Berrea

Publicado por el Oct 24, 2011

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La berrea del ciervo: indicador de procesos naturales

 

Juan Carranza Almansa, Javier Pérez-González y Jerónimo Torres-Porras

Cátedra de Recursos Cinegéticos y Piscícolas, Universidad de Córdoba. http://www.uco.es/crcp/

Unidad de Biología y Etología, Universidad de Extremadura, Cáceres. http://www.recursosfaunisticos.com

 

 

            El final del verano, marcado por la reducción de las horas de luz, promueve que los ciervos sientan la llegada del celo. La época en que tienen lugar los apareamientos es conocida como berrea, debido al sonido profundo que emiten los machos. Durante la mayor parte de año, los machos y las hembras de ciervo forman grupos unisexuales. A medida que se acerca la berrea, los machos cargados ahora de testosterona empiezan a realizar comportamientos agresivos que tienen como consecuencia la ruptura de estos grupos. Cuando comienza la berrea, los grupos de hembras y los machos, normalmente solitarios, se van a las zonas donde tradicionalmente tienen lugar los comportamientos relacionados con la reproducción. Estas áreas donde tiene lugar la berrea suelen caracterizarse por ser zonas abiertas en las que los individuos se distribuyen en agregados. Las hembras forman grupos de parientes: abuelas, madres y nietas. En la berrea las hembras tienden a agruparse más aún como estrategia para defenderse del acoso sexual de los machos. Si una hembra solitaria entra en celo multitud de machos intentarán copular con ella. El acoso sexual puede llegar a ser tan elevado que le impida alimentarse e incluso puede inferirle daños físicos. Ante esta circunstancia las hembras se agrupan permitiendo que un macho dominante las defienda y mantenga a raya al resto de machos, de tal manera que, cuando entran en celo, copulan tranquilamente con el macho dominante sin ser acosadas por otros machos.

            Los machos compiten entre sí por hacerse dueños de los grupos de hembras o de los lugares donde las hembras tienden a ir, es decir pueden defender territorios en zonas estratégicas por donde las hembras pasan o donde las hembras se reúnen a comer. Con todo, la dominancia entre los machos marca sus prioridades de acceso a los grupos de hembras. Esta competencia entre ellos provoca procesos de selección que hacen que las mejores características genéticas pasen a la siguiente generación, contribuyendo así a la conservación de las poblaciones naturales de ciervos.

            Las poblaciones de ciervos suelen estar sometidas a explotación cinegética. La caza es una actividad tradicional en las áreas en que existe el ciervo y que puede ser perfectamente compatible con la conservación si es llevada a cabo adecuadamente. Una inadecuada gestión de la caza, sin embargo, puede distorsionar los procesos que tienen lugar durante la berrea. Por ejemplo, en muchas áreas se cazan machos de ciervo en grandes cantidades provocando que la pirámide poblacional se desequilibre y pase a estar formada por muchas hembras y sólo unos pocos machos jóvenes. Esta estructura poblacional desequilibrada es responsable de la existencia de una situación totalmente diferente durante el período de apareamiento. El elevado número de hembras asegura que haya varias hembras disponibles para cada macho. La competencia por los apareamientos es energéticamente muy costosa y las peleas son peligrosas. ¿Para qué pelearse si hay tal cantidad de hembras?. Además la corta edad de los machos hace que su capacidad competitiva sea muy escasa. Por estos motivos la reproducción de los machos no depende de su capacidad competitiva y todos los machos, incluso de muy corta edad, tienen acceso a las hembras. En muchos casos, si no fuese por algún berrido esporádico, sería difícil asegurar que existe berrea en estas poblaciones. Esto no sólo es una pérdida de “espectáculo” para los observadores de la naturaleza. El sistema de apareamiento, la berrea, implica la existencia de procesos evolutivos basados en la competencia entre los individuos que hacen que se mantengan buena parte de las características biológicas propias de los ciervos. La desaparición de estos procesos puede tener consecuencias perjudiciales para las poblaciones a corto y largo plazo. La existencia de berrea, en el sentido de actividad sonora y competitiva de los machos, es un buen indicador de la actuación de la selección natural y por tanto de la salud genética de las poblaciones.

 

 

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