BIP BIP

Publicado por el Nov 21, 2011

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La caza de la becada, ha pasado en pocos años de ser una caza casi casual a ser el único sentido y pasión para muchos cazadores. Antaño uno se dedicaba a la becada de forma intermitente, o como complemento a la caza de la perdiz u otra especie de la caza menor.

Hoy son legión los que a ella se dedican y mucho ha evolucionado, desde la indumentaria al menor de los complementos. Esto está bien ya que ese interés por su caza ha servido también para saber más sobre una especie prácticamente desconocida hace no muchos años. Grupos como el CCB, realizan estudios que nos permiten conocer un poco mejor a esa extraña y apasionante ave y nos orientan hacia donde ir en su conservación.

La aparición en el mercado de prendas técnicas proporcionan comodidad y protección ante las inclemencias del tiempo y los duros terrenos donde la caza se realiza, las escopetas (especiales para la becada), tienen un cañón más corto, “choque” cilíndrico e incluso el cañón rayado, amoldándose a las exigencias de plomeo que la caza entre arboleda requiere y dos cosas fundamentales: el empleo de perros especializados en la caza de la arcea, donde el setter se lleva la palma y el uso de los collares electrónicos, que avisan de la muestra del perro en medio del monte.

La mayoría de los perros utilizados para la becada, como digo son setter pero no un setter cualquiera, sino perros denominados ” de gran búsqueda”, entrenados para cazar por delante del cazador en lazos de derecha a izquierda de muchos metros, repasando un monte en poco tiempo de forma exhaustiva, lejos de la vista del cazador.

Esto ha traído aparejado el uso de los impertinentes collares electrónicos que, una vez el perro ha hecho una muestra o se ha parado por cualquier motivo, emiten un pitido que avisa al cazador de que el perro está parado.

El problema es que, bajo mi punto de vista, se desvirtúa la caza y ésta pierde parte de su esencia, porque estos inventos sirven, no como sería deseable para cazar mejor, sino para cazar más. ¿Cuántas becadas sin el uso del collar levantarían el vuelo sin poder dispararles?. Unas cuantas me temo.

La mecánica de esta caza se ha invertido. Con el tradicional uso del cencerrilo o “campano”, uno se empezaba a preocupar cuando dejaba de oírlo y había que buscar al perro entre el monte, perros que por otra parte cazaban siempre cerca del cazador para no perderlo de vista. Ahora es todo al revés y cada vez la becada tiene menos posibilidades, perdiendo la caza  cierta ventaja que se le debe dar a la pieza, por ética, conservación y sobre todo porque en la caza, se está perdiendo lo que de sacrificio tiene,  la compenetración que cazador y perro deben tener y porque en algún momento se debe poner freno a todo aquello que limita cada vez más la incertidumbre que acompaña a la caza.

Creo que al menos en las competiciones (a saber por qué se celebran), organizadas por la RFEC, no se debía autorizar, al menos para dar ejemplo. Porque está claro que con el bip bip se caza más, bastante más que sin el.

 

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