Cuando tu médico se convierte en tu enemigo

Cuando tu médico se convierte en tu enemigo

Publicado por el Feb 13, 2017

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¿Qué ocurre si tu médico, que debería ser tu aliado, se convierte en tu enemigo? ¿Y si deja de aplicar criterios validados objetivamente y se basa en sus propias creencias aunque hayan demostrado tener consecuencias graves para tu salud?  ¿Y si atiende con desidia a pacientes de alzhéimer, porque total…? En un centro de salud con varios profesionales sanitarios bastaría con cambiar de médico. Pero, ¿y si esto ocurre en un centro de salud de un pequeño pueblo, donde solo hay dos médicos? Te cambias al otro y listo, estarán pensando. ¿Y si la gran mayoría de los pacientes han pensado lo mismo? Pues entonces el derecho de libre elección de médico queda anulado. ¿Por qué? Porque el otro médico está tan solicitado que su consulta está saturada, da citas con una semana de demora y ya no admite más pacientes.

La pregunta en este caso es inmediata. ¿Y por qué hay tal desigualdad? La respuesta también es inmediata. Todos queremos que nos atienda un médico competente, porque ponemos en sus manos lo más valioso que tenemos, nuestra salud.

Pues esto ocurre. Es lo que sucede en un pueblo de 4.000 habitantes de la sierra madrileña. Un pueblo donde los robles crecen en abundancia. Un pueblo con vistas al espacio profundo, para más señas. Uno de los tres únicos lugares del mundo desde donde se hace el seguimiento de las misiones espaciales. Un lugar desde donde se reciben, entre otros datos, los del estado de salud de los astronautas en órbita. Y sin embargo, paradójicamente, los habitantes de ese pueblo, donde hace muchos años había ocho vigías en vela en la torre de su iglesia del siglo XV (otra pista), no pueden elegir a su médico.

No les queda ni recurso al pataleo. Han de conformarse con un profesional sanitario que considera que tomar la tensión y auscultar a los pacientes es una pérdida de tiempo. Que se niega a cumplir las indicaciones de los médicos especialistas para el seguimiento desde atención primaria. Que considera que 38 grados de temperatura no es fiebre y que una saturación por debajo de 90 está fenomenal. Que “opina” que hacer análisis periódicos a pacientes que necesitan transfusiones de sangre para medir su nivel de hemoglobina es un despropósito…. Cosas del cerebro de algunas personas que no ven más allá de sus narices…

Y todo esto en la era de la medicina basada en la evidencia, y no en las creencias personales. Lamentable. Resulta chocante que los docentes universitarios estén sometidos a evaluaciones por parte de sus alumnos y que eso no se haga también con los médicos, encargados de velar por nuestra salud.

Aun así, hay casos en los que sin mediar evaluación ni reclamación alguna, está claro que el desempeño de algunos “galenos” deja mucho que desear. Y el propio sistema sanitario lo recoge, aunque no haga nada. Si la mayoría de los pacientes de ese pueblo con vistas al espacio no pueden citarse con su médico antes de una semana y en la consulta de al lado la cita te la dan de inmediato, algo está fallando. En los pueblos pequeños, la gente no se atreve a presentar una reclamación contra su médico. Sin embargo, si eligen al que consideran más competente….  Si les dejan, claro.

Ese desequilibrio, que quiso arreglarse negando el derecho a la libre elección de médico y asignando al galeno menos concurrido los pacientes que le sobran al más solicitado, es una forma de poner claramente en evidencia al profesional no elegido, sino impuesto. Algo no funciona bien…

A los políticos les gusta decir que el paciente está en el centro del sistema sanitario. Y así debería ser. Pero la realidad es otra. En este pueblecito de cuatro mil habitantes con vistas al espacio no hay posibilidad de elegir al mejor médico para que cuide de tu salud. Y que te asignen a otro que da la impresión de no creer en la medicina que la mayoría de sus colegas practican no es agradable. Es incluso peligroso para la salud. Sobre todo para la gran mayoría de los pacientes, en su mayoría ya ancianos. ¿Quién garantiza que reciben una atención adecuada? Y,  lo peor, ¿a quién recurrir si quien así se comporta tiene asignada la misión de dirigir ese centro compuesto únicamente por dos médicos?

Eso sí que es malgastar el dinero, los recursos y poner en serio riesgo la salud de los pacientes… Y está ocurriendo en un pueblo que más que tener vistas al espacio profundo parece tenerlas a la España más profunda, eso sí desvirtuada. Porque la figura del médico rural, que conoce a sus vecinos y vela por su salud, se ha perdido en este pueblo.

 

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