“Tocinos” en la Sierra del Gratal

Publicado por el Oct 27, 2011

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La mano firme y amable de José María Artero dirige con acierto desde sus inicios la asociación de cazadores y pescadores de La Peña del Sol, de Huesca. Fundada en 1964 por un grupo de 16 amigos, lleva 44 años cazando sin desmayo (cosa algo difícil ya en estos tiempos) en las estribaciones de la Sierra del Gratal, en pleno prepirineo aragonés, en los terrenos de Sarsamarcuello, flanqueados, mirando de abajo hacia arriba, por la Peña del Sol, que da nombre a esta cuadrilla; por la derecha el altanero castillo de Loarre y, por la izquierda, los Mallos: el más próximo el de Riglos, uno central, el de Murillo de Gállego, y el tercero más lejano, el de Agüero.

Tierra de Templarios, aún queda algún vestigio de la importancia que esta orden tuvo en todo Aragón: las atalayas y torres de vigilancia que mediante señales de humo se comunicaban con los distintos castillos y puestos de guardia, para poner en alerta sobre las idas y venidas de las hordas de sarracenos, que desde el Reino de Valencia practicaban incursiones, intentando vanamente someter la zona. O el Monasterio de San Juan de la Peña, donde estuvo custodiado el Santo Grial desde 1071 hasta 1399.

La Peña del Sol, según su director, es una peña gastronómico-cinegética. Eso bien se comprende una vez se asiste a pasar un fin de semana de caza y cocina, con esta gente abierta, amable y entusiasta cazadora del «tocino», nombre dado al jabalí en esta tierra.

Nada más llegar a la casa que han acondicionado en Sarsamarcuello, uno se da cuenta de que nada ha sido hecho al azar: al entrar por la puerta, de frente la cocina, con una gran chimenea a la altura de una persona, en la que no falta una buen brasero en el que siempre se está asando algún buen manjar en la parrilla, una hermosa cocina de gas y el menaje necesario para cocinar todo el fin de semana para 40 ó 45 personas. De todo esto se ocupan Carmen, Ángela y Ángeles, las encargadas del excelente condumio: bacalao, cocido, judías con almejas y sepia, conejo con almendras, paletillas de cordero con pimientos de piquillo…

Recuerdos de batallas

Ahora se entiende lo de peña gastonómico-cinegética, y por ese orden. A mano izquierda, la gran sala con sus dos imponentes mesas de asientos corridos, en las que nos sentamos todos a desayunar este sábado de gloria y caza, que ha amanecido despejado y frío como suele ser habitual.

En el centro, la gran estufa de leña en la que sin porfiar mucho cabe un buen ternero terciado. Las paredes con fotografías de otras batallas y, enmarcado, el extraordinario artículo que la pluma del maestro Paco León escribió sobre estos cazadores allá por el año 1985 y tantos y tantos recuerdos. Al fondo, la solitaria mesa donde José María Artero compone el cazadero y sus correspondientes puestos, mientras los demás desayunamos la sopa de ajo que entona el cuerpo después del madrugón y el frío. A continuación los huevos fritos con chorizo o panceta, según sea sábado o domingo, vino de la tierra y el diurético té de roca que Jacinto recoge en el verano para que no falte durante todo el año y que, en más de una ocasión, ha sido el causante de que el jabalí haya irrumpido en el puesto en el momento en que uno se está dedicando a otros menesteres, interrumpiendo bruscamente la labor, acordándose del té y toda su casta.

Un silbido reclama la atención de los presentes; es la hora en la que José María asigna los puestos. Uno a uno son nombrados los cazadores y el puesto correspondiente. No hay sorteo. Ardua tarea ésta, en la que hay que ir combinando los cazadores que han tenido la suerte de tirar en anteriores semanas con los que no, con lo que de incertidumbre tiene el pensar que hay puestos infalibles y otros por los que no pasan ni las moscas. No sé cómo se las arregla el infalible director, pero a lo largo de la temporada casi todos han tenido alguna ocasión. Con la amabilidad que caracteriza a esta gente, a los invitados se les reserva algún puesto de honor, lo que te hace sentir la responsabilidad de «cumplir» y no pifiarla.

Hoy es un día especial, un nuevo socio forma parte de la Peña del Sol. Gorostidi va a ocupar el puesto 14 del resaque Cagicar, el puesto que su padre Miguel ocupó durante años, que se conoce como el Pino Gorostidi y en el que hubo alguna historia de «has tirado y fallado y yo te lo he matado». A alguien le han cortado unos pantalones a medida. Cosas de la caza que hacen rememorar otros días y otras gentes.

Hoy hace frío en Sarsamarcuello y su Sierra. El aire que baja de Pirineos pasa por los Mallos helador, pero apenas se nota ante la perspectiva del puesto que te han asignado. Subido en la «trepa», púlpito de más o menos altura que hacen en aras a una mayor seguridad, tengo un tiradero de unos 100 metros a derecha e izquierda y ya se oyen las primeras ladras.

Han sonado un par de tiros en el puesto de Gorostidi. Seguro que ha recordado a su padre. Cuando me vaya de aquí me quedará el recuerdo de un fin de semana de caza intensa y auténtica, de buen hacer y sobre todo de buena gente y buena compañía. Empiezo a pensar en esto algo preocupado, por si acaso por mi puesto no fuera a pasar algún jabalí, cuando por fin, tras el tarameo entre unas matas de coscoja, aparece la inconfundible silueta del tocino…

 

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