resistir la tentación de acercarme a él, cuando ya se iba, dejando resuelto el problema. Esto sí que es una buena campaña, le dije. No estoy haciendo campaña, respondió ofendido, solo resuelvo los problemas que surgen tratando de conciliar posturas sin que nadie salga perjudicado, como he hecho en los últimos años. Quizá me he expresado mal, quiero decir que para mí esta es la forma de hacer campaña. Si yo viviera aquí, mi voto sería para usted.

Cuando el primer edil se marchó, la mujer aún seguía allí, de pie, intentando dialogar con el vecino de enfrente, que le decía que por su culpa se quedaría varios días más sin agua; y con los munícipes, que la reprochaban que el operario no iba a cobrar su salario por haber interrumpido su obra.

Como psicóloga recordé  un libro de lectura recomendable: “Cuando digo no, me siento culpable”, de Manuel J. Smith (Debolsillo), donde habla de las formas de manipular a la  gente haciéndola sentir culpable, ignorante (¿usted sabe el lío que se formaría si hay que desviar el tráfico de día?) o insegura. Pero la vecina que había hecho frente al alcalde respondió como si lo hubiera leído, de manera asertiva y sin entrar al trapo. ¿Sabe qué?, esta mañana fui al banco y Hacienda había embargado mi cuenta. Tenía 500 euros para acabar el mes, pagar la hipoteca, la luz, el teléfono… Es todo mi capital, y me los han retenido por una multa, ni siquiera me dejan pagarla de forma fraccionada. Así que no me cuente historias para no dormir.

Como psicóloga y periodista, no pude resistir la tentación de acercarme a ella. Qué valiente has sido, le dije.

-No lo creas, soy una cobarde, estoy muerta de miedo.

-No es verdad, los cobardes huyen, los valientes hacen lo que deben aunque tengan miedo, como tú, que has puesto un poco de razón entre tanta sinrazón como he oído hoy aquí. Y el alcalde te ha escuchado.

Y me contó que el alcalde, el mismo que había dejado de pegar carteles electorales para atenderla, estaba en el punto de mira de su propia coalición, que le había sacado los trapos sucios por una guerra de poder…

-Ya me hubiera gustado a mí que el ministro de Hacienda hiciera lo mismo que él. No quiero que me quiten la multa, que no sé ni por qué me la han puesto. Ni que me concedan una amnistía fiscal como han hecho con algunos que se llevaban el dinero fuera. Sólo que me permitan pagarla de forma fraccionada o que esperen a descontármelo de la declaración de Hacienda. Quiero pagar la hipoteca. El mes pasado ya tuve que pedir dinero prestado a mi familia y no puedo volverlo a hacer. Pero el funcionario que me atendió en la delegación de Hacienda de El Escorial me ha dicho que me olvide. Ni siquiera a familias con tres hijos en mi situación se lo conceden. Le dije que él era cómplice de esas injusticias por no denunciarlas. Creo que me excedí un poco.

-En absoluto, tienes razón en lo que le dijiste. Eso se llama obediencia ciega, y esa complicidad y sumisión en el cumplimiento de las órdenes llevó al holocausto en la Alemania nazi. Haría falta más gente como tú, capaz de decir verdades, tal vez así las cosas cambiarían. Pero somos todos demasiado pasivos…. Y tal vez cobardes

Inexplicablemente una lágrima resbaló por su mejilla. Olvidé que cuando a alguien le legitiman en sus acciones, no es difícil que sus emociones afloren…

Y yo que pasaba por allí para hacer unas fotos nocturnas de las antenas espaciales que desde este pueblo miran al espacio día y noche. La casualidad quiso que el corte de tráfico para agujerear el pavimento de madrugada me situara en primera fila. Y me encontré que en poco más de media hora había sido testigo de algo que me hizo reflexionar durante todo el viaje de regreso. Tal vez no todo este perdido. Tal vez ese cambio que necesitamos pueda venir desde abajo, de políticos que están a pie de calle, que conviven con sus electores… y no electores. Que saben lo que cuesta un café, una barra de pan o el autobús que lleva a Madrid. Y, lo más importante, a los que cualquier vecino puede pedir, cara a cara, explicación de sus decisiones. Por eso lo cuento, haciendo una excepción, en el blog. Tal vez aun exista una pequeña esperanza de que las cosas cambien.

Siempre he pensado que somos un país de héroes aislados, que actúan a la desesperada, cuando ya todo parece perdido. Como esta mujer, a la que Hacienda le hizo perder los nervios y le dio el valor suficiente para plantarse y decir basta.

Y recordé otra frase, esta vez de Pérez Galdós, que iba escrita en los antiguos billetes de mil pesetas que dejaron paso al inflado euro, que disparó los precios un 60%: “Entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde”.

Cosas del cerebro, que va hilando lo actual con lo antiguo…

Por cierto,  la foto me salió movida…

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La Neurociencia moderna nace de la mano de nuestro Nobel Santiago Ramón y Cajal y pretende explicar el complejo funcionamiento del cerebro. Desde aquí queremos acercar al lector de forma amena conocimientos que despiertan el interés de todos Más sobre «Cosas del cerebro»

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