Accidentes de caza

Publicado por el Oct 21, 2011

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Todos los años fallecen entre 30 y 40 personas por percances ocasionados en y por la caza. De ellos aproximadamente un tercio son consecuencia de problemas físicos; cardiovasculares en su mayoría, otro tercio se produce por accidentes de tráfico y el tercio final es el que ocasionan las armas de fuego.

En este último caso, se da la circunstancia en un gran porcentaje de ellos, que el “accidente” tiene como agravante a una situación ya de por sí trágica, que estos se ocasionan entre amigos o familiares. Por tanto al resultado de la muerte o las graves heridas producidas por las armas de fuego, hay que sumar las secuelas sicológicas en quien produce el accidente.

La caza, como toda actividad que se realiza al aire libre, conlleva ciertos riesgos inherentes a la actividad en sí y qué duda cabe, que el uso de armas de fuego puede parecer un riesgo excesivo pero estos percances suponen apenas un 0’03% de los accidentes que se producen, contando el número de cazadores y las jornadas de caza que se realizan. 

Es obligatorio, para poder cazar, ser titular de un seguro de responsabilidad civil, que cubra los daños que podamos ocasionar a un tercero, aunque según Jacinto de Benito de Mutuasport: ” para garantizar las consecuencias económicas derivadas de los mismos existen en el mercado productos de previsión (pólizas de seguros) que nos brindan mayor o menor tranquilidad en función de la modalidad elegida. No obstante el seguro ha de ser como el médico : Tener el mejor… para no tener que hacer uso de él nunca, porque a pesar del dicho popular “los duelos con pan son menos”, no hay manjar que compense la pérdida absurda de una vida humana”.

Debemos tener presente que los seguros cubren una cuantía determinada y un riesgo concreto pero ante un accidente de caza, el causante puede tener que enfrentarse tanto a una indemnización superior a lo que el seguro le cubre, como a consecuencias penales. Según la opinión de Jorge Bernad, abogado especialista en derecho de caza y medio ambiente: ” Si el resultado del accidente fuera la muerte de un tercero, y hubiera imprudencia grave, el causante podrá ser castigado como reo de un delito de homicidio imprudente con la pena de prisión de uno a cuatro años, y además a la privación del derecho a la tenencia y porte de armas de uno a seis años. Si el resultado fueran unas lesiones, dependiendo del tipo de lesión, la pena será de prisión de tres meses a tres años según los casos, y también privación del derecho a la tenencia y porte de armas de tres meses a cuatro años  también según los casos.”

En general tenemos la tendencia de decir accidente donde se debería poner imprudencia. Un accidente es algo inevitable que se produce a pesar de adoptar todo tipo de medidas de seguridad. En cambio la mayoría de los “accidentes” de caza se producen por la imprudencia de una o más personas. Un ejemplo claro y recurrente: en cualquier montería o batida, alguien se mueve imprudentemente del puesto asignado durante la caza y por despiste termina en el puesto de al lado. Éste que oye ruido y ve la maleza moviéndose, dispara imprudentemente sin cerciorarse sobre lo que dispara.

 Y es que las modernas armas de fuego necesitan que el que las maneja sepa lo que se trae entre manos. Para Jorge Bernad esto es fundamental: “Desgraciadamente en muchos de los accidentes de caza que se producen interviene la imprudencia del autor, que en muchas ocasiones no tiene la experiencia necesaria para utilizar un arma. Probablemente por ello sea España el país de la Unión Europea donde más accidentes de caza se producen.”

Las normas de seguridad están para cumplirlas. Casi todos los cazadores saben qué deben o no hacer en determinadas circunstancias pero parece que toda la prudencia se olvida ante un lance de caza. Las propias Administraciones están por la labor de potenciar la seguridad, haciendo obligatorio en ya muchas comunidades el uso del chaleco reflectante tanto para ojeadores o perreros como para los propios cazadores, algo a lo que se mostraban reacios muchos cazadores, acostumbrados a vestirse para pasar lo más desapercibidos posible. Está demostrado que casi toda la fauna cinegética, no recela en absoluto de los llamativos colores de estos chalecos y pueden suponer un seguro de vida para el que lo lleva.

Todo conocimiento es poco a la hora de salir de caza. Cree Jorge Bernad que hay que aumentar la exigencia de conocimientos en todas las materias en los cazadores: “es fundamental que los cazadores tengamos una capacidad y conocimientos mínimos antes de salir al campo, no solo por los daños que pudiéramos ocasionar a otros, sino también por los daños medioambientales que pudiéramos provocar. Por ello considero fundamental que se implante definitivamente el examen de caza en todas las Comunidades Autónomas , que habrá de versar, entre otras materias, sobre medidas de seguridad en la caza, manejo de armas, comportamiento y ética del cazador y por supuesto también sobre conocimiento de las especies cazables y especies protegidas. Solo así conseguiremos evitar que se sigan produciendo accidentes”.

Practiquemos la caza de forma coherente y segura. Es sin duda, una de las actividades que más pasiones desatan pero no tanto como para morirse por ella.

 

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