Ana Frank: “Una vida saludable puede retrasar la enfermedad de Alzheimer”

Ana Frank: “Una vida saludable puede retrasar la enfermedad de Alzheimer”

Publicado por el sep 14, 2013

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Los resultados negativos de los últimos ensayos clínicos con nuevos fármacos frente al Alzheimer no deberían sorprendernos, asegura la neuróloga Ana Frank, jefe de sección de Neurología y  coordinadora de la Unidad de Trastornos Cognitivos y del Comportamiento del Hospital Universitario la Paz. Y es que, resalta, «cuando se hace el diagnóstico al paciente se ha llegado a un nivel de irreversibilidad en el cerebro difícil de revertir con cualquier fármaco, por bueno que sea». De ahí que opine que «el reto está en la etapa prodrómica, que equivale a lo que hasta hace poco llamábamos deterioro cognitivo ligero, en la que hay quejas subjetivas de memoria incipientes que aún permiten hacer una vida normal, sin grandes repercusiones». La investigación con nuevos fármacos, señala, debería partir de ahí.
-¿Se pueden detectar esas etapas iniciales?
 -Por un lado, las personas cada vez están más concienciadas y acuden a consulta por quejas subjetivas de memoria. Por otro, además de hacer test cognitivos y una prueba de imagen para descartar otras causas, habría que hacer estudios de tomografía por emisión de positores (PET), con marcadores específicos que muestran el inicio del acúmulo de beta amiloide, aunque sea poco. Pero son pruebas caras. Es más factible para los neurólogos hacer una punción lumbar, que aporta datos muy valiosos: hay anomalías en la composición del líquido cefalorraquídeo que diferencia a los futuros pacientes de alzhéimer de otras personas con los mismos problebas de memoria originados por ansiedad o depresión. Y en esas personas seleccionadas hay que hacer énfasis en la investigación con nuevos fármacos.
-¿Por qué los resultados alentadores en modelos animales fallan en la fase clínica?
-Porque posiblemente hay varias enfermedades tipo alzhéimer, varios procesos que al final resultan en una pérdida de sinapsis cerebrales por acumulación de sustancias tóxicas. Uno de de las vías que conducen  puede ser genético, que es el que va bien en los modelos de experimentación. Pero eso supone sólo el 1% de los procesos patogénicos en el ser humano. El resto de los procesos que conducen a la enfermedad no se saben imitar con modelos animales
-¿Eso significa que se llegará a una medicina personalizada, como en el cáncer?
-Estamos más lejos en alzhéimer que en cáncer, pero la medicina a la carta tendrá que llegar. Y el sistema inmune es posible que también aquí juegue un papel importante. De momento, me conformaría con seguir investigando las posibles causas. Y aprovechar los estudios «in vitro» para ver defectos en placa y ensayar distintos fármacos. Falla el conocimiento básico.
 -¿Habría que invertir más en esta patología para lograrlo?
 -Por supuesto. Estamos a la décima parte de lo que se invierte en cáncer. Puede que el cáncer sea más prevalente, pero la prevalencia del alzhéimer y su repercusión social cada vez van a ser mayores.
 -¿De momento no puede curarse, pero puede prevenirse?
 -Si bien no se puede curar la degeneración una vez que ocurre, sí se puede retrasar el inicio de los síntomas con una vida saludable y una alimentación equilibrada, cuidando de todos los órganos del cuerpo, además del cerebro: controlando factores de riesgo vascular  (hipertensión, diabetes, colesterol), y haciendo ejercicio moderado y de forma constante. Hay que procurar además que el cerebro esté activo mediante las relaciones sociales, la curiosidad, la diversión, la lectura…, en definitiva, viviendo bien. Y aunque nunca es tarde, cuanto antes se empiece, mejor.
¿Qué papel juega la flora intestinal en la salud del cerebro?
«Hasta ahora la investigación la hemos centrado demasiado en el cerebro, como órgano aislado, y no hemos investigado la influencia de otros órganos, como el tubo digestivo y el sistema endocrino, en el cerebro», explica la doctora Ana Frank. Cada vez se investiga más la composición de la microbiota intestinal, el conjunto de bacterias que habitan en nuestro sistema digestivo, y su relación con diversas enfermedades, desde metabólicas hasta mentales, señalas esta experta. «Varias teorías apuntan a una relación estrecha entre el tubo digestivo y el cerebro. Incluso el desarrollo de esa microbiota durante al infancia puede determinar la composición de receptores de diferentes neurotransmisores en el cerebro en maduración  y la respuesta inmunológica frente a patógenos». Una relación que comienza en los primeros años de vida pero podría incluso condicionar la forma en que el cerebro responde en la vejez.
Ana Frank, jefe de sección de Neurología del Hospital Universitario La Paz. Foto: Ignacio Gil

Ana Frank, jefe de sección de Neurología del Hospital Universitario La Paz                                                                                                                                            Foto: Ignacio Gil

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