Cuando soñar se convierte en una batalla

Publicado por el feb 12, 2013

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La cuarta parte de nuestra vida nocturna la dedicamos a soñar. Y la forma en que lo hacemos puede informar también sobre algunas patologías del cerebro. Por ejemplo, tener con frecuencia pesadillas acompañadas de movimientos violentos puede ser un signo de alerta en el desarrollo de patologías como el parkinson. Aunque sólo afecta a una de cada 200 personas, en especial varones, la aparición de este trastorno debe ser motivo de consulta al especialista.

Pasamos una buena parte de nuestra vida durmiendo, casi un tercio, y la cuarta parte de esa vida nocturna la dedicamos a soñar. Entre cuatro o seis veces cada noche nuestro cerebro representa historias relacionadas con la actividad desarrollada durante el día. Durante esta fase, nuestros músculos están paralizados, para impedir que escenifiquemos nuestras fantasías oníricas.

Sólo los ojos se mueven frenéticamente de un lado a otro, por lo que esta fase del sueño se ha denominado REM, de movimientos oculares rápidos, por sus siglas en inglés. En realidad mientras tenemos ensoñaciones la actividad de nuestro cerebro y el flujo sanguíneos son muy parecidos a los que tenemos cuando estamos despiertos. Sin embargo, esta gran actividad contrasta con la atonía muscular, de ahí que a esta etapa del sueño se la denomine también paradójica. 

En ocasiones esta atonía muscular no se produce y las ensoñaciones se acompañan de movimientos y sonidos. No es infrecuente que ocurra en los más pequeños, indicando una falta de madurez en los mecanismos de control del tono muscular durante el sueño que suele desaparecer con el tiempo. Pero algunas personas a partir de la quinta o sexta década de la vida, con mayor frecuencia varones, pierden este control muscular nocturno por lo que comienzan a moverse o hablar mientras sueñan. Se habla entonces de un trastorno de conducta del sueño REM (TCSR).

Aunque sólo afecta a una de cada 200 personas, hay que estar atento a la aparición de estas alteraciones y consultarlas a un especialista, porque en más del 80 por ciento de los casos, estos movimientos violentos durante el sueño preceden en una década a algún tipo de patología neurodegenerativa, como el párkinson, según la Sociedad Española del Sueño (SES).

En las personas con TCSR, la parte del cerebro que inhibe el movimiento durante la fase REM, localizada en el tronco del cerebro y denominada protuberancia, deja de funcionar correctamente. En condiciones normales esta parte del cerebro se encarga de de frenar los movimientos musculares durante el sueño, provocando la atonía que tiene lugar durante las ensoñaciones y que permite que éstas discurran sin agitación.

Sin el adecuado control del tronco del encéfalo,  las pesadillas son escenificadas de forma violenta, con gritos, puñetazos o cayéndose al suelo, con el consiguiente peligro para la persona que las experimenta y para su compañero de cama. Los sueños pueden llegar a convertirse en una auténtica batalla, con posibilidad de lesiones. Algunas personas que lo padecen se protegen colocando materiales blandos alrededor de la cama, para no herirse durante los movimientos bruscos. Los acompañantes pueden llegar a optar por utilizar camas separadas para no resultar lesionades. Las personas no son las únicas en padecer estas patolgías. Animales como los perros o gatos también pueden padecerlo.

Este trastorno de conducta del sueño REM, junto con la pérdida del olfato (hiposmia) pueden ayudar a un diagnóstico y tratamiento precoz de la enfermedad de Parkinson, la segunda neurodenegerativa más frecuente después del alzhéimer.

La enfermedad de Parkinson se caracteriza por la muerte de las neuronas que producen el neurotransmisor dopamina, implicado, entre otras funciones, en el movimiento. De ahí que sus principales síntomas sean el temblor en reposo, la rigidez en los movimientos y el enlentecimiento de los mismos. La muerte de las neuronas que producen dopamina se ha observado también de forma incipiente en algunas personas con este trastorno del sueño REM, lo que ha servido como base para sospechar que en algunos casos puede ser un estadío precoz de la enfermedad de Parkinson.

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