Incendios 2

Publicado por el ago 13, 2012

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No, no es cierto lo que tantas veces nos han enseñado en películas y documentales. La gran mayoría de animales no huyen del fuego en cuanto huelen el humo en lontananza. No saben lo que les espera, no saben a lo que se enfrentan.

Reptiles e invertebrados se salvan pocos, aves la gran mayoría si no les coincide el incendio con la época de cría.

Solo unos pocos mamíferos huyen cuando el fuego está cerca, la gran mayoría van avanzando casi a la par del fuego y muchos se quedan enmontados esperando a que el fuego pase, con lo cual se queman si remisión.

De los que viven en madrigueras, aunque el fuego no les alcance, muchos se mueren si el incendio genera mucho humo.

Cuando el fuego está llegando a un cortafuegos, camino o pista forestal, veremos que aunque algún animal lo cruce de vez en cuando, será casi en el último momento, es decir, cuando al incendio le falten unos pocos metros para llegar al corte, se produce el paso masivo de los animales que van por delante. Aún más, en ocasiones una vez el incendio ha muerto en el borde, todavía alguno saldrá del mismo ardiendo, cruzando el descampado e iniciando el incendio en el otro lado.

Si después nos damos una vuelta por el terreno quemado, comprobaremos la cruda realidad del daño producido, no solo en la masa forestal, sino también en los animales.

Todo esto hablando de un incendio en condiciones “normales”, es decir sin viento, incendio que poco a poco va quemando el monte a una velocidad moderada. En cambio si el fuego es acelerado por el aire, o hablamos de algún profundo valle donde el aire se arremolina, entonces el asunto es mucho más grave.

Recuerdo un incendio en un valle asturiano, en un pinar de unas 8 ó 10 Has, muy querencioso para la caza. El pinar formaba una cuña y estaba circundado por una carretera, en cuya parte superior estábamos para controlar que no pasara al monte aledaño. Apenas se había iniciado el incendio, provocado por algún imbécil y antes de poder intervenir se levantó un fuerte viento, que en el valle generó una gran velocidad al fuego. En la primera oleada las llamas avanzaban por la copa de los pinos, quemándolos completamente. Por detrás venía quemando el monte bajo, haciendo espirales de fuego y humo. Todo ello no tardó más de media hora en producirse y aún resuenan en mi mente los quejidos lastimeros de los abundantes corzos y jabalíes que allí se quemaron, incapaces de huir por la velocidad del fuego.

Por la parte en la que yo estaba, salieron dos jabalíes ardiendo, uno cruzó la carretera y se encendió el monte de al lado y otro solo pudo salir del monte, quedándose en la cuneta agonizante. Lo más espeluznante es que hasta se le habían caído los cascos que cubren las pezuñas del calor soportado.







 

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